Bucaramanga
Domingo 11 de octubre de 2026 - 05:59 PM

La nostalgia aún ‘camina’ por la calle 35, entre las carreras 9 y 10

Entre las carreras 9 y 10, en el corazón de Bucaramanga, el tiempo ha cambiado el suelo, las fachadas y las formas de habitar la ciudad. Sin embargo, al fondo de las fotografías, una capilla emblemática y las palmas del parque García Rovira siguen contando la historia de una ciudad que se transforma sin desprenderse del todo de sus recuerdos.

La misma calle, más de seis décadas de historias.
La misma calle, más de seis décadas de historias.

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Hay calles que guardan la memoria sin pronunciar una palabra. La calle 35, entre las carreras 9 y 10, en el centro histórico de Bucaramanga, es una de ellas. Basta comparar dos fotografías, separadas por más de seis décadas, para descubrir cuánto ha cambiado la ciudad y cuánto se empeña en permanecer. El tiempo ha renovado sus espacios, pero también ha dejado testigos que conectan la Bucaramanga de ayer con la de hoy.

Al final, las dos fotografías de la calle 35, entre las carreras 9 y 10, no muestran dos ciudades completamente distintas. Muestran una misma Bucaramanga atravesada por el tiempo. La del ayer se tomó en 1960, la del presente se captó este 11 de octubre de 2026. (Foto archivo Andrés Platarrueda / VANGUARDIA)
Al final, las dos fotografías de la calle 35, entre las carreras 9 y 10, no muestran dos ciudades completamente distintas. Muestran una misma Bucaramanga atravesada por el tiempo. La del ayer se tomó en 1960, la del presente se captó este 11 de octubre de 2026. (Foto archivo Andrés Platarrueda / VANGUARDIA)

La primera imagen fue captada en 1960 por el centenario fotógrafo Andrés Platarrueda. La segunda, tomada por Vanguardia, devuelve la mirada al mismo lugar en el presente: dos épocas, dos maneras de vivir la ciudad y una misma calle como escenario.

En el registro histórico, el empedrado evoca una Bucaramanga de pasos pausados, cuando las piedras formaban parte del paisaje cotidiano y caminar por el centro era encontrarse con una ciudad que aún conservaba buena parte de su fisonomía tradicional. Hoy, en su lugar está el pavimento acondicionado en 2024 durante el proceso de transformación de la vía.

Entre  las fotos del pasado y del presente, permanecen la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, las palmas del García Rovira y la casona que hoy alberga la Casa del Libro Total. Son referencias que permiten reconocer el lugar, pero también comprender que la memoria urbana no depende de que todo permanezca intacto. (Foto: Euclides Kilô Ardila / VANGUARDIA)
Entre las fotos del pasado y del presente, permanecen la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, las palmas del García Rovira y la casona que hoy alberga la Casa del Libro Total. Son referencias que permiten reconocer el lugar, pero también comprender que la memoria urbana no depende de que todo permanezca intacto. (Foto: Euclides Kilô Ardila / VANGUARDIA)

La calle conserva su trazado, pero ya no se siente igual bajo los pies. Donde antes las piedras marcaban el ritmo de los caminantes, ahora se extiende una superficie renovada. Es una de esas diferencias que parecen pequeñas hasta que se ponen frente a frente las dos imágenes: entonces se entiende que las ciudades también cuentan su historia a través de los pisos que reemplazan.

La Capilla Nuestra Señora de los Dolores. (Foto: Archivo /VANGUARDIA)
La Capilla Nuestra Señora de los Dolores. (Foto: Archivo /VANGUARDIA)

Al fondo de ambas fotografías sobresale un testigo que ha resistido el paso de las generaciones: la capilla de Nuestra Señora de los Dolores. Su silueta establece un vínculo entre 1960 y el presente, como si permaneciera allí para recordarnos que no todo necesita cambiar para seguir formando parte de la vida urbana.

La historia del templo se remonta a finales del siglo XVIII. Más allá de las interpretaciones que lo relacionan con el ‘culto’ de un antiguo pueblo de indios, se le considera como una de las capillas auxiliares construidas en el marco del programa de obras públicas emprendido en 1793.

Desde entonces, la ciudad ha cambiado a su alrededor. Las calles se han renovado, las construcciones han sufrido modificaciones y nuevas generaciones han ocupado sus espacios. La capilla, sin embargo, continúa en el paisaje, conservando su lugar en la memoria religiosa y arquitectónica de Bucaramanga.

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Las casas que bordean la calle también hablan de ese diálogo entre permanencia y transformación. Algunas conservan su estructura general, pero sus fachadas muestran las huellas de arreglos, remodelaciones y adaptaciones acumuladas durante décadas. Puertas, ventanas y acabados han cambiado al ritmo de las necesidades de sus propietarios, no siempre bajo una misma idea de conservación. Por eso, que una casa siga en pie no significa que haya llegado intacta. Sus muros pueden permanecer, mientras sus detalles cuentan otra historia: la de cada generación que modificó lo recibido para acomodarlo a su tiempo.

También hay novedades menos llamativas, pero reveladoras. Los postes del alumbrado público que hoy acompañan la calle no aparecen en la imagen de 1960. Su presencia habla de nuevas necesidades de iluminación e infraestructura y demuestra que hasta los elementos más ordinarios terminan convirtiéndose en testimonios del cambio.

Más allá, las palmas del parque García Rovira aportan una nota de continuidad. Altas y esbeltas, se elevan sobre el paisaje urbano como si observaran desde su puesto privilegiado el desfile de las décadas. Mientras el pavimento se reemplaza y las fachadas se modifican, sus copas siguen dibujando una silueta reconocible.

Son una especie de reloj vegetal. No marcan las horas, pero evocan los años; no guardan fotografías, pero parecen haber presenciado muchas de las escenas que podrían aparecer en ellas. Para quienes han recorrido el centro durante buena parte de su vida, las palmas son también recuerdos de sombras, caminatas y encuentros.

Casa del Libro Total
Casa del Libro Total

En la parte superior izquierda aparece otro referente del sector: la Casa del Libro Total. Esta antigua casona colonial, restaurada para convertirse en un centro cultural y tecnológico, demuestra que conservar el patrimonio no consiste únicamente en mantener los edificios en pie, sino en darles nuevos motivos para seguir habitados.

Su historia dialoga con la de la calle. Mientras el empedrado desapareció bajo el pavimento, la casona encontró otra manera de permanecer: sus muros conservan la memoria arquitectónica y sus actividades la conectan con el presente. Los libros, la poesía, la música y los recursos digitales han permitido que este espacio trascienda su condición de antigua vivienda para convertirse en un lugar de encuentro con la cultura.

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La misma calle, otros tiempos

El fotógrafo santandereano Andrés Platarrueda.
El fotógrafo santandereano Andrés Platarrueda.

La fotografía de Andrés Platarrueda muestra la calle 35 en 1960, con su empedrado y las formas de una época que hoy parece distante. La imagen actual de Vanguardia revela el escenario contemporáneo, con el pavimento renovado, las fachadas intervenidas y elementos urbanos que llegaron con el paso de los años.

Las diferencias están en una piedra que ya no pisamos, en una ventana que cambió de forma, en un poste que antes no existía. Son detalles cotidianos que, reunidos, cuentan la historia de una ciudad mucho mejor que cualquier descripción aislada.

Las calles envejecen, las casas se transforman y Bucaramanga busca nuevas maneras de avanzar. Sin embargo, hay lugares capaces de devolvernos, por un instante, a la ciudad que fuimos. La calle 35 es uno de ellos. Entre las carreras 9 y 10, el trazado sigue siendo el mismo, aunque las piedras hayan desaparecido y el paisaje sea otro.

Las dos fotos tienen 66 años de diferencia: una, captada en 1960; la otra en el presente 2026.
Las dos fotos tienen 66 años de diferencia: una, captada en 1960; la otra en el presente 2026.

De pronto ahí resida la ‘magia periodística’ de poner las fotografías de ayer y hoy, frente a frente: descubrir que el tiempo cambia casi todo, pero no consigue borrar todas las huellas. Y entender que, mientras alguien se detenga a mirar, comparar y recordar, el pasado seguirá caminando por las calles de la capital santandereana.

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