martes 10 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

La era Fernández

Argentina se ha acostumbrado a estar en crisis constante desde hace décadas. La devaluación de la moneda y la inflación se han convertido en los mayores quebraderos de cabeza de los gobiernos de turno.
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Dudas y certezas. Así se puede resumir el nuevo gobierno argentino, cuando a partir de hoy Alberto Fernández asuma las riendas, en los próximos cuatro años, de un país que se debate en un círculo vicioso de pobreza, recesión, inflación y endeudamiento.

Todas las miradas están puestas en la asunción del presidente peronista, quien deberá clarificar a través de un plan de gobierno sus medidas para revertir los indicadores negativos y, eliminar en su gestión el espejo retrovisor de su antecesor, el derechista Mauricio Macri.

Sin duda, la economía es la preocupación de mayor peso en Argentina. Sus ciudadanos necesitan confianza, estabilidad y credibilidad. Y el nuevo mandato de Fernández, quien tendrá a los dos veces presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner como su vicepresidenta, tendrá que asumir el gran reto.

Pero el panorama económico y social no es para nada envidiable.

Argentina, la tercera economía de América Latina, sufre una de las inflaciones más altas del mundo que ronda el 55%, una profunda recesión y una deuda que se ha vuelto impagable, cercana a los 100.000 millones de dólares, incluyendo los 44.000 millones que el país ya recibió del FMI como salvavidas financiero. Eso, sin contar los enormes problemas sociales: desempleo y pobreza.

En ese contexto, Felipe Ruiz, un bumangués que vive en Buenos Aires desde 2014, opina que “en Argentina se percibe mucha incertidumbre con respecto a lo que se viene”, especialmente por los cambios y reformas en materia económica.

La gran expectativa, según afirma, es que Fernández llega a la Casa Rosada al frente de una coalición que agrupa al peronismo y sectores de la izquierda, lo que será completamente distinto a lo que había implementado Macri, quien apostó por una política económica no exenta de críticas.

A su modo de ver, Macri quiso hacer las cosas bien, llevar al país a una senda de crecimiento sostenible, pero no pudo concretar su programa de gobierno, “porque Cristina le dejó un país prácticamente saqueado, con una economía tambaleante” y unas cifras macroeconómicas “falsas y maquilladas a su convivencia”.

Ruiz, quien estudió Licenciatura en Administración Hotelera y trabaja actualmente en la capital argentina, considera que el gran problema del país es el gasto público, la inflación y la falta de una estabilidad económica, lo cual no es saludable para la economía.

Se refiere también al problema del dólar. “A partir del corralito del 2001, la gente no confía en la moneda local, el peso, debido a su devaluación constante... entonces, esto ha hecho que haya una gran demanda de dólares”, dice.

“Cristina la mantenía oculta con cifras maquilladas y con un cepo en el tema de control cambiario, y Macri cuando ejerce la Presidencia corta el cepo y empieza a costear con el Banco Central toda la demanda de dólares y este se empieza a incrementar”, según comenta.

Ruiz lo ilustra de la siguiente forma: cuando Macri llega a la Presidencia en 2015 un dólar se cotizaba a 12 pesos. Actualmente se negocia en el centro de Buenos Aires a 67 pesos, es decir el peso tuvo más de 300% de devaluación.

A su juicio, el kirchnerismo solo “se dedicó a darle palo a Macri”, que si bien fue un presidente de buenas intenciones, “a la final perjudicó a los ciudadanos y ellos se la cobraron caro, y volvieron a votar por el candidato de la izquierda”.

No cree tampoco que la sombra de Cristina Fernández, quien tiene abiertas varias causas judiciales especialmente por el delito de corrupción, será un problema para el nuevo presidente.

“Dicen que Alberto Fernández es un político con carácter, establecido y muy capaz, la gente quiere creer que él va a gobernar y no Cristina, porque ella es vista como muy corrupta”, sostiene este santandereano residente en Argentina.

Grieta ideológica

Ahora bien, Jorge Hirschbrand, periodista argentino y director del diario El Sol, de la ciudad de Mendoza, describe que la realidad del país está vinculada con la memoria emotiva de los argentinos.

En otras palabras, explica que tiene que ver con la cantidad de veces que diferentes gobiernos han tomado políticas financieras que perjudicaron siempre a la clase media y al pequeño ahorrador.

“Entonces la costumbre es ahorrar en dólares y comprar en dólares. Y la consecuencia es inmediata: devaluación fuerte del peso y posterior inflación”, recalca.

De igual manera, señala que cuando se habla de crisis social argentina, se habla una grieta ideológica donde básicamente hay dos bandos: macrismo y kirchnerismo.

Fernández no es un político que haya despertado simpatías por sí solo, sino que fue más una gran jugada de Cristina Fernández para armar una lista de unidad dentro del peronismo, insiste.

En cuanto al macrismo, el periodista argentino subraya que el presidente saliente hizo todo mal, al recordar que ganó con un fuerte apoyo de la clase media, media baja y alta, sin embargo gobernó para ver si podía seducir a las clases bajas, que están identificadas históricamente con el peronismo.

“Y en ese afán descuidó a su votante y al volátil, que no está comprometido ideológicamente con uno u otro partido”, agrega en ese sentido. Como resultado, Argentina es hoy por hoy un país muy polarizado.

Para Hirschbrand, Alberto Fernández no tiene el poder y por ello, tiene que empezar a construir. De hecho, enfatiza que en la constitución de su gabinete, tuvo que retirar nombres que sonaban para ministros por pedido de Cristina Fernández.

“Lo que significa que no tiene el poder real más allá de lo simbólico, toca ver en los primeros meses cómo empieza a construir su propio destino, a construir su propia gestión”, argumenta.

En términos económicos, Jorge Iván Cárdenas, economista de la Universidad de La Salle, expone que el tema es bastante quirúrgico.

Primero, remarca, porque debe generar la confianza suficiente con los mercados internacionales, en especial con el Fondo Monetario Internacional, FMI, con quien adquirió una abultada deuda.

En ese sentido, destaca que es clave poder cerrar la grieta local que se produjo en la campaña electoral, luego fortalecer los puentes con los países de la región y no cerrarse a negociaciones con Estados Unidos.

Luego de la confianza, Cárdenas plantea que es vital que el nuevo gobierno pueda hacer reestructuraciones a la deuda que le permita atraer la inversión, mantenga el peso alrededor de los 60 pesos por dólar, flexibilizar el gasto local e impulsar el crecimiento.

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