Durante años, Marbelle guardó un secreto que pocos sospechaban.Solo hasta ahora, en una entrevista inesperada, se atrevió a decir la verdad.

Publicado por: Redacción Tendencias
Durante casi tres décadas, Marbelle ha sabido llevar en alto el título de “reina de la tecnocarrilera”, no solo por su voz poderosa y sus letras cargadas de desgarro, sino por su capacidad de resistir las oleadas del escarnio público.
La hemos visto cantar el desamor con collar de perlas y el alma hecha trizas; la hemos escuchado contar su historia en tono mayor y también, a veces, en susurros que apenas se filtran entre la polémica y la emoción. Pero esta vez, la intérprete nacida como Maureen Belky Ramírez Cardona sorprendió al bajarse del escenario del rumor para hablar en voz alta sobre uno de los capítulos más íntimos de su vida.
Fue frente a las cámaras del programa La Corona TV, conducido por Ariel Osorio, más conocido como el Gordo Ariel, donde soltó una verdad que llevaba guardada desde hace tres años: su relación con el futbolista Sebastián Salazar terminó. Y terminó hace tiempo. Desde el 2022, exactamente.
Marbelle habló con serenidad. No con la voz quebrada ni con la urgencia de quien necesita defenderse, sino con ese temple que da el tiempo cuando cura sin borrar. Dijo que nunca había querido hacer pública la separación porque, como fue la relación, también quiso que el cierre se diera en la intimidad.
“Lo que les puedo contar es que ya ha pasado bastante tiempo, no lo he querido hacer público porque es algo de lo que yo no hablo mucho y que lo he mantenido porque la relación precisamente también estuvo así”, confesó ante el público que la sigue desde sus años de adolescente prodigio en Angelitos.
En la televisión colombiana, donde lo privado suele ventilarse como si fuera parte de la parrilla diaria, el silencio de Marbelle durante estos tres años fue, en sí mismo, un acto de resistencia. Mientras los medios especulaban, mientras las redes escarbaban, ella eligió el mutismo. Fue, quizás, una forma de cuidar lo que quedaba: el respeto, el cariño, el recuerdo compartido con alguien a quien aún se refiere con gratitud.
Lo que pasó entre Marbelle y Sebastián Salazar
Su historia con Sebastián Salazar, exjugador de Independiente Santa Fe, comenzó en 2015, en medio de miradas curiosas y prejuicios por la diferencia de edad. Pero la pareja sorteó los comentarios y tejió una relación que parecía sólida, acompañada de gestos públicos de admiración mutua. Marbelle, incluso, se volvió una fervorosa seguidora del equipo cardenal. “Santa Fe, campeón, yo soy leona de corazón. Ya no tengo acciones, pero sí les quiero decir que yo soy fiel de corazón a lo que me gusta”, dijo con orgullo durante la misma entrevista.
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Pero el amor también tiene tiempos de descuento. Y a veces, aunque el partido parezca parejo, hay decisiones que se toman sin goles de oro. La suya fue una ruptura sin escándalo, una pausa sin dramatismo. “Ya vamos para tres años de pausa, de entender los tiempos y las decisiones de cada uno. No ha sido fácil, pero bueno, acá estamos y seguimos en la lucha y en la pausa”, agregó con ese estilo suyo, de dramatismo contenido.
Más allá del relato romántico, lo que deja esta confesión es el retrato de una mujer que ha aprendido a sostenerse sola. La misma que a los 16 años ya era madre y estrella. La que ha cargado con etiquetas, con juicios, con titulares que van desde lo político hasta lo personal. Y sin embargo, sigue de pie, transformando su experiencia en narrativa popular, ya sea desde una ranchera o desde una entrevista en horario estelar.
En tiempos en los que la cultura del chisme suele vaciar a las figuras públicas de su humanidad, Marbelle vuelve a recordarnos que, detrás de la artista, hay una mujer que también sufre, que también se reinventa y que, aunque lleva en su historia muchas cicatrices, no ha perdido la capacidad de contar su verdad con sencillez.
Esta vez, sin escándalos ni filtros de Instagram.
Decirlo tres años después no es olvido. Es comprensión. Es entender que hay procesos que solo se asientan con el paso de las estaciones, como los amores que no terminan de golpe, sino que se van disolviendo en los días, en los silencios, en los mensajes que dejan de llegar. Marbelle no reveló infidelidades, ni acusaciones, ni dramas. Solo nombró la pausa. Y en esa pausa, lo que hay es una manera adulta de despedirse.
Su testimonio ha resonado más allá de la crónica rosa. Porque en un país donde las mujeres públicas suelen ser juzgadas con una doble vara, el gesto de Marbelle –el de hablar sin necesidad de justificarse– se convierte también en una acción política: la de ejercer su intimidad como un territorio soberano.
La reina sin corona, sin pareja, pero con voz propia.
Y qué voz.
















