Esta semana, Santander y el país hablan, respiran y viven petróleo. Bucaramanga es sede del XXIII Congreso Colombiano de Petróleo, Gas y Energía de ACIPET, que regresa al departamento 41 años después de haber nacido en Barrancabermeja. Bajo el lema “Cuna de la industria, motor del crecimiento energético”, el encuentro reúne a diferentes actores del sector para conversar sobre el presente y futuro de una industria que ha sido determinante para el desarrollo de nuestro país.
Y en este sentido, destaco que se siente un ambiente diferente alrededor de la industria petrolera. Hay expectativa. Hay interés. Se vuelve a sentir que existen posibilidades.
La conversación energética parece estar dejando de centrarse únicamente en cuánto tiempo le queda a esta industria, para empezar a preguntarse también cuánto puede aportar todavía al desarrollo del país. La seguridad energética, el gas, la necesidad de incorporar nuevas reservas hacen parte hoy de una discusión que vuelve a mirar hacia el petróleo y los hidrocarburos. Incluso, hay una palabra que vuelve a pronunciarse sin el temor de hace algunos años: fracking.
Por supuesto, no se trata de desconocer las discusiones ambientales, sociales o técnicas que existen y se deben dar alrededor de los yacimientos no convencionales. Se trata de entender que el país está nuevamente conversando sobre ellos y que hacerlo con rigor, información y responsabilidad es mucho mejor que evitar la conversación.
Y para regiones como el Valle Medio del Magdalena, como nos referencian en la industria, esta es una discusión muy cercana. Una nueva etapa de la industria puede significar empleo, oportunidades para nuestros proveedores, inversión, regalías y, al final, desarrollo para las comunidades que durante décadas han dependido directa o indirectamente de esta actividad.
Si bien hay comunidades que siguen teniendo objeciones, preguntas y necesidades, también existen posiciones a favor frente a la actividad petrolera. Lo importante es que estas conversaciones se den con argumentos, información y, sobre todo, con una mirada puesta en el desarrollo de los municipios.
Por eso, este es un gran momento para trabajar de la mano. Hay un Gobierno nacional que vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la seguridad energética; empresas que están reactivando sus intenciones de invertir y que, cada vez más, hablan de la necesidad de generar valor en los territorios; y comunidades que esperan que las oportunidades de esta industria también se traduzcan en bienestar para su gente.
Hoy tenemos la posibilidad de construir una relación diferente, más cercana y basada en objetivos comunes. Una relación que permita que los vientos que soplan a favor de la industria también soplen a favor de los territorios y de nuestra gente.












