Farándula
Domingo 26 de mayo de 2024 - 03:16 PM

Omar Geles: ¡“La falla fue tuya”...corazón!

Ya Dios le había enviado un mensaje el 28 de abril pasado, mientras permanecía encaramado en una tarima de Miami, Estados Unidos. Ese día se desvaneció y debieron llevarlo de urgencias a un centro clínico donde le habrían recomendado reposo. Pocos días después estuvo emocionado en el concierto de Silvestre Dangond en El Campín. Esa sería la primera despedida apoteósica.

Omar Geles, acordeonero y cantautor vallenato.
Omar Geles, acordeonero y cantautor vallenato.

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Amor, enamoramiento, decepción, frustración, traición, romance, infidelidad. Mil maneras de comenzar y casi todas asociadas con el que en realidad le falló: el corazón.

Omar Antonio Geles Suárez tenía en lo más recóndito de su ser una falla cardiaca, vivía con ella sin sentirla, era imperceptible, tal como le sucedía a Christian Rogelio Benítez Betancourt, “Chucho” Benítez, el ‘Falcao’ de la Selección Nacional de Fútbol de Ecuador a quien el mismo ‘traicionero’ liquidó de manera fulminante en una cancha de Doha, Qatar, el 29 de julio de 2013 con apenas 27 años.

“Chucho” también tuvo problemas con la coronaria desde su nacimiento.

Soportó extenuantes jornadas de entrenamiento llevando al máximo su sístole y su diástole. Se enteraría de su defecto genético, el último día de aliento.

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Todo comenzó hace 54 años, cuando Roberto Geles, papá, le compró un acordeón.
Todo comenzó hace 54 años, cuando Roberto Geles, papá, le compró un acordeón.

Omar pudo con 30 años más de canto, trasnocho, amaneceres, viajes, tarimas, licor, tenis, hipertensión y …parranda. Quizá su ventrículo izquierdo se había engrosado como consecuencia de ese padecer, aumentando el riesgo para que se generara insuficiencia cardiaca y de ahí a una muerte súbita.

Ya Dios le había enviado un mensaje el 28 de abril pasado, mientras permanecía encaramado en una tarima de Miami, Estados Unidos, realizando parte del sueño americano, cantando, haciendo lo que le gustaba, recorriendo el mundo como la promesa existencial que cimentó en su amor por ‘la vieja’ Hilda, su mamá, la mejor tamalera del Valle, la modista del barrio Doce de Octubre.

La diseñadora de la casa

Doña Hilda le enseñó a su hija Naiduth a coser los trajes para “Los Diablitos” que comenzaron a conocer la fama en 1985, “De verdad, verdad”.

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En la misma familia él ‘empleó’ como su representante y mánager amateur a Juan Manuel “Juancho” Geles, su otro hermano, el mismo con quien de niño casó pelea por un regalo que se convertiría en su razón de vivir.

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Doña Hilda le enseñó a su hija Naiduth a coser los trajes para “Los Diablitos” que comenzaron a conocer la fama en 1985.
Doña Hilda le enseñó a su hija Naiduth a coser los trajes para “Los Diablitos” que comenzaron a conocer la fama en 1985.

Todo comenzó hace 54 años, cuando Roberto Geles, papá, le compró un acordeón a Juan Manuel y ahí fue ‘Troya’, porque al menor le regalaron un tambor que nunca quiso.

Después de puyas, vainazos y envidias, “Juancho” se descuidó y el menor comenzó a aprovechar aquel hastío hasta que de repente lo escucharon ejecutar “Lucero espiritual…”

Diomedes olfateó su éxito

Mientras crecía se hacía oír, sentir. Alguna vez Diomedes Díaz lo oyó en una de tantas parrandas donde el atrevimiento le pudo para descrestar con su acordeón y ‘el Cacique’ sentenció: “ojo con ese negrito, porque será grande”.

Se hacían adolescentes. Naiduth habría de darles puntadas a las fachas de decenas de artistas por todo el Caribe con la marca ‘Duth’, que Omar siempre llevaba con el pecho henchido.

Omar Geles y Diomedes Díaz.
Omar Geles y Diomedes Díaz.

El último partido

Hasta que llegó la hora. 6:30 de la tarde, pasadas. 21 de mayo de 2024.

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Con una raqueta entre las manos, vestido como siempre, como la canción que anhelaba de despedida “a blanco y negro”, pidió que oraran por él para ganar el set de un pequeño campeonato de tenis que escenificaría en las canchas del Club Campestre de la capital del Cesar.

Hizo varios servicios hasta que su compañero de juego lo escuchó gritar, gemir, doblegarse y caer. En ese instante partía de manera irremediable.

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De aquel polvoriento escenario a la clínica no hay más de 10 minutos, menos con una emergencia. La noticia corrió como fuego en gasolina, tanto, que cuando llegaron con ‘el negro’ a las instalaciones del centro médico, el tráfico alrededor colapsaba.

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¡Se murió Omar!

Alguien filtró el dictamen forense desde adentro, entonces la chispa de emociones en la turba hizo explosionar la tristeza: ¡se murió Omar!

Entre lamentos, llanto y estupor, a cambio de oraciones comenzaron a escucharse sus canciones, una y otra vez; el repertorio es largo, más de mil.

Maren García, su esposa, la mamá de los tres hijos menores, irrumpió entre la multitud bañada en lágrimas, dando alaridos.

Al lugar acudieron cientos de fanáticos para despedir con honores al artista. //Foto: Colprensa.
Al lugar acudieron cientos de fanáticos para despedir con honores al artista. //Foto: Colprensa.

Casi en seguidilla llegó Miguel Morales, “La Voz”. Dijo poco y mucho, de lo que sentía: “Hoy mi corazón está entristecido expresando con lágrimas de dolor su partida; fue mi compañero, mi hermano, mi amigo, colega y fuente de lo que he sido. Algún día -al encontrarnos- cantaremos juntos, otra vez.

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Yo no dudo al expresar que con su muerte se fue uno de los mejores compositores de la música vallenata, quizá el mejor hoy por hoy”.

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Lo ha repetido desde que atravesó las líneas amarillas con las que rodearon la Clínica Erasmo en Valledupar a donde -desbocado- llegó a certificar con lamento que el otro ‘diablito’ había partido.

La hora de Jesús Manuel

Vaya ironía, siendo ellos el dúo que dio inicio a una de las organizaciones musicales más sonadas de los 80, no fue con Morales con quien se inmortalizó. La historia apenas empezaba.

Después de casi una década la sociedad se rompió y Omar se encontró con Jesús Manuel Estrada. Tenía una tesitura parecida a la de Miguel, podía ser la voz a relevar al socio con quien comenzó a tocar. Y sí que lo fue. Es más hasta se dieron el lujo de hacer un video. Comenzaba esa moda.

Omar Geles, compositor e intérprete de vallenato. // Foto colprensa.
Omar Geles, compositor e intérprete de vallenato. // Foto colprensa.

Las cosas en casa de los Geles iban mejor, el éxito acariciaba al rey, hasta tenía estudio propio. Fue el punto de quiebre rumbo a la cima. Justo ahí sonó: “Los caminos de la vida”.

En adelante, Omar se convertiría en fuente de inspiración, composición y canto irrefrenables, llevando a cifras difíciles de creer para muchos en cuanto al costo de sus canciones. Cuando partió, obtener una composición de él podía costar $60 millones, sin sumar regalías.

Era tal su efecto de éxito que los cantantes podían certificar un trabajo si dentro de la selección de producciones aparecía el nombre del morocho.

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Canciones para la eternidad

Incluso, con su sapiencia natural para ejecutar el acordeón, tener en el alma las métricas, los tonos, podía darse el lujo de intuir a quién le quedaba buena en la garganta cada una de sus composiciones.

Lo demostró con “Tarde lo conocí”, grabada por la cartagenera Patricia Teherán; “Cuatro Rosas”, por Jorgito Celedón: “Amor a siete mares” Poncho Zuleta; “La falla fue tuya”, Diomedes Díaz; “El amor más grande del planeta”, Pipe Peláez; “Cómo le pago a mi Dios”, Miguel Morales; “Veinte vidas más” y “El complemento de mi vida”, Martín Elías Díaz; “Nunca dudes de mi”, Iván Villazón; “Cuando casi te olvidaba”, Alex Manga; “Mi amor por ella”, Silvestre Dangond; “El Invencible”, Jorge Oñate… Ah, y cómo olvidar “Las locuras mías” de Silvestre, “Tu norte soy yo”, Fabián Corrales, hasta la bumanguesa María Cristina Plata se la grabó… podría faltar espacio para relacionarlas todas, así como los talentos que empujó con olfato para descubrir estrellas: Patricia Teherán, Nelson Velásquez (fue su corista) y las más reciente, Ana del Castillo.

Lo demás ya se sabe. El concierto con el cual Silvestre Dangond colmó las graderías del Estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá, el pasado 18 de mayo, fue sin quererlo la primera de dos apoteósicas despedidas para Geles.

Al ocaso del 22 de mayo, una y otra vez se escuchó la voz de Jesús Manuel Estrada, inmortal como “Los Caminos de la vida” que entonó para la eternidad. Su tono agudo viajó hasta la carrera cuarta, hacia el fondo y de ahí para abajo, acariciando quizá las crestas del río Guatapurí que bordea al Valle, bajando raudo en su cauce en busca del río Cesar.

El del 23 de mayo, ensamblado en un cofre de madera lacado, fue el último amanecer del ‘Diablito’…
El del 23 de mayo, ensamblado en un cofre de madera lacado, fue el último amanecer del ‘Diablito’…

La vieja plaza Alfonso López, ahora reluciente con su piso de mármol pulido, estuvo atiborrada, como las puertas de la Iglesia La Concepción en cuyo interior se refugia Santo EcceHomo, el patrono, quien también escuchó paciente la despedida tal como tantas finales festivaleras durante casi medio siglo, hasta que el sol dio la vuelta y despuntó nuevamente el alba, opaca, triste.

Esa tarde doña Hilda se atrevió a subirse a la misma tarima Francisco El Hombre donde tres veces coronaron como rey a Omar. Entonces ella entonó el triste estribillo de la composición que inspiró y sin duda, marcó el destino de su amado hijo. Letra que recorrió toda América con 34 versiones distintas, que fue replicada en Argentina por Vicentico, incluso en México por la banda Los Dos Carnales.

Se acabó, se eternizó, se inmortalizó.

El del 23 de mayo, ensamblado en un cofre de madera lacado, fue el último amanecer del ‘Diablito’…

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