Un grupo de empresarios le propuso ser presidenta de Colombia… y su respuesta reveló una verdad incómoda que pocos imaginaban.

Publicado por: Redacción Tendencias
En los años 90, cuando Colombia aún vivía el eco de una década marcada por los reinados, las telenovelas y los íconos mediáticos, Paola Turbay brillaba con luz propia. Era la Señorita Colombia, la virreina universal que enamoró en Miss Universo 1992, y una de las figuras más influyentes del país. Su rostro estaba en comerciales, portadas y programas de televisión. Pero lo que pocos sabían, hasta ahora, es que, en medio de ese estrellato, le ofrecieron lanzarse a la presidencia de la República.
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Así lo reveló recientemente en una conversación franca y sin filtros durante su paso por el programa The Suso’s Show. Con la sonrisa que la caracteriza y una naturalidad que no finge sorpresa, Turbay compartió un episodio que, de haberse materializado, habría cambiado el rumbo político y mediático del país.
“Yo sabía que ganaba, pero la pregunta era: ¿y después qué hago?”
Con esa frase, directa y desarmante, la actriz resumió lo que pensó cuando un grupo de empresarios, a mediados de los 90, le propuso lanzarse como candidata presidencial. Según relató, le aseguraron que su popularidad bastaría para ganar las elecciones y que no debía preocuparse por gobernar: ellos se encargarían de todo. El plan era tan simple como inquietante.

¿Una reina o una marioneta?
Aunque la oferta pudo halagar a muchos, Turbay no lo dudó un segundo: su respuesta fue un rotundo no. Años después, aún lo recuerda como un intento de instrumentalizar su imagen, más que de proponer una verdadera participación política.
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“Era claro que no querían una presidenta. Querían una figura decorativa”, sentenció, sin rodeos. “Un títere”, agregó, con ese tono que mezcla humor con una lucidez filosa.
Su declaración ha reabierto el debate sobre cómo, en ciertos momentos de la historia, la popularidad y el carisma han sido considerados capital político suficiente para llevar a alguien a cargos de poder, sin tener en cuenta la preparación o el deseo real de ejercer la responsabilidad.
Aunque ya han pasado más de tres décadas desde que Paola Turbay fue coronada como Señorita Colombia en 1991, sigue siendo tratada como tal. “Han pasado 33 años y todavía me dicen ‘reina’. Pareciera que no hubiera hecho nada más”, comentó entre risas. Lo cierto es que su carrera ha sido amplia y diversa: actriz, presentadora, productora y gestora cultural, Turbay ha demostrado que es mucho más que una banda y una corona.
En su repaso por el pasado, también reflexionó sobre los concursos de belleza en la actualidad. A diferencia de su época, cuando, según ella, los reinados tenían un propósito social más claro, hoy cree que han perdido fuerza y sentido.
“Los concursos están mandados a recoger”, afirmó sin titubeos. “Eso ya no suma si no viene acompañado de una causa significativa”.
Con esa frase, Paola se une a la oleada de exreinas que han comenzado a cuestionar el valor simbólico de los certámenes de belleza en pleno siglo XXI, más allá de la nostalgia o la tradición.
Paola Turbay ha sabido moverse entre la televisión, el cine y los proyectos culturales sin dejar de ser fiel a sí misma. Su carisma se ha mantenido intacto, pero lo que más resalta hoy en sus apariciones es su voz: serena, firme y reflexiva. La misma voz con la que, hace más de 30 años, representó a Colombia con orgullo, hoy habla de política, de cultura y de lo que significa ser mujer en una sociedad que aún lucha por dejar atrás los estereotipos.
Y aunque muchos siguen viéndola como aquella reina eterna, ella ya no vive de nostalgias, sino de realidades que ha construido a pulso. Por eso, cuando le ofrecieron el poder, supo decir que no. Porque sabía que lo importante no era ganar, sino tener algo valioso que hacer después.















