La ilustradora santandereana Liz de Júpiter convierte emociones como la rabia, el miedo y la tristeza en paisajes visuales para Mente calma kids, un libro que también abre camino a nuevas creadoras.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Cuando era niña, me habría gustado encontrar un libro o una imagen que me ayudara a entender eso que una siente y no siempre sabe explicar. Sobre todo, la rabia: esa emoción que en la infancia aparece con fuerza y que muchas veces los adultos castigan, mandan a callar o confunden con mala conducta.
Pero la rabia también tiene nombre, forma y temperatura. Tal vez por eso me detuve en una ilustración de “Mente calma kids”, el libro que la neuróloga Vanessa Benjumea, conocida como Doc Vane, creó en coautoría con la ilustradora santandereana Liz de Júpiter. En la imagen, una niña, o un niño, porque podría ser cualquiera, mira junto a su mascota la erupción de un volcán. La escena, del cuento “El volcán de la rabia”, dice sin demasiadas palabras que una emoción también puede tener paisaje.
Liz ha construido un universo propio entre criaturas mágicas, plantas y mundos fantásticos. Ahora, de la mano de Penguin Random House, sus dibujos hacen parte de un libro que les habla a niñas, niños y familias sobre algo tan simple y tan difícil: qué hacemos con lo que sentimos.

Por estos días, Liz lleva el libro a “El Dibujario”, el taller comunitario que fundó junto a Dany Raios en Bucaramanga. Allí se dibuja, se conversa y se crea sin miedo al error. Para muchas de las jóvenes que participan, ver el libro en sus manos no fue solo ver una publicación: fue ver una posibilidad.
“Fue demasiado interesante, demasiado inspirador para las chicas que están allá”, cuenta Liz.
La convocaron por algo muy suyo: esa forma de dibujar mundos fantásticos, llenos de vegetación, donde la naturaleza parece salirse de la página. Para ella, la invitación tuvo algo de personal y simbólico: era su primer trabajo con una editorial tan grande, y no la llamaron al azar, sino por una estética construida con paciencia.
“El haber sido llamada específicamente por mi trabajo fue algo que primero me hizo sentir muy especial”, dice.
Hay algo que se reconoce de inmediato en su obra: Liz ha creado un lenguaje visual donde la naturaleza no decora, sino que habla. En “Mente calma kids” la rabia, la tristeza, el miedo o la culpa se vuelven imágenes que una niña o un niño puede mirar para entender lo que todavía no sabe decir.
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A veces una imagen llega antes que una definición.
La publicación también abre otra conversación: la visibilidad de las mujeres en la cultura. Liz sabe que muchas artistas han tenido obra, talento y oficio, pero no siempre las herramientas ni la confianza para mostrarse. Por eso este libro habla también de las que vienen detrás: de las chicas del club de dibujo que ven en una publicación nacional la prueba de que una artista de su entorno también puede llegar allí.
“Me parece muy importante porque yo dirijo un club de dibujo, un espacio de semillero de creación literario ilustrado”, explica.
Y ahí hay una clave: Liz no dibuja sola. Aunque ilustrar implique horas de silencio, su obra está conectada con una comunidad: con lo que ella imagina y con lo que otras empiezan a imaginar al verla.
En la ilustración y las artes gráficas, Santander también empieza a mostrar una escena más visible. Junto a Liz de Júpiter aparecen nombres como Daniela Barreto, Paloma Carreño Galvis y Valentina Flórez López, creadoras bumanguesas que trabajan desde la ilustración editorial, los proyectos colectivos, la literatura y lo audiovisual.
La lista pretende sino recordar que la escena existe, aunque muchas veces haya que buscarla con paciencia. Porque el problema es la falta de circulación, publicación y reconocimiento.
Liz lo ha sentido así. En Bucaramanga no siempre ha encontrado referentes locales suficientes en la ilustración, pero en Colombia nombres como Lorena Álvarez y Alejandra Ruiz le han servido de brújula.
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Antes de llegar a Penguin Random House con “Mente calma kids”, Liz ya había publicado “No puedo, ¡estoy ocupada!”, libro álbum ganador de la convocatoria departamental Cultura con Berraquera 2025. Allí cuenta la historia de Ana, una niña que carga responsabilidades adultas y encuentra en la escuela un lugar para volver a ser niña.

En “Mente calma kids”, el reto fue distinto: poner su universo visual al servicio de un libro sobre emociones. Allí la rabia puede ser un volcán; la tristeza, una lluvia; el miedo, una tormenta. Y quizá por eso la llamaron: porque en los dibujos de Liz lo emocional tiene raíces, sombras, humedad y brotes.
Para ella, trabajar con una gran editorial confirmó que su obra puede dialogar con circuitos más amplios y también le despertó un sueño propio: publicar un libro escrito e ilustrado por ella.
“De pronto, en un futuro muy próximo, tener un libro publicado también con Penguin Random House, pero de pronto escrito e ilustrado por mí”, dice.
Liz de Júpiter ya dio un paso importante por lo que ese gesto produce en otras: en las chicas del club, en las ilustradoras que empiezan y en las mujeres que todavía dudan si su trabajo merece verse en grande.














