Para encontrarles salidas a las situaciones difíciles nos corresponde ser resilientes y, sobre todo, debemos acercarnos más Dios.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
A veces nos sentimos abrumados por las tribulaciones que debemos soportar. Nos quejamos de las pesadas cargas que llevamos a cuestas y de los problemas que nos atosigan.
Debemos recordar que Dios no nos pide que soportemos más de lo que podemos aguantar. Más bien, nos invita con esperanza a seguir adelante, asumiendo nuestro compromiso con valentía.
Cuando nos sentimos desanimados y las dificultades se nos presentan, no nos debemos resignar a sufrir; debemos tener entereza y mirar hacia el frente.
Este texto es simplemente una sugerencia para perseverar a través de las dificultades y evitar refugiarnos en nuestras debilidades.
Aprendamos a llevar nuestra cruz sin renegar ni maldecir. Es natural sentirnos cansados, pero en esos momentos es cuando debemos pedirle la fuerza suficiente al Señor.
A pesar del dolor, siempre habrá una luz al final del túnel, un nuevo amanecer, una nueva oportunidad y una nueva bendición. Aunque creamos que no somos capaces, Dios siempre estará ahí para apoyarnos.
No se trata solo de pedir ayuda y esperar pasivamente. También debemos hacer nuestra parte; es decir, esforzarnos para seguir adelante con dignidad y sin desanimarnos.
Seamos fuertes y mantengamos la fe, pues en el momento adecuado, Dios nos recompensará por nuestra perseverancia.
Si llegó a esta parte del texto y pasa por un momento difícil, lo invito a pronunciar con fe la siguiente oración:
Jesús, mi Señor, en este momento de dificultad que estoy viviendo, no quiero perder la fe ni la esperanza. Quiero mantenerme firme, saber tomar decisiones y también saber esperar; sé que muchas veces debo dejar que las cosas fluyan según su voluntad. Por esta razón, pido su bendición y protección. Le invoco y quiero que se mantenga a mi lado, guiando cada uno de mis pasos. Amén.
Esta plegaria, siempre que sea planteada con devoción, abarca una amplia gama de aspectos de la vida. Así las cosas, haga esta oración para que sea el mismo Jesús quien lo ayude a liberarse del miedo y de la angustia. Él lo reconfortará y le dará la paz que su mente y su corazón necesitan.
BREVES REFLEXIONES

Olvidamos que nuestra felicidad es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. Como si fuera poco, ponemos más interés en hacerles creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo. Es como si nuestras emociones reales estuvieran ocultas.

Un náufrago siempre abre sus brazos, incluso en medio de las aguas quietas y a pesar de que se vea muy solo. Y lo hace, de manera literal, porque él tiene la esperanza de llegar a la orilla y de sobrevivir. Jamás debemos ahogarnos en nuestros problemas.

Ser una persona de luz significa irradiar bondad, convivir, perdonar, servir y hacer que la vida en familia sea un oasis de alegría y de apoyo. Hay dos maneras de difundir la luz: una es siendo la lámpara, que la emite; y la otra es siendo el espejo, que la refleja.

La verdad supone la concordancia entre aquello que afirmamos con lo que se sabe y se siente. Por eso, el concepto de verdad también abarca valores como la honestidad, la sinceridad y la franqueza. La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.
EL CASO DE HOY
Testimonio: “Quiero avanzar en mi vida, pero por alguna razón no lo logro. Hay días en los que prefiero quedarme sentado, sin hacer nada; es como si la motivación se fuera de mi espíritu. Esa sensación de decaimiento no me agrada, pero no soy capaz de pararme. A veces creo que debo dejar que las cosas pasen e ir al vaivén de las circunstancias diarias. ¿Usted qué opina? Deme su consejo”.
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Respuesta: No es ‘normal’ que sienta ese tipo de ‘desaliento’ y, por ende, no puede dejar que eso lo estanque al punto de no hacer algo.
Son muchos los riesgos que corre con ese desgano, más aún si se mantiene en el tiempo. Tal vez su desmotivación se da porque no vislumbra con claridad el camino a seguir y, en ese contexto, su desorientación lo atornilla y no lo deja ver bien las cosas.
En su caso, lo primero y más importante es saber identificar qué es lo que lo tiene así, por lo que debe hacer una autoreflexión que le permita detectar las razones que lo han llevado a no hacer algo para salir de ese ‘letargo anímico’.
Debe tener presente que nunca va a llegar a ningún lado si se queda sentado y con los brazos cruzados. Recuerde que ‘del cielo nada le caerá’, sobre todo si no se pellizca.
Tener una hoja de ruta será de gran ayuda en estos momentos. También será vital que dé los pasos correctos, así sean pequeños. Hay que atreverse a avanzar poco a poco, pero sin detenerse. Es preciso ser disciplinado y debe entender que cada pequeña acción cuenta.
Si realmente quiere cambiar, hay que ser constante, incluso en esos días en los que no le encuentra sentido a nada. Si pierde el impulso, se quedará más estancado.
¡Pídale a Dios serenidad y claridad para saber cómo proceder!










