Revista Nueva
Sábado 12 de diciembre de 2015 - 08:32 AM

Sylvia Escovar, en el corazón del poder

Esta economista bogotana es muy joven para su hoja de vida: trabajó en el Banco Mundial, fue subsecretaria de Educación en la capital, es la primera presidenta mujer de Terpel y la única cuota femenina en la junta directiva de la Andi. ¿Cómo lo ha logrado?

Sylvia Escovar, en el corazón del poder (Foto: Revista Nueva / VANGUARDIA LIBERAL )
Sylvia Escovar, en el corazón del poder (Foto: Revista Nueva / VANGUARDIA LIBERAL )

Compartir

Publicado por: NATALIA ECHEVERRI VARGAS

Si bien vivimos en un mundo donde hombres y mujeres salen de sus casas a cumplir sus sueños laborales por igual, todavía vemos que la discriminación en salarios y el acceso a puestos de alto nivel sigue siendo un obstáculo en el camino para muchas.

Este no ha sido el caso de Sylvia, quien aunque es consciente de esa situación en el país, nunca la ha padecido en carne propia. Tal vez lo que más orgullosa la hace sentir no es esto, sino haber logrado ser mamá de tres hijos (Helena de 24, Nicolás de 22 y Pablo de 20) mientras trabajaba y escalaba en el sector público.

Como presidenta de una empresa que ofrece más de 1200 empleos directos y 7000 indirectos (de los cuales dice tener a unas mil mujeres en ellos), sabe que no es fácil salirse del libreto; la sociedad siempre está lista para señalar a las mujeres ejecutivas como malas mamás, una problemática que, ella considera, debemos empezar a cambiar desde nuestra propia percepción, pues los hijos son responsabilidad de los dos padres.

“No fue fácil porque trabajaba muchas horas al día. Afortunadamente el padre de mis hijos fue un gran papá y les dedicaba mucho tiempo, aunque yo también. Por ejemplo, cuando no lograba llegar a casa temprano, me los llevaban a la oficina; así los alimentaba, jugaba con ellos un rato, les ayudaba a hacer tareas...

No es algo fácil, pero con la disciplina que te impongas y la calidad de tiempo que les des a tus hijos lograrás hacer las dos cosas al tiempo. De hecho, alguna vez uno de mis hijos me dijo: ‘Es increíble mamá, porque hablas de moda con Helena, vas a los conciertos de metal con Nicolás y a mí me acompañas a las seis de la mañana a jugar hockey´.

Y era así, siempre supe qué necesitaban, qué les gustaba; logré meterme en sus mundos de verdad, a pesar de no permanecer en casa”.

En su empresa pasa más o menos lo mismo. Como presidenta, procura allanarles el camino a las personas que están a su cargo para que su crecimiento laboral se dé en un ambiente de felicidad, inclusión y bienestar. “A veces se ríen y dicen que los regaño, pero también los consiento, como si fuera la mamá”.

Hablamos con ella sobre ese rasgo distintivo en su presidencia, y de otros, que considera, le provee su naturaleza femenina como un plus para estar en la cúspide de la pirámide. Pequeños detalles que redundan en el crecimiento de Terpel –empresa que por primera vez en su historia tiene una presidenta mujer-, y en esa obsesión que tiene Sylvia: convertirla en la marca preferida de los colombianos.

“Ser mujer es un activo, no un pasivo”

Nunca sentiste discriminación, pero hay pocas mujeres en cargos directivos. ¿Crees que tuviste suerte o algún tipo de cualidades te abrieron espacio?

A veces me da miedo responder esa pregunta, porque sé y soy consciente de la discriminación que hay contra las mujeres en muchos sitios; pero no podría mentir afirmando que fui objeto de ella. Lo que te puedo decir es que siempre doy de mí lo que más pueda y claramente nunca me sentí menos que los hombres, pero tampoco más que ellos.

Además siempre me mostré abierta a los cambios y estoy de acuerdo con los jóvenes que ahora no se quieren amarrar a un puesto de trabajo, porque arriesgarse y cambiar es necesario para vivir otras experiencias y aprender de todo. Eso fue precisamente lo que hice.

¿Nos juega en contra no arriesgarnos? ¿Crees que las mujeres les tenemos más miedo a los cambios?

Creo que es un tema casi biológico. Aunque se estén dando transformaciones sociales, los hijos siguen estando al cuidado de las mujeres, así que cambiar algo significa el riesgo de no poder proveerles lo que necesitan.

No estoy diciendo que esto no les pase a los hombres, porque cuando son buenos papás son los mejores, pero tienen un arraigo menor que las mujeres. Años atrás, los hombres salían de caza y buscaban el sustento, así que el riesgo no les es tan difícil, y en el trabajo financiero uno lo ve. Hay muchas cosas en que los hombres, a veces, son más innovadores, porque se atreven a correr más riesgos que una mujer. Pero, de nuevo, no quiero generalizar, porque también conozco mujeres muy innovadoras.

Según tu experiencia, ¿crees que muchas mujeres renuncian hoy en día a ser madres y esposas en pro de una carrera brillante?

No lo creo. He visto muy pocos casos de mujeres que no  se quieren casar o tener hijos. Lo que sí creo es que se cuestionan mucho, un hombre no. Muchas dicen: ‘Estoy trabajando hasta muy tarde’, ‘estoy viajando mucho’, ‘no estoy siendo una buena mamá’. Y mi mensaje en esos casos es: ¡no se cuestionen tanto! Uno puede ser ambas cosas perfectamente. Solo hay que buscar la forma de hacerlo.

Además, ¿por qué nos lo cuestionamos nosotras y no ellos? Papás y mamás tienen la misma responsabilidad. Yo tengo unos hijos adorables y trabajé desde el primer día, eso no quiere decir que no sea una buena mamá.  Claro, hay errores, también me he preguntado: ‘Si yo hubiera estado ahí…’, pero no creo que trabajar o no trabajar sea lo que haga la diferencia, uno puede ser una gran mamá y una gran profesional al tiempo.

Estás muy concentrada en crear estrategias para la igualdad en la empresa.

Lo que las mujeres en realidad deben decidir es en qué tipo de empresa van a trabajar; no se pueden quedar en un ambiente donde las discriminen, donde no las apoyen, eso es algo que deberíamos reclamar.

Deben buscar sitios de trabajo donde les permitan ser mamás y profesionales sin tantos cargos de conciencia. En la empresa nos gozamos hablar de los hijos, eso no es un pecado, la experiencia de ser mamá es maravillosa, debemos compartirla y no negarla en el trabajo como si fuera algo malo.

Por eso estamos implementando horarios diferentes; a veces llegan más temprano y se van más temprano para que pasen mayor tiempo en casa con sus hijos. Tenemos las jornadas comprimidas; es decir, unos días trabajamos más horas, pero algunos viernes las jornadas van hasta mediodía. Los salarios, por supuesto, son equitativos a las capacidades laborales, etc.

Eres miembro de varias juntas directivas del sector económico, como la Andi. ¿Sientes que la equidad  laboral es una cuestión que se está volviendo de interés general?

Sí. Cuando empecé a ir a las juntas me di cuenta de que soy la única mujer, eso no ha cambiado. Pero las personas que están ahí ya se están dando cuenta, antes no les interesaba. Ahora es una preocupación tener a mujeres trabajando en sus empresas, y cuando eso pasa las cosas comienzan a cambiar.

¿Cuáles son las cualidades femeninas que hacen la diferencia en un cargo directivo?

No creo que necesariamente haya cosas solo de mujeres y solo de hombres, no podemos generalizar. Pero el tema femenino de no tomar tantos riesgos, por ejemplo, no es tan malo; por el contrario, hace que uno mire las situaciones con más cuidado aunque se demore un poco más en decidir.

Entonces, la idea es que como equipo nos complementamos muy bien. Por eso, una compañía donde trabajen hombres y mujeres se vuelve superproductiva.

En mi caso particular, soy muy metódica. Me gustan los procesos, y los hombres suelen decir: ‘Ay, ¡qué jartera!’. Me encanta que la política de la empresa esté perfecta, que no falte nada, es como tener la casa bien ordenada. En eso las mujeres somos más detallistas y cuidadosas, lo cual aporta a la seguridad de una compañía.

Desde que llegaste a la presidencia te concentraste en que las estaciones de servicio estén limpias, que ofrezcan comida típica, etc. ¿Qué dijo tu junta directiva? Muchas personas pensarían que eso no se refleja en las ganancias…

Es verdad, pero esta estrategia no es cosa de que sea mujer. El tema es cómo diferenciarse en un mercado con tan pocas posibilidades para hacerlo, como es el de la venta de gasolina. Por eso estamos concentrados en aumentar el valor de la marca. Si logro enamorar a los clientes teniendo siempre los baños limpios, la comida rica y una atención impecable, eso se verá también en los números.

¿Cuál es tu mensaje final?

No sin dificultades, uno puede lograr hacer realidad sus sueños, y ser mujer es un activo más que un pasivo en esa consecución. 

Publicado por: NATALIA ECHEVERRI VARGAS

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad