martes 04 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Qu’est-ce que c’est

El aumento en el precio del combustible fue solo la chispa que avivó el descontento social que crece en Francia, frente a las políticas liberales del presidente Emmanuel Macron, quien se encuentra bajo gran presión y que incluso, amenaza su cargo.
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La peor crisis desde su llegada al Palacio del Elíseo, hace 19 meses, enfrenta el presidente francés Emmanuel Macron, quien pasó de ser un hábil y carismático político al más impopular de sus antecesores.

París fue escenario de los disturbios más graves en años, el pasado fin de semana, con escenas de auténtica insurrección popular, vehículos volcados e incendiados y detenciones masivas, que no se recordaban en la capital francesa desde mayo del 68 con la revuelta estudiantil.

En la calle se palpa la presión contra Macron cuyo catalizador ha sido el alza a los combustibles del 16%, pero que ha venido trasmutando en una ola más amplia de rechazo a las reformas impopulares que implementa el líder centrista, y que solo han erosionado su imagen y minado su legitimidad.

Y en el centro de estas manifestaciones están “los chalecos amarillos”, nombre muy simbólico si se tiene en cuenta que es la indumentaria fosforescente obligatoria en los automóviles.

Un movimiento social que ha saltado a la fama de forma espontánea como respuesta al aumento del precio del combustible, considerado una ofensa para la Francia periférica, rural de la clase media empobrecida.

“Personas que tienen que hacer largos trayectos para ir a trabajar a París, entonces el alza de los combustibles por razones fiscales y no de demanda, hace que esas personas se vean perjudicadas, no solo por el tema del transporte sino por el alza de toda la canasta familiar”, explica Manuel Alejandro Correal, profesor en Derecho Internacional de la Universidad Libre.

Subraya, que son personas que protestan de la periferia y que gozan de gran popularidad, ya que dos de cada tres franceses los apoyan.

Sigue la crisis de 2007

Además este movimiento, complementa Jaime Rendón, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, lo que muestra es el inconformismo y la angustia entre la gente más pobre de Francia.

El Gobierno “le está exigiendo a la gente más pobre un esfuerzo económico que no es capaz de asumir”, insiste el académico, tras recordar que aún Europa se mantiene en la crisis de 2007.

El resultado: sectores pobres y populares que se revientan y se lanzan a las calles con las connotaciones de desenfreno violento que ya se están conociendo y descolocan el gobierno de Macron, indica Rendón. Y según él, es un malestar que se ha extendido a las sociedades europeas.

En efecto, el profesor Correal dice que hay unas dinámicas que se replican en países como España y Grecia, entonces hay un tema social en la Unión Europea, que puede llevar a que la onda del movimiento social sea expansiva.

Falta de reacción

Lo que observa Yann Basset, docente de la Universidad del Rosario de Bogotá, es que hasta ahora Macron no había sido confrontado a un movimiento de estas dimensiones, y, “lo vemos realmente un poco perdido en su reacción en este momento”.

Otro factor es la salida en septiembre pasado del ministro del Interior, Gérard Collomb, uno de los aliados más cercanos del presidente Macron, que deja al Gobierno sin una dirección política clara frente a esos eventos.

Y esto explica la caída libre de la popularidad de Macron, que no supera el 25%, pero igualmente, su capacidad muy reducida para responder a esos movimientos y negociar con ellos.

Basset resalta en ese sentido que “toda su gobernabilidad reposaba en su imagen personal, de hombre joven, renovador y cuando falla, no tiene otras soluciones para conectar con las bases sociales del país”, al no tener un movimiento organizado que lo respalde.

Otra dificultad a la vista, opina, es que al Gobierno le queda complicado negociar con un movimiento que por su naturaleza rechaza los liderazgos, no está organizado, solo en redes, es decir no tiene un interlocutor para negociar.

Por su parte, Correal lo que advierte es un problema de gobernabilidad cuyo antecedente interesante es la revuelta de los “gorros rojos” que obligaron al gobierno de François Hollande (2012-2017) a eliminar un impuesto a los camiones para luchar contra la contaminación.

“Macron necesita abrir espacios de negociación no solo con los gremios y sindicatos, sino también con otros grupos sociales que están reivindicando derechos”, subraya.

Bajo las actuales circunstancias, Rendón considera por su lado que la crisis va a llevar al presidente Macron a replantear su gabinete y más que eso, replantear sus políticas conservadoras que quiere cargarle a la sociedad a punta de impuestos. Y es claro, que el costo de tal decisión de reversar varias medidas, le podría costar su credibilidad y liderazgo político.

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