sábado 03 de octubre de 2020 - 12:00 AM

¿Qué viene tras el diagnóstico de COVID-19 de Trump?

El escenario con un presidente estadounidense contagiado con la COVID-19, que no ha tomado en serio la pandemia, y que aspira a la reelección, añade más tensión a una campaña electoral atípica en Estados Unidos.
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No podía ser el peor de los escenarios de una campaña presidencial: Pandemia, un presidente candidato contagiado y hospitalizado. Toda una situación inédita, donde el futuro es impredecible a 30 días de las elecciones en la primera potencia mundial.

El mandatario estadounidense Donald Trump terminó sucumbiendo a los efectos del “virus chino”, que tanto subestimó.

Desoyó los criterios científicos, desacreditó en muchas ocasiones a sus propios expertos médicos, recomendó tratamientos ineficaces, puso en tela de juicio la eficacia del tapabocas, e incluso se burló de su rival demócrata Joe Biden por usar mascarilla.

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Convirtió la pandemia en un asunto político, cuando era una cuestión de salud pública. El costo que ha pagado el país ha sido muy alto. Más de 200 mil estadounidenses han muerto a causa de la enfermedad.

El diagnóstico positivo de Trump, sin lugar a dudas, constituye todo un símbolo de la crisis por la pandemia en este país, el primero en número de contagios en el mundo.

El poder no da inmunidad, y eso bien lo sabe el presidente norteamericano, que se convirtió el pasado jueves en una estadística más de los 7,3 millones de infectados de COVID-19 en EE.UU. reportados hasta ayer.

Es una noticia fuerte para la reelección de Trump, resume Suelen Castiblanco, investigadora y docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle.

Basa su argumento en que Biden podría aprovechar esta oportunidad para señalar como en varios momentos Trump minimizó la COVID-19, y sin embargo, ahora resulta que se infectó, lo mismo que su esposa Melania.

Es decir, “señalar los errores de cálculo de Trump en la gestión de la pandemia, que han hecho que Estados Unidos sea el país con más muertes por el virus”, recalca Castiblanco.

Sumado a ello, destaca lo inoportuno del momento.

“Es muy complejo a menos de dos meses de unas elecciones muy particulares en la forma en que se van a hacer las votaciones”, sostiene, pero agrega que además va a implicar que Trump no podrá hacer proselitismo durante unas tres semanas.

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En ese orden de ideas, Castiblanco explica que Trump tiene un discurso muy fuerte que le llega a su electorado más radical, que le gusta verlo en sus mítines, y al estar fuera de campaña durante varias semanas, habrá que esperar si esto repercutirá negativamente.

A David Castrillón, profesor e investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, le preocupa que el presidente Trump haya sido hospitalizado ayer.

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“Que no lo haga en la Casa Blanca, sino en el hospital es porque lo necesita, preocupa mucho, la verdad”, comenta el experto.

Aunque considera que al final puede ser un caso como el de Boris Johnson, primer ministro británico, que aunque estuvo en cuidados intensivos con hospitalización en marzo pasado, se recuperó.

Su enfermedad es un golpe más a su imagen, apunta Castrillón, refiriéndose a los resultados de sus documentos tributarios a inicio de esta semana, los cuales muestran que Trump no es un hombre de negocios tan exitoso.

Camilo Cruz, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad Pontificia Bolivariana, opina que no deja de ser una situación inesperada y en un tiempo político muy complejo que plantea muchas incertidumbres.

Lo primero, resalta, es saber qué tan grave es la enfermedad. Trump tiene el perfil de población en alto riesgo: 74 años y con sobrepeso.

Menciona que lo que se sabe hasta ahora es que suspendió eventos 15 días, cuando “la campaña es muy importante para asegurar los votos del colegio electoral”.

El factor humano también incide en la votación, añade Cruz, quien asegura que un candidato enfermo puede tener diversas apreciaciones, como empatía del electorado o, un posible bloqueo de una campaña más agresiva por parte de Joe Biden.

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