Viernes 09 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

El ‘invierno’ árabe

Cuando varios países del mundo árabe se lanzaron a las calles pidiendo democracia entre 2010 y 2013, el ímpetu de las movilizaciones populares dio paso a la decepción. Más que reformas, inclusión o apertura, se han recrudecido los gobiernos autoritarios.
Internet / VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Internet / VANGUARDIA LIBERAL)

El estallido social que precedió a la “Primavera Árabe”, hace ya ocho años y propagó el descontento frente a los regímenes y dictaduras por el norte de África y el Medio Oriente, ha dado como fruto una profunda frustración, además de un creciente refuerzo del autoritarismo y la multiplicación de los conflictos en toda la región, a excepción de Túnez.

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Estados fallidos en Siria y Yemen que libran guerras civiles e incluso intervenciones extranjeras; Egipto, Bahréin y Libia, cuyos gobernantes fueron derrocados pero donde ahora impera el autoritarismo. Solo se salva Túnez, que vive una transición democrática no exenta de enormes desafíos y obstáculos.

Lo que se llamó “Primavera Árabe” se convirtió finalmente en un ‘invierno árabe’, resume José Ángel Hernández, director de la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá.

“En definitiva todas estas revoluciones que pidieron democratización y leyes de apertura quedaron en casi nada”, lamenta el experto.

Isaac A. Calvo, periodista y analista internacional español, comparte esta idea: “Lo que empezó con gran entusiasmo popular y de numerosas potencias occidentales porque se veía como un proceso democratizador, pero, salvo el caso de Túnez, no ha conseguido el propósito final que se anhelaba”.

Y explica lo anterior en el hecho de que “las transiciones, una vez derrocados los dictadores, no han sido buenas y la inestabilidad social, los intereses propios más que del conjunto y los disturbios han minado los avances y en casos como el de Siria han desembocado en un conflicto generalizado”.

Hernández, apunta en ese sentido que las consecuencias finales de la “Primavera Árabe” es que no se han democratizado esos países en líneas generales y destaca que “quizá sirvió en algo en Túnez, que es un país pequeño, con unas características de occidentalización más grandes que sus vecinos”.

Sin embargo, aclara que el concepto de democracia en el mundo árabe es casi incompatible, porque emana desde Occidente.

“La pertinencia de Occidente por imponer esas ideas en otros lares con culturas totalmente distintas como la musulmana, extrapolarla a otras partes del mundo es lo que lleva a estos problemas”, insiste.

Lo que a todas luces ha sido desalentador, según él porque en la actualidad desde el punto de vista geopolítico, esos países “pasaron a ser los más intranquilos y más peligrosos para la estabilidad de sus pueblos y del mismo Occidente”.

En este contexto, cita el ejemplo de Libia con la masiva migración a Europa, la guerra en Siria por el enfrentamiento de Rusia con Estados Unidos y Occidente; y Yemen por la confrontación entre Irán y Arabia Saudí.

Calvo alude, que “en algunas dictaduras existe un pacto tácito de coexistencia y tolerancia entre el poder y la población. Muchos habitantes se han acomodado a contar con algunas libertades y a tener sus necesidades principales cubiertas, aunque no puedan elegir quien les gobierna y sepan que la discrepancia política está perseguida”.

Entonces, “esta situación demuestra que el sistema de libertades de Occidente no tiene por qué exportarse a todo el mundo obligatoriamente”.

Sin cohesión interna

Óscar Palma, docente de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, estima que en términos generales la ‘Primavera Árabe’, que la define a partir de un levantamiento espontáneo de movimientos que encontraron en un momento coyuntural la oportunidad para lanzar su causa frente a regímenes establecidos, tuvo consecuencias diferentes en cada país.

“Hubo algunas reformas dentro de sistemas políticos, y de otro lado, se logró deponer regímenes”, pero asegura que no fue suficiente.

La razón, a su juicio, es que los países no han alcanzado una cohesión interna que les permita funcionar como Estado como tal, por las diferencias étnicas y religiosas dentro de cada uno de ellos.

En conclusión, dice que hay muchas expectativas aún por cumplirse, y difíciles de cumplir en el terreno por la naturaleza humana social de los grupos religiosos y étnicos en los países musulmanes.

Y la respuesta a este disenso y vacío de poder, ha sido la vuelta al autoritarismo.

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