La maestra Esperanza Barroso entregó la semana pasada a la científica Brigitte Baptiste, directora de la EAN, un nuevo retrato que muestra la importancia de su figura para la ciencia y para la visiblidad Lgbtiq+.

Publicado por: Paola Esteban
“Esta obra que hace la maestra Esperanza Barroso lo recibo con una emoción tremenda porque la maestra me conoció hace muchos años y tuve el honor de recibir una primera obra que está en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga y que tengo en mi casa enmarcada”, contó a Vanguardia la científica Brigitte Baptiste, directora de la Universidad EAN en Bucaramanga, al finalizar un conversatorio que ofreció en el Hotel Chicamocha la semana pasada.
La maestra Esperanza Barroso, reconocida artista santandereana, se ha destacado por una obra figurativa y realista (aunque a ella no le gusta etiquetarse) que representa el dolor, el conflicto y los personajes que han marcado la historia del país, le entregó la obra a la científica al principio de la conferencia.
“Fue el primer cuadro que alguien me regaló de manera muy generosa sobre mí misma y siempre es raro, pero es motivo mucha alegría y un reconocimiento grandísimo a la maestra”, señaló.
Aprovechando este contexto, Vanguardia habló con Brigitte Baptiste sobre el medioambiente en Santander y sus preocupaciones, sus recomendaciones sobre en qué fijarnos y su concepto de Naturaleza Queer.
Hay muchas problemáticas medioambientales en Santander que preocupan mucho, principalmente en el tema del agua. ¿Qué está pasando y cómo podemos orientarnos para tomar buenas decisiones al respecto?
“Creo que si estamos llegando a tantos enfrentamientos, tantos conflictos sin salidas aparentes, porque hay algo que no estamos haciendo bien en la forma de abordar los problemas y las discusiones, por eso acabamos polarizados. Acabamos peleando, encontrándonos en manifestaciones, convenciones, completamente distintas de la realidad, que no se sabe de dónde salieron. Hay algo que hay que revisar en el procedimiento y obviamente esta es una tarea de las universidades.
Debemos tratar de ayudar a que la ciudadanía, las instituciones, los empresarios y todo el mundo reflexione sobre la forma en que se aproxima, por ejemplo, al tema del agua y tratar de volver a reconstituir ese diálogo para ser más efectivos”.
Otro tema que genera controversia en la región es la llegada de las multinacionales de la minería, así como la minería ilegal. ¿Cómo se ha abordado ese tema en otros lugares de Colombia y qué podríamos hacer en Santander?
“Como universidad estamos apoyando muchísimo la adopción de estándares de alta calidad para la gran minería, bien sea con capital extranjero o capital nacional, pero hay un ámbito donde relativamente se puede incidir porque hay vigilancia, normas, gobierno y también, en muchos casos, hay buena voluntad del sector privado.
Lo más complejo es la minería mediana o pequeña, que tiene limitaciones importantes para mover capital, para innovar desde el punto de vista tecnológico, para cumplir los requerimientos ambientales y, la más delicada, es la extracción ilegal de recursos geológicos o de recursos minerales, que no podemos llamar minería porque es claramente un saqueo organizado de oro, carbón, mármol.
Hay distintas alternativas que hay que promover, obviamente en la extracción ilegal de minerales la más importante son las políticas públicas que hagan que quienes están la actividad puedan formalizarse y recibir la atención del Estado y puedan extraer esos recursos para beneficio de todos los colombianos y no solamente de unos pocos”.
Se solía decir que Bucaramanga era un buen vividero. ¿Estamos realmente abocados a un tema muy riesgoso en materia medioambiental?
“Colombia sigue siendo un buen vividero y yo viajo mucho por el mundo. Tal vez es cariño al terruño, pero creo que tenemos un país excepcionalmente rico en agua, en biodiversidad, minerales, capacidad productiva y es muy paradójico que no seamos realmente una gran potencia del bienestar.
Así que yo me quedo en Colombia, pero sí es cierto que con el cambio climático estamos afrontando amenazas muy delicadas y que si insistimos en no tomar decisiones porque ya estamos suficientemente bien, aparentemente bien, vamos a tener que pagar una cuenta muy alta”.
Usted habla del término naturaleza queer. ¿Qué significa y cómo entra en el debate actual sobre las personas transgénero?
“Ese es uno de mis temas favoritos porque como bióloga tengo que preguntarme constantemente qué significa la naturaleza, cómo funciona eso que llamamos naturaleza y cómo construimos la cultura y las interpretaciones de la naturaleza en nuestro cuerpo, en nuestras instituciones, en la familia. Y resulta que la ecología acude a mi vida representado la oportunidad de construir una visión distinta de la naturaleza, una versión en la cual se privilegia la transformación permanente de la vida y la interpretación también permanente que la cultura hace de la vida.
No hay nada natural que sea inmóvil, esencial o determinista y eso a muchas personas no les parece porque prefieren tener una visión estática de una naturaleza con la que han convivido mucho tiempo, a la que están acostumbrados.
Mi hija dice que la naturaleza es a lo que estamos acostumbrados y por tanto cualquier modificación de eso se ve como una contravención, como algo inadecuado, entonces mi respuesta a quienes están regresando a esa noción de que sólo existe hombre y mujer porque es “por naturaleza”, los invito a que piensen que es una visión muy corta en términos de las escalas de tiempo y espacio en las cuales hemos existido y que tanto hombre como mujer van cambiando constantemente en la historia”.















