Magazín cultural
Sábado 17 de octubre de 2026 - 01:42 AM

Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso

Desde Bucaramanga y con la mirada puesta en los paisajes y las historias de Santander, Javier Valdivieso ha hecho de la cámara una forma de recorrer el territorio. Su trabajo en El Cielo del Guacahayo, junto a la escritora Cristina Díaz, reúne literatura, memoria, música y río en un documental que vuelve la mirada hacia el Magdalena y hacia las historias que nacen en sus orillas.

Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA
Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Javier Valdivieso mira hacia la cámara y pregunta dónde debe poner los ojos.

—¿Te miro a ti o a la cámara?

Está acostumbrado al lugar contrario. Al de quien encuadra, busca la luz, sigue un movimiento y decide qué entra y qué queda por fuera de la imagen. Un teléfono vibra. Javier interrumpe por unos segundos, lo acomoda y vuelve a empezar.

Estar frente al lente todavía le resulta menos natural que permanecer detrás de él.

Y es justamente desde ese lugar desde donde ha participado en uno de los proyectos que mejor resume su manera de entender el audiovisual: El Cielo del Guacahayo, el documental surgido del universo literario de la escritora Cristina Díaz Díaz y construido alrededor del río Magdalena, sus territorios y las memorias que permanecen en sus orillas.

Cristina comenzó ese recorrido mucho antes de que aparecieran las cámaras. Su obra puso primero las palabras y después fueron llegando otros lenguajes: la música, la danza, la escena y, finalmente, el audiovisual.

Para Javier, el reto fue encontrar imágenes para una historia que ya tenía voz propia.

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Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA
Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA

La cámara comenzó entonces a seguir cuerpos, paisajes, sonidos y territorios. Apareció el Magdalena, pero también una idea que Javier repite cuando habla de Santander: detrás de las montañas, los ríos, las cascadas y los páramos siempre hay personas y relatos esperando ser contados.

Eso es, en buena parte, lo que ha hecho durante años.

Antes de dirigir trabajos audiovisuales, Javier recorría Bucaramanga con una cámara fotográfica. Era joven y llegaba a los conciertos con rollos de película para registrar una escena de rock que entonces estaba en plena efervescencia.

Creció viendo tocar a bandas como 69 Enfermos, Alto, La Mojiganga, Tom Sawyer, 911 y Octubre Negro. Las fotografió, siguió sus conciertos y aprendió a mirar desde ahí: entre luces cambiantes, músicos en movimiento y públicos que no daban demasiado tiempo para pensar el encuadre.

La música había llegado antes a su vida. Su padre llenaba la casa con Pink Floyd, The Beatles, Led Zeppelin y los sonidos de Woodstock. Esa educación musical terminó despertándole curiosidad por lo que ocurría más cerca, por las bandas locales y por las expresiones que estaban naciendo en Bucaramanga.

“Era una explosión de bandas de rock, de creación muy bonita”, recuerda.

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Su recorrido por Santander fue más allá de los escenarios musicales.

Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA
Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA

También empezó a frecuentar el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga. Allí encontró otro ritmo. Si en los conciertos había ruido, energía y movimiento, en el museo había silencio y tiempo para observar.

Recuerda esa época como una espera permanente por saber qué exposición vendría después, qué pintor ocuparía las salas o qué nuevas obras podría encontrar. Antes incluso de estudiar artes audiovisuales, ya estaba aprendiendo a mirar desde lugares distintos.

Luego llegó el cine.

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Javier estudió Artes Audiovisuales en la UNAD y descubrió que allí podían encontrarse muchas de las cosas que ya lo habían acompañado: la fotografía, la música, la pintura, la escritura, la poesía y la danza.

“Ahí me enamoré del cine. El cine le da a uno todas las artes”, dice.

Con los años, esa formación también cambió la dirección de su mirada.

Durante mucho tiempo quiso conocer lo que ocurría afuera. Viajaba a conciertos, buscaba nuevos escenarios y otras experiencias. Pero después comenzó a preguntarse por lo que tenía cerca.

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Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA
Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA

Santander empezó entonces a ocupar un lugar distinto.

Ya no era solamente el departamento en el que había nacido o trabajado, sino un territorio por recorrer con mayor atención. Javier empezó a mirar sus montañas, sus pueblos, sus artistas y sus costumbres como parte de una historia propia.

“Cuando empecé a conocerme hacia adentro y hacia lo que es mi historia y de dónde vengo, de dónde soy, mis ancestros, mis costumbres, siento que esas respuestas que estaba buscando hacia afuera las estoy encontrando aquí”, cuenta.

Ese “aquí” se ha ido ampliando con cada proyecto.

En Jordán trabajó con Katie James en uno de sus videoclips. Con ella también llegó al páramo de Santurbán y a Barichara. Tres paisajes distintos que terminaron convertidos en escenarios audiovisuales.

En Curití grabó con David Jácome el videoclip de Loco.

Cada viaje confirmó algo que Javier ya intuía: Santander podía ser mucho más que un fondo bonito para una cámara.

Podía contar.

Barichara podía aportar su arquitectura y su ritmo. Jordán, su geografía. Santurbán, la inmensidad del páramo. Curití, otro rostro del territorio. Bucaramanga, por su parte, seguía siendo el punto de partida: la ciudad donde se formó entre conciertos, museos y cámaras.

Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA
Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA

Y hacia el occidente aparecía el Magdalena.

Ese río que bordea Santander y que, para Javier, conecta también al departamento con una historia mucho más amplia del país. Por eso El Cielo del Guacahayo terminó tocando una fibra cercana a su propio recorrido.

El documental no le pedía simplemente registrar un paisaje. Le pedía mirar el río como territorio habitado, como memoria y como camino.

Allí se encontró con el universo creado por Cristina Díaz.

La literatura puso la primera palabra. Después llegaron la música, los cuerpos, los escenarios y la cámara.

Para Javier, ese cruce de lenguajes resulta natural. A lo largo de su vida ha pasado por todos ellos de alguna manera: primero como espectador, después como fotógrafo y finalmente como realizador audiovisual.

También por eso insiste en que Santander necesita espacios donde sus artistas puedan mostrar lo que hacen.

Habla de músicos, grupos de teatro, bailarines, pintores y creadores que han construido sus trabajos desde la región. Y reclama una participación más activa de instituciones, empresas y entidades públicas para que esas propuestas puedan circular.

Él mismo lleva años tratando de abrir esos espacios a través de sus proyectos audiovisuales, de Valdivisión y de La Valdiret, su plataforma de cultura, arte y entretenimiento.

Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA
Santander, a través de la mirada de Javier Valdivieso. Foto suministradas La Valdired/VANGUARDIA

Su trabajo consiste muchas veces en poner la cámara donde otros no la han puesto todavía.

Acompañar a un músico hasta un páramo. Llegar a un pueblo con un equipo de grabación. Esperar una luz. Escuchar primero la historia. Entender qué necesita el personaje antes de empezar a registrar.

Con Cristina Díaz, ese ejercicio encontró otro rumbo.

El Cielo del Guacahayo le permitió unir muchas de esas búsquedas: el cine, la literatura, la música, la danza y, sobre todo, el territorio.

El Magdalena entró en la imagen, pero también entró Santander.

El departamento que Javier había recorrido primero como muchacho con una cámara fotográfica y que ahora vuelve a recorrer como realizador.

A sus 42 años dice que todavía quedan lugares, artistas e historias por descubrir.

Y quizá por eso, cuando le toca ocupar el lugar del entrevistado, sigue sintiéndose un poco fuera de sitio.

Pregunta hacia dónde debe mirar.

Acomoda el cuerpo.

Espera la señal.

Su lugar habitual continúa siendo el otro: detrás de la cámara, mientras alguien más cuenta su historia.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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