Investigadores de Alemania, Australia y España analizan esta alternativa en Gran Canaria y estudian sus posibles efectos sobre la vida marina.

Publicado por: Redacción Vanguardia
¿Qué pasaría si un residuo de las demoliciones pudiera ayudar al océano a retirar parte del dióxido de carbono que está en la atmósfera? Esa es la pregunta que un grupo de científicos intenta responder en un experimento desarrollado en Gran Canaria, España.
El ensayo utiliza hormigón triturado y busca comprobar si este material puede modificar las condiciones químicas del agua de mar para favorecer la absorción de CO₂. La prueba se desarrolla en el puerto de Taliarte, donde fueron instalados doce tanques con agua marina para observar los cambios bajo distintas concentraciones del material.
La idea parte de un proceso que ocurre naturalmente. Cuando determinadas rocas se desgastan por acción del clima, liberan minerales que llegan al océano y pueden aumentar su alcalinidad. Ese cambio permite que el agua marina capture una mayor cantidad de dióxido de carbono.

El hormigón contiene cemento y, a su vez, compuestos como el óxido de calcio, por lo que los investigadores quieren comprobar si los residuos de este material podrían acelerar ese proceso.
El reto está en saber qué ocurre con la vida marina
La captura de CO₂ no es la única variable que están siguiendo los científicos. Una de las principales preguntas del ensayo es qué consecuencias tendría aumentar la alcalinidad y la turbidez del agua para los organismos que viven allí.
Por eso, en los llamados mesocosmos, grandes tanques utilizados para recrear condiciones del ambiente marino, se analiza la respuesta del plancton y de las larvas de peces, organismos que cumplen un papel fundamental dentro de la cadena alimentaria del océano.
Lea: Científicos captan por primera vez cómo una placa tectónica se rompe bajo el mar
Publicidad
El experimento comenzó a mediados de septiembre y está previsto que continúe durante varias semanas, ya que los investigadores comparan diferentes concentraciones de cemento triturado para establecer qué cantidad podría generar un efecto sobre la captura de carbono y, al mismo tiempo, determinar si aparecen efectos perjudiciales para el ecosistema.

El interés por esta alternativa también está relacionado con la enorme cantidad de residuos que genera la construcción. Cada año se producen alrededor de 5.000 millones de toneladas de escombros de hormigón en el mundo y solo una parte es reutilizada.
Pero llevar la propuesta a una escala capaz de tener un efecto apreciable sobre el CO₂ atmosférico requeriría cantidades muy grandes de material. Los científicos estiman que podrían necesitarse cientos de millones de toneladas al año, una magnitud comparable con la producción de la industria cementera.
Este experimento busca responder a que si la idea funciona y, sobre todo, si puede hacerse sin generar un nuevo problema para el océano. Los resultados permitirán determinar hasta dónde podría llegar esta alternativa y cuáles serían sus límites antes de pensar en una aplicación a mayor escala.
















