Espiritualidad
Viernes 20 de febrero de 2026 - 09:52 AM

Las nubes no cambian, es la forma de mirarlas la que las hace ver diferentes

Cada quien ve lo que quiere ver.

Mirar las nubes: un aprendizaje sobre la fe y la vida.
Mirar las nubes: un aprendizaje sobre la fe y la vida.

Compartir

No sé si a usted le ha ocurrido, pero a veces me detengo a mirar el cielo en silencio. Y lo hago sin prisa, como quien busca un momento de calma en medio del ruido cotidiano.

Así observo las nubes y, mientras las contemplo, mi mente empieza a descubrir formas. De pronto aparece un rostro, luego la figura de un animal, tal vez una montaña o incluso algo que parece un camino.

Es curioso, porque sé que otra persona, al mirar ese mismo cielo, vería algo completamente distinto. Y nadie estaría equivocado. Cada quien reconocería aquello que su mirada interior le permite ver.

Ese pequeño ejercicio, que parece un simple juego, en realidad deja una hermosa enseñanza. Las nubes siguen siendo las mismas; no cambian para complacer a nadie. Lo que cambia es la forma de mirarlas.

Nubes grises
Nubes grises

¿Y sabe algo? Lo mismo sucede con la vida. Muchas veces, las circunstancias son iguales, pero la manera de comprenderlas depende de lo que cada persona lleva dentro. La actitud interior es la que da forma al significado de lo que se vive.

Dicho de una manera más sencilla: cada persona ve lo que está dispuesta a ver. No porque el mundo sea distinto para unos y otros, sino porque la mirada nace desde el interior.

En ese sentido, hay que decirlo, lo que se lleva en el corazón influye en la forma de interpretar la realidad. Por eso, ante una misma situación, unos encuentran esperanza y posibilidad, mientras otros solo perciben dificultad o trauma.

¡Tenga fe!
¡Tenga fe!

Naturalmente, la espiritualidad cuenta. Quien vive con fe descubre oportunidades incluso en medio de la prueba; y quien vive con inseguridad encuentra obstáculos incluso en medio de la calma.

Publicidad

Cuando el alma está en paz, el mundo parece más claro. Cuando el corazón está herido, todo parece más oscuro. No es la realidad la que se transforma primero, sino la manera de verla. Por eso, sanar por dentro permite ver por fuera con mayor claridad.

Muchas veces se pide que la vida cambie, sin comprender que el primer cambio comienza en la mirada. Así como en las nubes se puede elegir ver belleza en lugar de confusión, también es posible elegir ver aprendizaje en lugar de derrota. Esa elección no niega el dolor, pero le da sentido. No elimina la dificultad, pero le da dirección.

Dios pone señales, oportunidades y enseñanzas frente a cada persona, pero solo las reconoce quien está dispuesto a verlas. La fe no altera las nubes, pero cambia los ojos que las observan. Y cuando cambia la mirada, cambia también la manera de caminar por la vida.

Por eso, conviene aprender de ese juego silencioso de mirar el cielo. No para escapar de la realidad, sino para comprenderla mejor. Porque, al final, cada persona termina encontrando aquello que busca.

La pregunta del día

Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
  • Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Tengo muchos problemas y no sé qué hacer. Suelo contarle a la gente lo que me pasa y me quejo, pero muchos me critican por eso. No sé qué camino tomar”.

¡Ojo con las quejas!
¡Ojo con las quejas!

Respuesta: Permítame decirle algo con sinceridad: no conviene convertir la queja en una costumbre. Ella desgasta el alma y debilita la esperanza. En cambio, la confianza renueva las fuerzas, la fe sostiene en medio de la dificultad y la serenidad permite descubrir salidas que antes no se veían.

Publicidad

Esto no significa que esté mal pedir ayuda. Todos, en algún momento, necesitamos apoyo, orientación o una palabra que reconforte. Buscar consejo es normal. Sin embargo, es fundamental comprender que no todo lo que duele debe contarse a todo el mundo.

Cuando sienta soledad o confusión, no acuda de inmediato a cualquier persona. Busque primero el silencio. En el silencio se ordenan los pensamientos, se aquieta el corazón y surge la claridad. El silencio es un espacio donde el espíritu encuentra equilibrio y donde muchas respuestas empiezan a tomar forma.

Desde una mirada espiritual, cada dificultad es también una oportunidad para crecer. Es un llamado a fortalecer el carácter, a desarrollar paciencia y a confiar más profundamente en que todo tiene una razón de ser. Las respuestas no siempre llegan de inmediato, pero aparecen cuando el espíritu se calma y deja de luchar contra sí mismo.

Enfrente lo que está viviendo con dignidad, sin huir, pero sin permitir que el problema defina su valor.

Publicidad

Por último tenga presente que Dios conoce incluso aquello que no se expresa con palabras. Él escucha el clamor silencioso del corazón. Muchas veces, la solución comienza cuando se deja de repetir el dolor y se empieza a confiar en que, con fe, serenidad y firmeza interior, todo puede ser transformado.

Oración del día

Una plegaria al Sagrado Corazón.
Una plegaria al Sagrado Corazón.
  • Señor: en este instante de angustia y dolor busco su dirección y misericordia. Mi corazón se encuentra abrumado por la incertidumbre, y el peso de esta situación me parece demasiado difícil de llevar. En medio de esta tormenta, surge la fragilidad y la vulnerabilidad, pero permanece la certeza de que encontraré refugio y fortaleza con su mano amiga. Envuelva mi espíritu, esa paz que supera todo entendimiento, para que mi alma encuentre descanso y consuelo. Ilumine mi mente y mi corazón, para poder actuar con claridad y rectitud en medio de la oscuridad. Concédame fortaleza para mantener viva mi esperanza, para no dejar que mi fe se apague y para confiar plenamente en lo que viene para mí. Aunque no comprendo todas las razones de este momento, tengo la seguridad de que su presencia nunca me abandonará y me sostendrá en todo tiempo. En el nombre de Jesús, amén.
¡Jesús vive!
¡Jesús vive!

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad