Opinión
Viernes 06 de febrero de 2026 - 11:19 AM

¿Qué debería hacer un artista antes de soñar con un Grammy?

Reflexiones desde la historia de Bad Bunny y la ausencia colombiana en las categorías principales.

El rapero puertorriqueño Bad Bunny (c) recibe el premio al Álbum del Año en el escenario durante la 68.ª ceremonia anual de los premios Grammy en Los Ángeles, California. // Foto: Chris Torres - EFE
El rapero puertorriqueño Bad Bunny (c) recibe el premio al Álbum del Año en el escenario durante la 68.ª ceremonia anual de los premios Grammy en Los Ángeles, California. // Foto: Chris Torres - EFE

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Publicado por: María Camila RíosTangarife, Abogada NUMO GROUP.

¿Qué debería hacer un artista antes de soñar con un Grammy? La noche del 2 de febrero de 2025 quedará marcada en la historia de la música. En la 68ª edición de los Grammy, Bad Bunny logró un hito sin precedentes: su álbum Debí Tirar Más Fotos fue premiado como Álbum del Año, convirtiéndose en el primer álbum completamente en español en recibir este reconocimiento. Sin embargo, más allá del impacto cultural del premio, este triunfo pone sobre la mesa una discusión que suele ignorarse: el verdadero valor no está en la estatuilla, sino en quién es dueño de la música que la Academia celebra.

En efecto, detrás del éxito artístico de Bad Bunny existe una historia jurídica determinante. Antes de consolidarse como una superestrella global, el artista puertorriqueño entendió que la propiedad intelectual define quién se beneficia económicamente del éxito. Por ello, más que enfocarse únicamente en premios o visibilidad, libró una batalla legal estratégica para conservar el control de su obra. Esta realidad contrasta de forma directa con uno de los casos más paradigmáticos de la industria: el de Taylor Swift.

Durante los años comprendidos entre 2008 y 2017, Swift ganó 11 premios Grammy, incluidos tres Álbum del Año, mientras estaba vinculada al sello Big Machine Records. No obstante, cada galardón que recibía no fortalecía su patrimonio, sino el del sello, pues los contratos suscritos le otorgaban a este la propiedad de los másters. En consecuencia, cada reproducción en plataformas digitales, cada licencia comercial y cada sincronización publicitaria generaban ingresos que no iban a la artista, sino a terceros. Swift apenas percibía entre el 15% y el 20% de los ingresos totales, evidenciando cómo el éxito artístico puede coexistir con una pérdida de control económico.

Las Vegas (United States), 14/11/2025.- Colombian singer and songwriter Karol G attends the red carpet event for the 26th Annual Latin Grammy Awards ceremony at the MGM Grand Garden Arena in Las Vegas, Nevada, USA, 13 November 2025. The Latin Grammy Awards recognize artistic and/or technical achievement, not sales figures or chart positions, and the winners are determined by the votes of their peers-the qualified voting members of the academy. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH
Las Vegas (United States), 14/11/2025.- Colombian singer and songwriter Karol G attends the red carpet event for the 26th Annual Latin Grammy Awards ceremony at the MGM Grand Garden Arena in Las Vegas, Nevada, USA, 13 November 2025. The Latin Grammy Awards recognize artistic and/or technical achievement, not sales figures or chart positions, and the winners are determined by the votes of their peers-the qualified voting members of the academy. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

Posteriormente, cuando la artista intentó adquirir sus propios másters en 2019, estos fueron vendidos por 300 millones de dólares a Scooter Braun sin darle opción de compra. Frente a este escenario, Swift adoptó una respuesta jurídica contundente, regrabar sus primeros seis álbumes bajo el sello Taylor’s Version, recuperando así el control sobre su catálogo. Este episodio demuestra una verdad incómoda pero esencial: ganar Grammys no garantiza riqueza ni autonomía si no se es titular de los derechos.

Ahora bien, el recorrido de Bad Bunny ofrece un contrapunto revelador. Cuando firmó con Hear This Music en 2016, cedió los derechos de sus primeros másters mediante un contrato de cesión, como ocurre habitualmente con artistas emergentes sin capacidad de negociación. Sin embargo, a diferencia de muchos, comprendió rápidamente el impacto de esa cesión. Según Billboard, en 2022 renegoció sus condiciones contractuales para recuperar control creativo y la totalidad de los derechos económicos sobre su obra. Esta decisión, respaldada por asesoría legal especializada, marcó la diferencia entre un éxito momentáneo y la construcción de un imperio musical propio.

Conviene entonces aclarar un punto fundamental: la Academia no paga dinero al otorgar un Grammy. El verdadero efecto del premio es comercial. Un álbum ganador puede incrementar su valor en más de un 50% gracias al aumento en reproducciones, licencias y giras. Sin embargo, esos ingresos no llegan automáticamente al artista. Por el contrario, se distribuyen según la titularidad registrada en sociedades de gestión colectiva como Sayco y Acinpro en Colombia, así como según la propiedad del máster.

Además, los sellos tradicionales suelen retener entre el 80% y el 85% de los ingresos del máster. A esto se suma una distinción que muchos artistas desconocen: componer genera derechos de autor, mientras que interpretar genera derechos conexos. Es posible ser titular de uno y no del otro. Bad Bunny, al figurar como coautor de sus canciones, aseguró un doble control sobre su explotación económica.

En definitiva, ni Bad Bunny ni Taylor Swift llegaron a la cima solo por talento. Llegaron porque entendieron que en la industria musical se puede ser famoso y pobre, o famoso y dueño del negocio. La diferencia radica en las decisiones legales adoptadas desde el primer contrato. Por ello, antes de firmar una “gran oportunidad”, todo artista colombiano debería preguntarse si ese acuerdo lo acerca realmente al Grammy o si simplemente garantiza que, cuando lo gane, otro se quede con el dinero. Porque el Grammy celebra el arte, pero es el derecho el que decide quién vive de él.

Publicado por: María Camila RíosTangarife, Abogada NUMO GROUP.

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