Los hospitales enfrentan críticas por la frialdad en la atención. La humanización propone reconocer la dignidad y el bienestar de cada paciente.

Publicado por: Información suministrada
Información suministrada Manuelita Cabeza Lambraño, médica de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante de Especialización de Bioetica de la Universidad del Bosque. Santiago Avilés Lee, médico de la Escuela Colombiana de Medicina. Maestría en Medicina Tradicional Oriental (Samra University). Especialista y Magister en Bioética (Universidad El Bosque). Profesor de la Facultad de Medicina y del Departamento de Bioética de la Universidad El Bosque.
En muchos hospitales y centros de atención, las largas filas, la falta de tiempo para escuchar a los pacientes y la frialdad en las interacciones generan una experiencia en la que la persona se siente reducida a un número o a un diagnóstico.
El dolor y el sufrimiento se enfrentan en soledad, mientras el sistema de salud prioriza la rapidez y los indicadores sobre la calidez y la cercanía. En estos contextos, la dignidad humana corre el riesgo de ser invisibilizada, dejando en evidencia la urgencia de repensar el cuidado en estos escenarios.
La dignidad humana, entendida como el valor intrínseco e inalienable que poseen todas las personas por el simple hecho de existir, constituye la base del respeto, la autonomía y la justicia social.
Sin embargo, en el ámbito de la salud, este principio fundamental se ve amenazado cuando las prácticas de atención caen en la deshumanización: la despersonalización del paciente, las interacciones frías o la indiferencia frente al dolor y al sufrimiento generan un deterioro no solo en la confianza hacia el sistema, sino también en la vivencia misma de la dignidad.
Debemos recordar que esta dignidad es universal, incondicional y no admite grados, implica reconocer que cada ser humano merece ser tratado con respeto y consideración, sin importar su condición o circunstancia.
Recuperar este valor en la práctica sanitaria no es únicamente un deber ético, sino una oportunidad para superar los individualismos e impulsar un cuidado basado en la fraternidad, la empatía y la justicia.
Actualmente, el cuidado de la salud enfrenta un reto: transformar la forma en la que se brinda la atención médica. El enfoque es centrado en la enfermedad, priorizando los aspectos tecnocientíficos y económicos sobre la visión integral del ser humano. Cada vez más, se hace imperiosa una atención centrada en la dignidad y el bienestar.
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La bioética surge como un campo del conocimiento que reúne saberes de distintas áreas como la medicina, la filosofía, el derecho y las ciencias sociales. En medicina, su propósito es ofrecer un análisis profundo y plural de los problemas éticos y morales contemporáneos derivados de los avances tecnocientíficos que emergen en la práctica en salud y en las decisiones sobre el cuerpo, la vida y la dignidad.
Más allá del análisis teórico, brinda un marco de reflexión en las distintas situaciones que se presentan en el ejercicio de la práctica médica. Invita a la posibilidad de una atención sanitaria cuyo objetivo sea proteger la autonomía, la dignidad y los derechos de los pacientes. Además, orienta la formulación de políticas públicas con una visión integradora, priorizando el bienestar colectivo y el cuidado de las poblaciones más vulnerables.
Las decisiones en salud deben caracterizarse por un enfoque multi y pluridisciplinario, en el que la bioética y los derechos humanos se consideren valores fundamentales alineados con el propósito de proteger los derechos básicos de cada individuo.
Entre los aportes más significativos de la bioética se encuentra el análisis a partir de principios de cuatro principios, los cuales son: autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia.
El principio de no maleficencia, que proviene del imperativo ético de “ante todo no hacer daño” (primum non nocere), atribuido a Hipócrates, exige evitar cualquier acción que cause dolor físico, sufrimiento emocional, discapacidad o muerte. Este principio se refleja incluso en tradiciones éticas y religiosas, como el mandamiento “no matarás”.
Humanización en salud
En estrecha relación con estos principios, la humanización en salud representa un referente ético y moral, cuyo propósito es procurar el bien del ser humano y evitar cualquier clase de daño. Se relaciona con los principios de no maleficencia y beneficencia ya mencionados.
Este enfoque propone un cambio profundo en la forma de entender el cuidado: reconociendo al paciente como un sujeto activo cuyas emociones, valores, historia de vida y entorno social influyen directamente en su salud. De esta forma, se deja atrás la visión habitual del paciente como receptor pasivo de medicamentos o procedimientos médicos.
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No se trata únicamente de promover un trato cordial o una buena relación médico- paciente. La humanización exige una gestión transparente de los recursos, condiciones laborales justas para personal sanitario y una infraestructura adecuada para la atención. De esta manera, se convierte en una herramienta clave para transformar los sistemas de salud orientándolos hacia una práctica más ética, sensible y centrada en la persona.
La complejidad de este proceso se encuentra en la esencia misma de las relaciones humanas. La calidad del cuidado depende en gran medida de la manera en que se comunican e interactúan los distintos actores del sistema. Humanizar implica construir un puente entre personas: quien brinda el cuidado y quien lo recibe, reconociéndose mutuamente en su dignidad, vulnerabilidad y humanidad compartidas.
Considerando esto, toma relevancia la ética del cuidado, una perspectiva que propone entender las relaciones humanas desde la interdependencia. Reconoce que todos los seres humanos en algún momento somos vulnerables y necesitamos de otros. Cuidar y ser cuidados por otros, son expresiones de nuestra humanidad compartida.
La atención humanizada en salud se construye a partir de principios concretos que deben guiar la práctica clínica diaria. En primer lugar, el respeto por la dignidad, reconociendo que cada persona tiene valor propio y capacidad de decisión. Luego, una atención integral que aborde no solo el ámbito físico, sino que se encuentre dentro del marco de un modelo biopsicosocial. La relación médico-paciente debe basarse en la confianza, la compasión y una comunicación clara y abierta. Además, el compromiso con el bienestar implica, enfocarse no solo en curar, sino en aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida. Está perspectiva también debe contemplar el respeto por la diversidad cultural y social, adaptándose a los valores, creencias y contexto de cada paciente.
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En un escenario donde las exigencias técnicas y administrativas tienden a desplazar la dimensión humana del cuidado, se vuelve urgente repensar la forma en que se ejerce la medicina. La bioética ofrece herramientas para analizar críticamente las prácticas clínicas, mientras que la humanización se plantea como una vía necesaria para transformar el sistema de salud desde una mirada ética, sensible centrada en la persona y compasiva.
Si tiene dudas sobre este o algún tema relacionado con la sección de salud, puede enviar sus preguntas y un grupo de especialistas se encargará de resolverlas: preguntasdr.joaquinfernando@gmail.com















