La nueva exposición del artista José Germán Toloza Hernández transforma los tallos de la yuca en una experiencia visual inmersiva sobre el territorio, la memoria rural y la identidad campesina.

Publicado por: John Arias
Entre tallos, colores y símbolos del campo santandereano, la exposición Palo de Yuca llegó a la Sala Macaregua de la sede Bucarica de la Universidad Industrial de Santander (UIS), como una invitación a mirar el territorio desde la sensibilidad artística y la memoria rural.
La muestra del artista plástico José Germán Toloza Hernández estará abierta al público hasta el próximo 8 de junio de 2026, con entrada libre.
La exposición propone una instalación pictórica de gran formato que toma como punto de partida la figura del tallo de la mata de yuca para construir un paisaje simbólico atravesado por ideas de resistencia, permanencia y arraigo campesino. Lea también: La santandereana que retrató Palonegro y cambió la historia de la fotografía en Colombia
Curada por el profesor de Historia del Arte de la UIS, Roger Díaz Carreño, Palo de Yuca busca “desalojar el paisaje en busca de la síntesis pictórica”, una propuesta en la que el entorno rural no aparece como una representación literal, sino como una experiencia perceptiva y emocional.
A través de acrílico sobre lienzo crudo, tonos rosados, violetas, ocres y verdes, la obra crea un entorno visual envolvente donde los tallos se convierten en formas orgánicas que dialogan con la arquitectura y el espacio expositivo.

Una experiencia inmersiva entre pintura y territorio
La inspiración de la muestra nació de manera espontánea durante un recorrido por la Mesa de Ruitoquen, en los alrededores de Acapulco. El artista recuerda haberse sorprendido al observar el entramado de las matas de yuca, cuyos tallos generaban una especie de “bosque de resiliencia y poder, de potencia productiva. Al mismo tiempo, se asociava a la resistencia y caracter humano frente a la adversidad”.
“Me sorprendió la belleza de los cruces dibujísticos entre los tallos, los ritmos y los cambios de color”, explica Toloza sobre el proceso creativo de la obra, que también se alimentó de conversaciones con campesinos cultivadores de yuca de la región.

Más adelante, en visitas a Rionegro, constató la diversidad cromática de la planta y comenzó a relacionar esas formas con conceptos de fuerza, memoria y supervivencia humana.
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“Había tallos de diversos colores, según la variedad de la yuca: gris, verde, rosado, ocre y rojo sangre de toro, entre otros. Así se conjugaron concepto y estética formal. Luego de la contemplación vinieron otros intereses más allá de lo estético: la cultura de la yuca, lo musical en la composición, y los aspectos simbólicos que subyacen alrededor de la mata de yuca”, narra Toloza Hernández.

El paisaje rural convertido en experiencia sensorial
El proyecto fue concebido como una experiencia inmersiva. Para ello, el artista desarrolló una tela de 21 metros de longitud donde el dibujo, el ritmo y la composición generan un recorrido visual que simboliza el tránsito de la vida. Además, la instalación incorpora tallos sembrados dentro de la sala, permitiendo que el espectador observe cómo germinan nuevos brotes durante el tiempo de exhibición.

Más allá de su dimensión estética, Palo de Yuca funciona como una reflexión sobre la cultura campesina santandereana y sobre el papel de la yuca como alimento fundamental en muchas comunidades rurales. La obra destaca la capacidad de esta planta para crecer en terrenos difíciles y convertirse en garantía de sustento para numerosas familias.
En este sentido, el artista destaca la potencia de germinación de la yuca por colillos, estacas, esquejes o semillas, como llaman los cultivadores al pedazo de tallo que se siembra para que surja otra planta. “Esto refiere a la generosidad de esta planta que crece casi en cualquier terreno y sin mayores cuidados, para garantizar el sustento diario en la mesa del campesino”.
Arte contemporáneo inspirado en la vida campesina
El artista recalca que para desarrollar esta obra fue fundamental el dialogó con los cultivadores de yuca en Rionegro, quienes le suministraron una planta recién arrancada y le contaron sobre el cultivo.
“También fui invitado por don José Martínez, un bogotano que vive en Curos, donde cultiva yuca para su sustento familiar. Él me suministró la mata de yuca Armenia o moradilla, de la cual se pintaron las yucas de la pintura pequeña y se tomaron los tallos a sembrar en sala", relata.

La exposición tiene un componente profundamente personal. Según el artista, la pieza también es un homenaje a sus padres, quienes fueron campesinos cultivadores de Yuca en Rionegro.
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Finalmente, el 8 de mayo se inauguró la exposición con un conversatorio en el Patio Español de la UIS Bucarica, con la participación de un campesino que detalló aspectos importantes y secretos sobre la yuca, junto al biólogo Javier Pinzón, profesor de la UIS.
De esta manera, se hace un reconocimiento al conocimiento tradicional que rodea la siembra y cultivo de la yuca. “Es una obra que explora los intereses espaciales y simbólicos de la pintura en expansión en un contexto del arte contemporáneo, pero al mismo tiempo es una exaltación a esta planta y producto maravilloso en nuestra cultura”, describre Toloza.
Esta obra se presentó en el Socorro en la capilla de la Inmaculada concepción durante la celebración del Bicentenario por parte del entonces Ministerio de Cultura. Luego fue expuesta en la Bienal de Santa María Rio Grande do Sud, en Brasil, por parte del curador Santiago Rueda.
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