domingo 26 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Familias desgarradas, lo que ha dejado el fenómeno de la inmigración en Estados Unidos

El presidente Donald Trump ha sido capaz de unificar a las bases de su partido Republicano en torno a la inmigración, con una bandera electoral.

Una vez Donald Trump juramentó como presidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 2017, se puso manos a la obra para combatir la inmigración ilegal, enarbolando una política de “cero tolerancia”.

Construir un muro fronterizo, frenar el ingreso de personas de países musulmanes, endurecer los requisitos de asilo, reducir la cuota anual de refugiados, separar a las familias, enjuiciar a los infractores primerizos por ingresar al país ilegalmente, habilitar centros para detener a indocumentados o desplegar tropas a la frontera sur con México. Estas han sido algunas de las medidas, vía acción ejecutiva, que Trump ha implementado, en el marco de su posición de “mano dura”.

Sin embargo, en un radical giro a lo que ha sido la política migratoria norteamericana, ha cambiado las reglas de juego. Ahora, ha incorporado el término “mérito” para admitir a los extranjeros al país, sistema similar que se aplica en países como Australia o Canadá.

Los requisitos abarcan desde otorgar visas basado en la cualidad profesional, el dominio del inglés, ofertas de trabajo o edad, hasta invertir mayores fondos para la frontera. Pero para nada contempla un alivio a los “Dreamers” o los beneficiarios del TPS (Estatus de Protección Temporal) e ignora por completo a los cerca de 11 millones de indocumentados que viven en ese país.

Luis Sánchez, profesor asociado de la Universidad de Los Andes, cataloga la propuesta como preocupante y algo peligrosa, porque anteriormente todo ha sido un fuerte discurso mediático, ahora cambian de una forma radical las reglas del Gobierno estadounidense para recibir inmigrantes, donde se privilegian edades y educación.

Es más, con este plan, agrega: “de entrada está privilegiando los países sajones al menos de habla inglesa, y estarían entonces relegando por ejemplo a todos los latinoamericanos”. Además observa que a los estudiantes extranjeros también les va a resultar más difícil permanecer en ese país.

Si bien el plan de Trump tiene pocas posibilidades de ser aprobado en el Congreso, donde la mayoría demócrata en la Cámara liderada por Nancy Pelosi, ya ha expresado rechazo.

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Discriminación

La idea no es nueva. Suelen Castiblanco, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, recuerda que en algunos momentos de la historia en EE.UU. se ha propuesto, y advierte que el riesgo claramente es que puede volverse una herramienta de discriminación para la población migrante.

En definitiva, opina que no va a mejorar la situación de los migrantes ilegal en Estados Unidos ni ayudará a combatir la migración ilegal, especialmente porque mientras se promueve este tipo de plano, se le empiezan a quitar recursos a los planes de estabilizaciones de los países de Centroamérica, que en este momento son los que más están migrando.

“Es muy complicado una política migratoria que solo esté conformada por garrote y nada de zanahoria, que haga que la gente siga migrando siempre y cuando las situaciones de sus países no se estabilicen”, recalca Castiblanco.

A nivel interno, varias decisiones de la Administración Trump también han tenido un impacto en materia de derechos humanos.

Según María Teresa Palacios, directora del Grupo de Investigación en Derechos Humanos de la Universidad del Rosario, una de las medidas más lesivas han sido los despidos masivos de inmigrantes en los hoteles de propiedad de Trump, “lo que ha demostrado que mucha de la mano de obra no es bien vista a la luz de su gobierno”.

Negar la tarjeta de residente permanente a aquellas personas que usen algún servicio público de asistencia, como alimentación o salud, anota Palacios.

“Los pone entre la espada y la pared a ponerlos a elegir”, comenta.

Igualmente cita la campaña publicitaria, de carácter disuasiva, que se implementa en EE.UU., para que por ejemplo los ciudadanos de Guatemala no viajen y se les advierte sobre los peligros, como las redes de tratantes o traficantes de personas.

A Palacios también le preocupa los traumas que han venido presentando los niños que han sido separados de sus padres, y fueron detenidos en la frontera sur, recluidos en centros de detención, así como las violaciones flagrantes a los derechos humanos.

“El efecto negativo que esto va a tener a nivel mundial, es enviar un mensaje a todos los países de que la migración es un hecho negativo, no es un hecho natural de los individuos, y casi que se está equiparando a la comisión de un delito”, lamenta Palacios.

Otra lectura del tema la tiene Mauricio Palma, investigador y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, quien destaca que el presidente Trump ha sido muy inteligente en poner los temas migratorios en la agenda, de una forma muy abierta y muy polémica.

Aunque reconoce “que cuando se mira la realidad, todo ha sido muy difícil porque sigue dependiendo de las negociaciones en el Congreso”.

Es decir, dice que Trump hace “mucho ruido, pero un ruido bien hecho”, dirigido a la base de sus votantes y a los políticos con los que ha hecho coaliciones.

Incluso, considera que el presidente republicano “es un mago para instrumentalizar lo de la caravana de los migrantes o el muro”, pero aclara que los progresos normativos en el Congreso están parados, mucho más difícil ahora con el enfrentamiento con Pelosi en la Cámara Baja.

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Estrategia política

Todas estas medidas de carácter migratorio, según Palma, están perfilando lo que se viene el otro año con la mirada puesta en las elecciones y la posible reelección de Trump.

Sánchez apunta en ese sentido, que el tema migratorio ha sido una “forma de estrategia política” por parte de Trump.

Para su base republicana más conservadora, es un tema que moviliza, que se traduce en apoyos y votos.

“Con un discurso duro sobre los inmigrantes, y también su posición antimigración, ha encontrado eco entre la base conservadora republicana y ha sabido capitalizarlo a nivel político”, argumenta el docente de la Universidad de Los Andes.

A su turno, Castiblanco pronostica que se espera un año complicado en términos de las políticas del gobierno estadounidense.

“Huawei es una muestra clara de todo lo que Trump está dispuesto a hacer por ganar la reelección y profundizar la guerra comercial es una estrategia política, maneja un discurso nacionalista hacia el interior del país que tan buenos resultados le dio en la campaña pasada y lo va seguir manteniendo”, asegura la experta.

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