Las Santandereanas
Martes 14 de julio de 2026 - 01:13 AM

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander

La actriz, directora, dramaturga y docente Susana Ortiz ha consolidado desde Bucaramanga una trayectoria dedicada al teatro, la memoria y las experiencias de las mujeres. A través del Colectivo Artístico Las Tres Gracias, ha promovido el liderazgo femenino en la escena santandereana y ha llevado al escenario temas como la maternidad, el encierro, el envejecimiento y la identidad.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Susana Ortiz quería sacar todas las sillas del salón.

Estudiaba en un colegio religioso y debía organizar uno de esos espectáculos que se presentaban frente a las compañeras. Pero no le interesaba repetir la función de siempre: unas estudiantes actuando al frente y las demás sentadas en filas, mirando desde el mismo lugar.

Ella quería cambiar el espacio.

“Cuando recuerdo cómo era en el colegio, pienso que a mí me encantaba armar espectáculos gigantes. Hacíamos esos shows de cualquier cosa, pero a mí se me ocurría que había que sacar todas las sillas del salón o del aula magna y crear un espacio donde las compañeras espectadoras tuvieran una experiencia diferente. Siempre me interesaron el cuerpo y esas experiencias que se pueden tener desde el teatro con los otros, esos momentos extracotidianos en los que podemos reinventarnos, renovarnos y sentirnos con los demás”.

En ese momento no sabía que terminaría dedicando su vida al teatro. Tampoco que aquella necesidad de mover las sillas era una primera forma de dirección escénica.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

Solo sabía que algo ocurría cuando un cuerpo abandonaba su posición habitual y ocupaba el espacio de otra manera.

Su nombre completo es María Susana Concepción Ortiz Córdoba. Es artista escénica, psicóloga, investigadora y docente. No nació en Santander, pero llegó al departamento cuando tenía dos años. Creció en Bucaramanga y aquí construyó su vida familiar y la mayor parte de su carrera artística.

Por eso no duda cuando le preguntan si se considera santandereana.

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“Siempre he tenido, en mi relación con la cultura santandereana, cierta distancia que me permite la cultura de mis padres. Mi padre es de origen boliviano y mi madre es bogotana. Estuve un tiempo en Bogotá cuando estudié Psicología, pero el resto de mi vida familiar y de mi carrera artística realmente se ha asentado en Bucaramanga”.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

Esa procedencia familiar le permitió crecer dentro de la cultura regional y, al mismo tiempo, conservar una posición desde la cual podía observarla. Susana aprendió a reconocer los gestos, las palabras, las fortalezas y las contradicciones de la sociedad santandereana.

“Crecí siendo parte de este contexto y de esta cultura que nos construye y nos define como mujeres. También creo que esa cultura nos plantea una responsabilidad como mujeres en esta época. Tal vez he podido reconocerla precisamente porque he tenido cierta distancia frente a ella y porque pude compartir aquí lo que aprendí durante mi viaje por Bogotá y mi encuentro con grupos teatrales y artísticos nacionales”.

Dentro de su casa, las formas eran distintas a las que encontraba afuera. Su familia hablaba con un tono bajo. Los modales eran tranquilos. En las calles de Bucaramanga, en cambio, descubrió el volumen alto, las manos que acompañaban las palabras y la vehemencia con la que las personas defendían una posición.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

“Nuestros modales en el hogar eran diferentes. Por fuera, para mí era sorprendente el volumen de la voz y el nivel de fuerza con el que se expresaban las personas. Pero ese manotear, ese hablar con vehemencia y esa forma tan directa también se convirtieron en parte de mí”.

Aprender a usar esa voz fue una conquista.

“Me ha tocado ganarme la posibilidad de tener una voz muy presente, firme, clara y directa para llegar a conversaciones con mi grupo, tomar decisiones y hablar con mis compañeros de trabajo. Esa fuerza que tenemos como cultura me parece valiosa y quisiera que pudiéramos seguir cultivándola, pero con mucho respeto hacia la diferencia, que tal vez es lo más difícil”.

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Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

El camino que no parecía posible

Desde pequeña, Susana practicó danza. El cuerpo fue su primer territorio de exploración. Sin embargo, durante las décadas de los ochenta y noventa, imaginar el arte como una profesión no era una decisión sencilla.

“No era un camino que estuviera puesto delante de una. Incluso hoy, cuando alguien quiere ser artista, todavía no es una posibilidad completamente abierta. Sin embargo, ahora puedo entender que este era mi camino desde niña”.

Susana viajó a Bogotá para estudiar Psicología. Las preguntas que llevaba consigo no desaparecieron durante la carrera. Continuó bailando y se acercó a grupos artísticos nacionales hasta encontrarse con el teatro.

“El teatro tiene algo que lleva a muchas de las personas que lo experimentan a permanecer en él. El teatro nos pertenece a todos porque es parte de lo que nos construye y nos constituye como seres humanos frente a los demás. La manera como me presento, lo que permito ver de mí, cómo estoy vestida, la edad que tengo y las opciones que he tomado ya determinan un teatro”.

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Para Susana, el teatro está presente en la vida cotidiana, en la forma como una persona ocupa un lugar, conversa, se muestra ante las demás o intenta ocultar una parte de sí misma.

En Bogotá aprendió a actuar. Cuando regresó a Bucaramanga entendió que no le bastaba con representar personajes escritos por otras personas.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

“Empecé a encontrar que tenía la necesidad no solo de actuar, que ya lo había descubierto en Bogotá, ni solamente de actuar para otros. Tenía una necesidad enorme de expresarme como mujer, y el teatro me dio esa oportunidad”.

Sus preguntas comenzaron en el terreno personal: la maternidad, la relación con su madre, la memoria de sus ancestras, la familia, el envejecimiento y la posibilidad de tomar decisiones sobre su propia vida.

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Pero pronto comprendió que esas preguntas no eran únicamente suyas.

“Sí he partido de preguntas muy personales, pero son preguntas que están enraizadas en quién soy como mujer santandereana, en quién soy como mujer de esta edad y en lo que significa ser madre en esta sociedad. También me hago preguntas sobre mis ancestros, sobre mi madre y sobre la dificultad que todavía existe para tener una voz propia, incluso dentro de la familia”.

Para Susana, hay conversaciones que la sociedad apenas ha comenzado a sostener. Una de ellas parece sencilla, pero toca uno de los mandatos históricos impuestos a las mujeres: decidir si desean o no ser madres.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

“A pesar de que hoy existe un espacio más amplio para conversar, todavía hay temas tan básicos como preguntarse si una mujer quiere ser madre o no quiere serlo que necesitan ponerse en juego. Esas conversaciones siguen siendo necesarias. Y qué mejor lugar para hacerlo que el teatro”.

Con los años, Susana también comenzó a observar cómo se distribuían las responsabilidades dentro de la escena regional.

Había actrices. Había personajes femeninos. Había historias sobre mujeres. Sin embargo, la dramaturgia, la dirección y las principales decisiones artísticas estaban ocupadas en gran medida por hombres.

“Sabemos que en nuestra región existen muchas narrativas sobre lo femenino y sobre la mujer en la historia. Sin embargo, particularmente en el teatro, esas narrativas han sido construidas mayoritariamente desde una visión masculina o bajo una dirección masculina. A nosotras nos interesaba poner en escena nuestras propias vivencias y nuestra propia visión estética”.

De esa necesidad nació el Colectivo Artístico Las Tres Gracias, un proyecto teatral liderado por mujeres desde Bucaramanga. Su trabajo ha unido la creación escénica con la investigación, la música, la memoria y la pedagogía.

La propuesta era clara: las mujeres no podían continuar siendo únicamente parte del reparto de una producción. También debían escribir, investigar, dirigir y tomar las decisiones.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

“Hemos desarrollado el colectivo desde el liderazgo femenino porque surgió de la necesidad de favorecer que nosotras, como artistas, fuéramos algo más que el reparto de una producción. Queríamos ser quienes encarnáramos la toma de decisiones y quienes pudiéramos construir las obras desde nuestras experiencias”.

En Las Tres Gracias sus integrantes pueden cambiar de responsabilidad entre una producción y otra.

Susana ha desarrollado buena parte de la dramaturgia, pero sus compañeras también han dirigido los montajes. Esa rotación es una manera de compartir el conocimiento y de cuestionar las estructuras verticales dentro de los grupos artísticos.

“Somos una estructura flexible en la que buscamos que las mujeres que tienen liderazgo puedan rotar por los diferentes roles. Este no es un proyecto exclusivamente mío. He desarrollado buena parte de la dramaturgia, pero no he sido la única directora. Mis compañeras también han dirigido porque de eso se trata: de construir un ejercicio solidario y de sostener el sueño de tener un colectivo de teatro independiente liderado por nosotras”.

Mantener un grupo independiente, sin embargo, implica mucho más que crear una obra. Hay que buscar recursos, participar en convocatorias, encontrar lugares para ensayar, gestionar escenarios y conseguir que los montajes circulen.

Las Tres Gracias ha recibido estímulos y reconocimientos por su trabajo, pero Susana insiste en que la continuidad de estos procesos no debería depender exclusivamente del esfuerzo personal de las artistas.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

Las mujeres de Santander sobre el escenario

Las obras en las que ha participado Susana Ortiz no hablan de una idea abstracta de la mujer. Se ocupan de experiencias concretas: el encierro, la maternidad, el envejecimiento, los vínculos entre madres e hijas, la memoria y las decisiones tomadas en medio de las presiones familiares y sociales.

En Desde el silencio, Las Tres Gracias llevó al teatro las experiencias de mujeres privadas de la libertad. La obra abordó el encierro, la maternidad, el estigma y los efectos que la prisión produce sobre las relaciones familiares.

El montaje puso el foco en mujeres que, con frecuencia, son presentadas únicamente como cifras o expedientes. En el escenario recuperaron un cuerpo, una historia y una voz.

Otra parte importante de la trayectoria de Susana fue la adaptación teatral de Sabor a mí, novela de la periodista y escritora santandereana Silvia Galvis.

En la historia, dos adolescentes observan la vida familiar, social y política de la Bucaramanga de los años cincuenta. A través de ellas aparecen la educación diferenciada, los mandatos impuestos a las mujeres, las apariencias familiares y las estructuras de privilegio de la época.

Al llevar la novela al teatro, Susana puso a dialogar a dos generaciones de creadoras y permitió que una parte de la memoria de Santander abandonara las páginas del libro para convertirse en voz, movimiento y presencia.

En otros montajes ha explorado la relación entre madres e hijas, la memoria corporal, la maternidad idealizada y los cambios que atraviesan las mujeres con el paso del tiempo.

Las preguntas que sostienen esas obras son íntimas, pero tienen una dimensión colectiva: qué se hereda entre las mujeres de una familia, quién decide sobre sus cuerpos, qué ocurre cuando envejecen y por qué la maternidad continúa presentándose como una experiencia uniforme, sin contradicciones ni desigualdades.

Susana no busca cerrar esas preguntas.

Las pone frente al público.

Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA
Susana Ortiz, la actriz y directora que impulsa el teatro hecho por mujeres en Santander. Foto suministrada/VANGUARDIA

La fuerza y la ternura

Para crear una obra hay que escuchar, negociar, compartir, ceder y confiar en las demás personas. Cada integrante del equipo de Susana debe reconocer que su trabajo afecta el resultado común.

“El teatro es un escenario fabuloso para la construcción de paz y comunidad. Desde la infancia es un espacio en el que podemos reconocernos, preguntarnos qué queremos ser y jugar a asumir diferentes roles. Podemos tener la fantasía de ser una persona aventurera y construir otros mundos. Esa capacidad no muere en la infancia: se sigue desarrollando desde el teatro”.

Cada personaje representa para ella una posibilidad de vida. Al asumir otro rol, una persona puede mirar el mundo desde una perspectiva diferente y comprender que su manera de vivir no es la única posible.

“Nos une la pasión y ese motivo enorme que surge de la capacidad de construir historias, emociones, formas de comunicación y mundos posibles”.

Esa posibilidad de construir mundos también implica aprender a escuchar las voces que históricamente han sido relegadas.

Susana valora la firmeza que ha encontrado en la cultura santandereana, pero sostiene que la fuerza pierde su sentido cuando se utiliza para acallar a otras personas.

“Podemos tener voz y mucha fuerza, pero esa voz y esa fuerza tienen que estar acompañadas de mucha ternura y bondad. Lo necesitamos para permitirnos hablar con voz de mujer, pero también para escuchar voces diversas, las voces de la infancia, de las personas mayores y de todas las comunidades”.

Susana Ortiz lleva años sosteniendo esa conversación desde Santander.

Lo hace cada vez que escribe una obra, dirige un grupo, interpreta un personaje o transforma una pregunta personal en una experiencia compartida.

Lo hace también cuando una mujer deja de ser únicamente el personaje de una historia y se convierte en la persona que la escribe, la dirige y decide cómo quiere ser mirada.

Y lo sigue haciendo lo mismo: mover al público de su lugar.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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