Nada nos transmite más seguridad que saber que Dios está con nosotros. Cuando tenemos esa noción, todo parece más fácil porque sabemos que no estamos solos. El problema es que muchas veces nosotros no estamos con Él y nos alejamos de sus bendiciones.

Si vamos de la mano de Dios, los caminos que atravesemos se nos despejarán y todos ellos tendrán la debida claridad. Aunque el panorama que veamos parezca “incierto”, el Señor nos sabrá conducir por los debidos trayectos.
Él iluminará los senderos y nos permitirá vencer los obstáculos que se nos atraviesen en el ‘día a día’. Además, con cada paso que el Señor dé junto a nosotros, nos vamos llenando de confianza y de seguridad. Las pruebas que se nos presenten en dicho trasegar no serán frenos, sino oportunidades para crecer.
A todos los que viven pensando que sus vidas son grises, les recuerdo que incluso en los momentos más oscuros, cuando parece que no hay salidas, siempre existe la posibilidad de que un rayo de luz ilumine sus horizontes.
Lea además: El poder de las palabras
La esperanza, como un bálsamo, llega para sanar nuestras heridas más profundas. Ella renueva el espíritu y nos libra de las sombras del desánimo y del desdén.
Mientras haya un latido en nuestro corazón, mientras en nosotros permanezca el anhelo de llegar a la meta, el camino hacia la victoria seguirá abierto y ningún ‘ave de mal agüero’ podrá arruinar los planes. ¡Todo es cuestión de actitud!
Independiente del credo que profesemos o así solo nos conectemos con el universo, hay un poder mayor que nos sostiene y nos guía. Esa fuerza, ese don precioso y esa herramienta es, de manera precisa, la fe. Y ella es una especie de vitamínico que nos permite renacer.
Tal vez lo que el mundo necesita es unir sus corazones en oración y abrirse al inmenso regalo de creer. Porque la fe no se trata únicamente de religión, se trata de entender que las cosas son posibles cuando ponemos nuestras manos y nuestro corazón en acción.
Publicidad
No existen límites para el alma que lucha con tesón; además, el dolor, la tristeza y la injusticia pueden quedar atrás cuando caminamos con Dios al lado.
Los que dudan pueden preguntarse: “¿Dónde está Dios?” Pero la respuesta está dentro de cada uno de nosotros, porque la presencia de Él no es externa, está aquí, junto a nosotros y en lo más profundo de nuestro ser.

El Creador se manifiesta en todo lo bueno de la vida, pero para verlo, debemos invocarlo y debemos abrir nuestro corazón a su presencia. Él siempre está donde se le busca, donde se le llama con sinceridad.
Jesús, en su infinita sabiduría, ha depositado las energías más sublimes dentro de nosotros mismos. La verdadera pregunta es: ¿Por qué a algunos les cuesta tanto sentir y vivir esa energía? Quizás es que no han aprendido a creer lo suficiente.
Pero insisto en decir que hay un remedio para ese vacío: la fe. Es cuestión de entregarse a la voluntad divina, y de abrirse a la bendición que trae consigo creer con todo el corazón.

En síntesis: Por muy oscuro que se encuentre nuestro entorno, la compañía y la bendición de Dios siempre nos acompañarán. ¡Tengamos fe y veremos que todo se nos solucionará en el debido tiempo!
BREVES REFLEXIONES
Publicidad

La vida no es un ‘trébol de la suerte’ que se da de buenas a primeras; ella es un esfuerzo diario, un ‘echar pa’lante’, un ‘mirar hacia el frente’, un ‘ser constante’, un ‘creer en sus capacidades’ y un ‘ver más allá de las narices’.

Bendiga al Señor en todo momento, sobre todo cuando deba ‘amasar el barro para darle forma a su vida’. Procure que las alabanzas hacia Él siempre salgan de su boca y acepte sus designios con la debida serenidad.

Cuando aparece la adversidad y somos resilientes comenzamos a vivir nuestro entorno con otro enfoque. Cada acontecimiento fuerte que nos sucede nos confronta, nos hace reflexionar y, de paso, nos permite crecer.

Tomar decisiones, dejar todo para mañana, hablar, decir, hacer, no hacer, amar, no amar, dejarse llevar y hasta ignorar tiene consecuencias; nada queda igual. Por eso, mida el alcance de cada cosa que decida.
Publicidad
EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta sección. Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “En mi oficina vivo rodeado de compañeros que siempre piensan que ‘todo va mal’. No sé por qué, pero estas personas se la pasan irradiando un pesimismo que, en ocasiones, me contagia. ¿Qué debería hacer para alejarme de tanta negatividad? Le agradezco un consejo”.

Respuesta: Muchas personas sufren más por lo que imaginan que les va a pasar, que por lo que realmente les sucede. Al parecer, en su oficina hay muchas de ellas.
Publicidad
Nunca he entendido el por qué el pesimismo acompaña a muchos de una forma tal, que suelen desatar ‘tormentas en vasos de agua’. Por más que el sol esté radiante, estas personas sienten que el cielo se va a nublar y vaticinan, de manera errada, que ‘el mundo a sus alrededores terminará sumido en la oscuridad’.
Lo peor del necio proceder de ‘enredarse la pita’ es que, en medio de ese ‘mar de negatividad’, las personas pierden las ganas de ‘nadar’.
Científicamente se sabe que los que tienen esa tendencia a pensar que ‘todo les saldrá mal’ y a sufrir por ello podrían padecer de ‘ansiedad anticipatoria’, un estado emocional que puede darse en cualquier momento de la vida y que, si no se sabe manejar, genera trastornos emocionales.
Todo ese proceder se propaga cuando las personas sienten que su fe se va desvaneciendo. También tiene mucho que ver con el estrés al que se está sometido en una oficina laboral. Cuando la gente se siente así, es como si el cerebro trabajara en contra de ella.
No lo invito a huir de ellos, pero tampoco a ‘sumergirse’ en sus mundos. Debe neutralizar esa ‘mala vibra’ con pensamientos de poder y, con una oración pequeña cada día.
















