La semana pasada la relación entre medio ambiente, desarrollo empresarial y economía regional fueron temas recurrentes en actividades académicas organizadas, una por la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga y la Corporación Autónoma para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga y otro por la Sociedad Santandereana de Ingenieros.
Publicado por: NOHORA CELEDÓN / nceledon@vanguardia.com
Con la polémica desatada a raíz de las concesiones mineras otorgadas en Santander (23 de ellas aprobadas en el páramo de Santurbán), y en particular por la viabilidad ambiental del proyecto Angosturas, de Greystar y su posible afectación en las fuentes hídricas que abastecen al área metropolitana la pregunta de si la región, y en particular si el área metropolitana de Bucaramanga, marcha hacia una economía sostenible queda en el aire.Pero el tema de desarrollo sostenible no sólo toca el tema de minería. De hecho involucra, según el decreto 1299 de 2008, a todos los negocios de 'nivel industrial', que comprende desde actividades agrícolas hasta construcción y manufacturas.Con respecto a esta normativa la directora de la Corporación Autónoma de la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Elvia Ercilia Páez, señaló que la conciencia ambiental de los empresarios va en aumento: 'Ya hay empresas que han llevado a cabo una implementación de este sistema de manejo ambiental desde hace mucho rato, en conjunto con la Corporación y hoy lo que la norma pide es que lo vayamos universalizando'Sin embargo más de la mitad de los tres ríos y las 42 quebradas que recorren la ciudad se encuentran contaminadas principalmente por vertimientos a sus causes domésticos e industriales, según lo denunció este periódico en su edición del jueves 26 de agosto.Por su parte, expertos como el decano de la Facultad de Química Ambiental de la Universidad Pontificia Bolivariana, Jairo Puente Brugés, señalan que en la ciudad falta muchísimo para desarrollar prácticas ambientales sostenibles en las empresas.'Yo creo que nos falta muchísimo, realmente desarrollamos prácticas empresariales que son del siglo XIX ni siquiera del XX, en términos tanto laborales de salud ocupacional como del medio ambiente', señaló el especialista.Y añadió que en la medida en que la economía de una región se concentre más en la transformación que en la explotación de las materias primas tendrá una economía más rentable y ambientalmente más sostenible: 'El negocio está es en la valorización de estos productos, mientras no lo hagamos seguiremos por un lado pagando los desastres ambientales y por otro lado generando empleo marginal', indicó.Cálculos ambientalesUna de las razones por las cuáles el medio ambiente resulta siendo un tema desplazado del campo económico y de los balances empresariales es la falta de cálculos sobre cuánto cuesta la conservación ambiental en una ciudad, cuánto cuesta conservar sus fuentes hídricas y su diversidad y más aún los impactos económicos de no hacerlo.'Los cálculos son modelos técnicos y económicos que te llevan a traducir un fenómeno en un dato' señaló Gerardo Barrantes, consultor del Instituto de Políticas para la Sostenibilidad de Costa Rica, y añadió que por no tener estos cálculos precisos la percepción de la gente es que la conservación es muy cara: 'Si lo costea un individuo sí es muy cara pero si son cientos o millones de habitantes no lo es tanto para cada uno de ellos, aunque al sumarlos generas muchos ingresos'.Barrantes hizo parte de un proyecto en el que se calculó el costo de la conservación de la cuenca del río Tempisque, en el que incluso se tuvo en cuenta el pago de mensualidades, de hasta US$130 por hectárea, a los dueños de la tierra dedicada a ganadería para que cambiaran su actividad económica y se encargaran de conservar los ecosistemas naturales de la zona. En este proyecto se calculó además el costo económico del agua para los hogares, el sector agropecuario, industrial, turismo e hidroenergía, teniendo en cuenta el uso que se le da.Y finalmente se distribuyó el costo de la conservación en las facturas del acueducto que tuvieron un aumento de 1,9 colones costarricenses (cerca de $8 colombianos) por metro cúbico, es decir que una familia promedio que consume 30 metros cúbicos de agua empezó a pagar $240 de más en su recibo.Según Barrantes en los estudios que hicieron la mayoría de las personas manifestaron que estaban dispuestos a pagar, incluso mucho más, por la conservación y la preservación del ambiente, el problema y la preocupación para la ciudadanía es la gestión de estos recursos, es decir que el dinero en efecto se utilice para la conservación.Según la directora de la Cdmb, el problema es que en el país no hay una metodología para medir el valor económico de una fuente hídrica, ni de otro tipo de ecosistemas: 'Aquí hemos actuado al inverso primero es el desarrollo económico y después el ambiente, y no es por criticarlo sino que es la mentalidad que traemos porque el agua no nos ha costado, entonces creemos que es algo permanente. Hoy tenemos que evaluar ese bien así como cuando se compra un apartamento', indicó la funcionaria.Por su parte Barrantes señaló que es necesario tener en cuenta dentro de los cálculos el futuro y el costo ambiental de los recursos naturales en un futuro si no se conservan. 'Por ejemplo esta ciudad siempre va a requerir agua por que de lo contrario desaparece, con o sin oro la ciudad puede continuar pero ¿con o sin agua?, es una reflexión que la ciudadanía tiene que hacerse'.El impacto en el paisajeUno de los impactos más visibles del deterioro del medio ambiente es la transformación del paisaje. Según uno de los arquitectos avaluadores de la Lonja de Propiedad Raíz de Santander, Rafael Ernesto Acevedo Serrano, entre los elementos ambientales que se tienen en cuenta para darle valor a un predio están el clima, la localización topográfica, la calidad de la cobertura vegetal y la existencia de zonas verdes.De hecho si se recuperaran las cañadas en el perímetro urbano, no sólo sería un logro ambiental sino que también se valorizarían las zonas aledañas y la ciudad mejoraría la calidad de su espacio público.















