Salud
Martes 19 de agosto de 2025 - 11:13 AM

Violencia adolescente, lo que nunca discutimos

Adolescentes con corteza prefrontal en desarrollo son más vulnerables a la violencia, influencias externas y entornos familiares disfuncionales.

Tomada de Freepik/Vanguardia
Tomada de Freepik/Vanguardia

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Publicado por: Información suministrada

Información suministrada: Jhonnatan Andrés Acosta Sánchez, médico y cirujano, especialista en Epidemiología Clínica

En la película britano-estadounidense Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011), adaptada y dirigida por Lynne Ramsay sobre la novela homónima de la autora estadounidense Lionel Shriver, observamos cómo un adolescente perpetra una masacre en su colegio. No se trata solo de ficción: esta obra nos interpela y plantea una pregunta inquietante: ¿qué condiciones psicológicas, sociales y culturales pueden llevar a un joven a cometer actos tan atroces?

Ejemplos reales nos sobran: la masacre de Columbine (1999) en Estados Unidos, la de Jokela (2007) en Finlandia y la de Suzano (2019) en Brasil son apenas tres casos que estremecieron a la humanidad y que han marcado sociedades y generaciones enteras.

Colombia también conoce de cerca este fenómeno. Recientemente, un adolescente armado pudo atentar contra un senador de la República y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay (Q.E.P.D.), como también sucedió en su momento con Carlos Pizarro Leongómez. Pablo Escobar, por su parte, se jactaba de poder reunir, en cuestión de horas, un ejército de dos mil niños sicarios provenientes de las comunas de Medellín. La pregunta es inevitable: ¿qué hay en el trasfondo de estas conductas?

Las causas son múltiples. Hay adultos que manipulan e instrumentalizan, influencias culturales que glorifican la violencia (cine, videojuegos, redes sociales) y un patrón de imitación de otros actos violentos. Sin embargo, la ciencia nos muestra que, más allá de estos factores inmediatos, existe una vulnerabilidad neurobiológica: la corteza prefrontal -región que planifica, evalúa riesgos y controla impulsos- no finaliza su desarrollo completo hasta alrededor de los 25 años (Johnson, Blum, y Giedd, 2009). Esto limita la capacidad del adolescente para regular conductas impulsivas y aumenta su susceptibilidad a influencias externas.

A esto se suman variables del entorno. Un estudio de la Universidad de Cambridge, con más de 300 participantes, analizó cómo las relaciones con los padres influyen en la formación de rasgos psicopáticos. Se encontró que la ausencia de cuidado materno -entendida como falta de afecto, atención y apoyo emocional- se asociaba significativamente con dichos rasgos. Además, un padre excesivamente permisivo o sin límites claros también incrementaba este riesgo. No obstante, los autores subrayan que la calidad del vínculo parental no es por sí sola una causa determinante, ya que la aparición de estos rasgos depende de la interacción de múltiples factores y cada caso es único. (Dieck, 2024)

Por eso, la respuesta no puede reducirse a prohibiciones tajantes que muchas veces generan resistencias y mercados ilegales. El rol de los adultos -padres, maestros, líderes comunitarios- debe ser el de tutores, guías y acompañantes ante la exposición a estos fenómenos. La toma de decisiones de un adolescente estará influenciada por el entorno al que lo exponemos. Al igual que el oro, la mente de un adolescente es maleable; puede moldearse hacia la construcción o hacia la destrucción. La dirección que tome dependerá, en buena parte, del acompañamiento que reciba.

En este contexto, es fundamental el papel del Estado en la creación y sostenimiento de programas integrales dirigidos a niños, adolescentes y jóvenes menores de 24 años, que aborden no solo la prevención, sino también la intervención temprana en casos de conductas disruptivas o violentas. Estos programas deben trabajar de manera articulada con las familias y las comunidades, ofreciendo herramientas para generar cambios significativos en quienes presenten verdaderos trastornos de conducta. De igual forma, resulta crucial promover la consulta oportuna con profesionales de la salud mental -psiquiatras y psicólogos- ante comportamientos que llamen la atención de padres, docentes o cualquier persona del entorno cercano del joven, pues una atención temprana puede evitar desenlaces trágicos. La Secretaria de Salud municipal a cargo de la Claudia Mercedes Amaya Ayala redobla esfuerzos cada día para dar cubrimiento a esta demanda.

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Volviendo a nuestro epígrafe, en sus escenas finales vemos a un adolescente asustado, enfrentando un golpe de realidad; golpe, que tal vez está ocurriendo en la mente del sicario que asesinó al senador y precandidato.

En Bucaramanga, en Santander y en Colombia, tenemos que hablar de Kevin. Pero, sobre todo, tenemos que escuchar y acompañar a nuestros adolescentes, entender sus entornos, reconocer sus riesgos y actuar antes de que este tipo de tragedias ocurran.

Si tiene dudas sobre este o algún tema relacionado con la sección de salud, puede enviar sus preguntas y un grupo de especialistas se encargará de resolverlas: preguntasdr.joaquinfernando@gmail.com

Publicado por: Información suministrada

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