Un estudio del Programa de Derecho y Criminología de la Universidad Manuela Beltrán (UMB) identificó la percepción de la gente ante este oficio, que cada vez toma más fuerza en el mundo. Para encontrar datos, se realizó una encuesta a 390 personas.

Publicado por: Resumen Agencias
En principio, el análisis permitió establecer que, aunque el 60% de las personas no aceptaría que su pareja, hombre o mujer, fuera modelo de plataforma de entretenimiento para adultos, el 76% considera que es un trabajo normal y el 14% indica que es un oficio para el cual cada persona es libre de escoger si lo hace o no. Mientras que solo el 10% de los encuestados asegura que ser webcam no debería ser considerado como un trabajo.
Sin embargo, el 31% considera que esa labor atenta contra la moral y el 18% dijo que esta práctica afecta el derecho a la dignidad humana, a la integridad, libertad e intimidad.
En cuanto a género, el 66% de las mujeres encuestadas y que actualmente tienen pareja, respondieron que no permitirían que su pareja realizara esa labor pues aseguran que es un trabajo que va en contra de la dignidad humana, ya que los actos sexuales deben ser libres y no motivados por el dinero. Sin embargo, la cifra es más alta en hombres, pues el 82% tampoco aceptaría que su pareja estuviera en esa industria, argumentando que es un problema social e indicando que es fruto de la desigualdad social. Según las mujeres participantes en el estudio, esto refuerza la violencia que sufren actualmente ellas y refuerza las desigualdades económicas. Además, mencionan el temor frente al desarrollo de enfermedades de transmisión sexual o bien, adquirir VPH y consigo cáncer de cuello uterino. Justamente, para entender estas opiniones, el estudio de la UMB contactó a dos modelos webcam para conocer sus historias.
Juan David es un joven de 24 años. Ingresó a la universidad pero por motivos económicos no pudo terminar su carrera. Buscó trabajo pero económicamente no le satisfacía lo que ganaba y ahí conoció la industria del entretenimiento para adultos. Decidió trabajar como modelo webcam y aunque explica que al principio no fue fácil, hoy gana más dinero que si estuviera trabajando ocho horas, de lunes a viernes en una oficina con su título de bachiller. “Realmente, empezar en la industria es difícil porque hay mucha gente en esto. Pero las y los extranjeros buscan mucho a personas latinas, de Colombia y hay que aprovechar eso.” Para Juan David, llevar este trabajo a su vida normal ha sido fácil. Lo contó a su familia y aunque al principio no hubo mucho apoyo, cuenta con el respaldo de sus padres. “Yo no sabía cómo contarles a mis papás, pero tuve que ser honesto. La verdad lo tomaron bien porque no tengo contacto sexual con nadie y eso los tranquiliza. Pero por el lado de algunos amigos que saben, solo se ríen de mí porque dicen que me la ‘gano fácil’. Hasta ahora no he tenido parejas estables pero con las mujeres con las que he salido algunas semanas saben a lo que me dedico y lo respetan”.
Caso contrario a Camila. Esta mujer de 21 años asegura que no pudo ingresar a la universidad por falta de recursos. Trabajó como vendedora de ropa, estilista y hasta conductora de plataformas de transporte pero asegura que era muy desgastante y que económicamente “no le alcanzaba la plata”. Así que buscó a la industria de modelos webcam, pues escuchó de eso durante la pandemia. “Yo empecé muy nerviosa. Iba a un estudio y me quedaba las horas que quisiera pero no le decía nada a mi familia. Pude empezar a ganar dinero, alquilé un apartamento y ahora trabajo desde ahí como independiente. Mis padres no saben nada, creen que estoy con una empresa de call center. De hecho en mis shows prefiero salir con antifaz porque no quiero que me reconozcan, les envíen fotos a mi familia. Eso sería horrible.” Ante escenarios como este, la psicóloga forense Paula Andrea Amaya concluye que “Es fundamental promulgar cambios socioculturales frente a los estigmas ubicados en la actividad sexual a cambio de dinero, sesgo que se manifiesta principalmente en mujeres”.
















