Para sobreponernos a la adversidad, en últimas hay que buscarle un sentido a ese ‘cuadro desordenado’. Y, en ese sentido, debemos descubrir la fuerza que reside en nuestro interior.

A veces la vida se nos pone ‘a cuadritos’, al punto que nos invade un tedio inusitado que termina desorientándonos.
Al enfrentarnos a las dificultades, la desazón, la frustración y el miedo se entrelazan y se nos acumulan y hasta llegamos a pensar que no encontraremos una sana salida a ese caos.
¡Es ahí en donde reside la clave de la resiliencia! No se trata de imponer un orden predefinido ni de vivir de una forma ‘cuadrada’, sino de encontrar la entereza suficiente para desarrollar la capacidad de aceptar los imprevistos y de comprender que la vida no siempre se ajusta a nuestros planes.
Es como si, al mirar ese cuadro desordenado, nos diéramos cuenta de que nos corresponde salir adelante y comprender que todos los altibajos, contrastes y problemas pueden traducirse en grandes aprendizajes.
Hay quienes consideran, de manera errada, que Dios es quien nos complica la vida con el fin de que aprendamos a levantarnos. ¡Nada más equivocado que eso! La verdad es que sufrimos por múltiples razones, ajenas al Creador. En ocasiones es por nuestra terquedad y a veces padecemos afanes porque les damos el poder a los demás de que nos hagan daño.
Reitero que la vida está llena de imprevistos. Hablo de las cosas ‘malas’ que nos pasan por estar en el lugar y en el momento equivocados. En esos casos, a todos nos corresponde desarrollar una buena dosis de resiliencia, entre otras cosas, para levantar la mirada hacia un horizonte mejor.

Se trata de resurgir de la adversidad, saber sobreponernos, adaptarnos, recuperarnos e incluso salir fortalecidos de aquellas situaciones complejas, transformándolas en lecciones de crecimiento personal.
La vida suele llevarnos por distintos atajos y nos corresponde estar alerta para no desviarnos.
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Las dificultades surgen como barreras que nosotros mismos construimos. Pese a ello, dentro de todos nosotros yace un espíritu valiente y una fuerza interior que nos impulsa a renacer de entre las cenizas.
Recordemos que los momentos más difíciles no se detienen de buenas a primeras, sino que barren el alma y nos ponen a prueba. Es en estos instantes de oscuridad cuando la fe, la esperanza y el amor se convierten en brújulas que nos guían.
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Cada golpe recibido y cada herida infligida son oportunidades para fortalecer el alma. Dejemos que el dolor nos transforme, nos purifique y nos haga más resistentes.
Aceptemos lo que estamos viviendo con la mayor dignidad posible y tengamos claro que, aún en la oscuridad, la luz siempre termina por brillar.
Además, no estamos solos. Dios nos acompaña en este viaje y su fuerza superior nos ofrece su guía y su divina protección.
Levantémonos, sanemos las heridas, miremos hacia el frente y seamos propositivos. Nuestro espíritu está lleno de potencial y el día nos espera con nuevas experiencias por explorar.
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Así las cosas, será preciso arriesgarnos a vivir, a romper con la rutina, a experimentar con cosas novedosas, a cultivar la creatividad y la espontaneidad y, en últimas, a permitir que cada cosa que llegue nos sorprenda gratamente y nos lleve por caminos en los que podamos crecer con cada nueva salida del sol.
BREVES REFLEXIONES

Tal vez no tenga la vida que soñó pero, si lo analiza bien, cada día Dios le da bendiciones: ¡sea agradecido! Además, si es positivo aleja de usted las nubes grises e inhibe los comportamientos de hostilidad; y, lo mejor, es que conduce su estado de ánimo a pesar de los duros momentos por los que esté atravesando.

No es el cambio lo que produce dolor, sino la resistencia a él. Si le tiene miedo a algo que le molesta, es importante tomar el control de la situación. Con taparse la cara no conseguirá nada; es clave comprender lo que sucede y afrontarlo. Sea honesto acerca de lo que siente y deje de lado el orgullo.
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Hay mucha gente a la que le gusta que uno le cuente sus problemas para alegrarse secretamente de lo mal que nos va y luego sale a contarles a los demás nuestra situación como una burla. En mi caso, aprendí a contarle mis cosas a Dios, pues Él nunca me va a fallar, mientras que la gente sí.
LA CONSULTA DE HOY

Testimonio: “Tengo 26 años y las personas que me rodean, sobre todo mis padres, viven diciéndome que “ya debería tener un trabajo fijo”, que “ya tendría que estar fuera de casa”, que “tendría que estar casado y con hijos”, en fin... Eso me atormenta porque, en cierta medida, mis ideales no son esos. A veces reflexiono y me siento mal porque, al parecer, no cumplo con las expectativas de quienes dicen quererme. Me gustaría saber su opinión sobre eso. Gracias”.

Respuesta: Si usted sabe exactamente qué es lo que quiere, no tiene porqué sentirse mal, ni mucho menos está obligado a complacer a los demás.
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Obviamente creo que muchas de las personas que le dicen esas frases, sobre todo sus padres, quieren lo mejor para usted.
No obstante, no es conveniente sentirse observado continuamente desde la lupa de ‘lo que los demás esperan de usted’. Si permite que los demás se entrometan en sus asuntos, minará sus esfuerzos y afectará la percepción de usted mismo, haciendo que nunca sea feliz.
Lo invito a llevar una vida coherente y para ello requiere gestionar de manera adecuada sus propias expectativas para no caer en futuras decepciones.
Lo que le quiero decir es que siga su propia intuición, pues ella siempre estará ajustada a su realidad.
Tenga en cuenta que llegar a donde usted quiere no sucede en un segundo. Supone enfrentarse con obstáculos, subir, bajar y quizás crear las entradas.
También recuerde que la vida no es siempre como uno quiere y, en ocasiones, hasta resulta ser contraria a lo que realmente se sueña. El antídoto contra las decepciones es cultivar unas expectativas más ajustadas a sus posibilidades. ¡Le envío una buena vibra y que Dios lo bendiga!
















