Este tipo de opioide sintético, que está matando a miles de estadounidenses, se llama fentanilo. Los carteles mexicanos son los principales traficantes de esta poderosa droga.

Publicado por: Colprensa, Bogotá
La crisis de los opioides en Estados Unidos tuvo su origen en la década de los años 90. En ese momento, los médicos buscaban formas efectivas de tratar el dolor crónico de sus pacientes, y la industria farmacéutica comenzó a promocionar los opioides como una solución eficaz.
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Uno de los puntos clave en el inicio de esta crisis, de acuerdo con los estudios publicados por medios de comunicación norteamericanos, fue la aparición de un analgésico recetado llamado OxyContin, producido por la compañía Purdue Pharma en 1996.
Este medicamento fue promocionado agresivamente como un analgésico supuestamente inofensivo y altamente efectivo, lo que llevó a un aumento significativo en su prescripción. Sin embargo, este medicamento resultó ser altamente adictivo.
En este contexto, surgieron diversos derivados de los opioides para satisfacer la creciente demanda de un mercado que, de manera irregular, comenzó a adquirir estas sustancias, siendo el fentanilo uno de los más prominentes.
En Estados Unidos, la producción clandestina de fentanilo se propagó en varias formas, desde ampollas que se inyectaban en la calle hasta tabletas conocidas como ‘chinaways’ y M30.
En Colombia el uso del fentanilo es intrahospitalario y no farmacéutico como en Estados Unidos. En el uso intrahospitalario, se administra bajo estricta supervisión médica, con dosis controladas, mientras que, en el uso farmacéutico, se receta para su uso en casa, con una supervisión menos intensiva y mayor responsabilidad por parte del paciente.
De acuerdo con Lineth Alarcón, neurotoxicóloga clínica, en Colombia el sector salud ha sido cauteloso frente a la medicación de opioides para tratamiento terapéutico debido a que este tipo de medicamentos son muy costosos: “aquí solo se autoriza la morfina y el tramadol porque son muy baratos”.

Para Julián Quintero, fundador de la organización de Échele Cabeza, es importante diferenciar el fentanilo que tiene el uso farmacéutico de sus análogos sintéticos, de fabricación ilegal y con grandes niveles de inestabilidad en su composición molecular: “Lo que está matando a los norteamericanos y a los canadienses no es el fentanilo en ampolletas de uso farmacéutico”.
Ese tipo de análogos en Colombia no se han identificado de forma masiva. Además, en el país no se tiene un antecedente como el que tiene la cultura norteamericana de la dependencia a las drogas, señaló Quintero, quien agregó que otra de las cosas que nos diferencia es que en los “Estados Unidos los medicamentos altamente peligrosos pueden tener publicidad en la televisión (...) Allí se tienen unas prácticas de consumo bastante abusivas”.
Sin embargo, es un hecho que la incautación de algunas ampolletas no pasa desapercibida y ambos especialistas coinciden en la importancia de no perder de vista este tipo de comercio: “no creo que sea exagerado asustarnos por la incautación de 800 ampollas sueltas de fentanilo, si no lo estemos consumiendo los colombianos, ¿quién lo está comercializando y por qué está pasando por aquí?”, se pregunta la neurotoxicóloga.
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A pesar de las crecientes preocupaciones acerca de la posible presencia de fentanilo y oxicodona en sustancias como el tusibi, hasta la fecha, ninguna autoridad ha confirmado la existencia de fentanilo en dicho producto. En cambio, se han detectado otros medicamentos, como la ketamina y la metadona.
La detección de estas sustancias es difícil, en parte por la falta de acceso a laboratorios de análisis avanzados. Según la especialista, estos laboratorios sí existen en Colombia, pero se encuentran en universidades, instalaciones de Medicina Legal y laboratorios de la Policía Nacional, pero no están disponibles en clínicas y hospitales.

Los síntomas de abstinencia
El fentanilo además de ser un medicamento hace parte de las drogas sintéticas, es un opioide sintético que no se deriva directamente de la planta de amapola de opio, lo que lo distingue de los opiáceos.
Una de las grandes preocupaciones sobre esta droga son los rápidos síntomas de abstinencia que genera. Los opioides tienen un “enganche” muy fuerte porque el síndrome de abstinencia que produce es dolor. “Entonces los consumidores al final terminan consumiendo, no por placer, sino para no sentir dolor”, dice el investigador.
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Otro de los riesgos significativos radica en la considerable probabilidad de sufrir una sobredosis. Para ponerlo en perspectiva, una sobredosis de cocaína pura generalmente se produce a partir de alrededor de 1.000 mg, y si la cocaína está al 30 %, se necesitarían 3.000 mg de cocaína. En contraste, en el caso del fentanilo, tan solo 2 miligramos (la punta de un cuchillo) pueden ser suficientes para provocar una sobredosis.
Estas condiciones contribuyen a un ambiente de mayor riesgo para los consumidores. Los expertos consultados en este informe están de acuerdo en que mientras el fentanilo y otras sustancias sigan siendo ilegales, las personas seguirán enfrentando la incertidumbre de no conocer qué están consumiendo, y mucho menos la concentración de las sustancias, lo que complica significativamente el control y la mitigación de los riesgos y daños relacionados.
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Una droga sintética es una sustancia química diseñada y producida artificialmente en un laboratorio en lugar de ser extraída de fuentes naturales, como plantas o animales.
De acuerdo con un estudio sobre el consumo de drogas sintéticas en Colombia realizado por Mauricio Ocampo, investigador del laboratorio químico de la Universidad Nacional, una de las principales conclusiones del análisis de 146 sustancias entre el 2021 y el 2022 mostró un creciente consumo de drogas sintéticas, y con mayor frecuencia, la presencia de rastros de medicamentos en esas sustancias.
Ocampo advierte que se trata de una situación delicada, ya que la combinación de sustancias, como un estimulante como la cafeína y un anestésico como la ketamina, puede generar un efecto de tolerancia, pues estas dos sustancias pueden contrarrestarse mutuamente.
Esta tolerancia lleva a un aumento en el consumo y, por ende, a un mayor riesgo de sobredosis.

















