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Sábado 26 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Por favor, no carboneen al Presidente

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Todos los gobiernos quieren tener una buena relación con los gremios. Es natural y conveniente; un presidente gobierna mejor cuando encuentra interlocutores dispuestos a dialogar y construir acuerdos.

El problema comienza cuando la cercanía con el Gobierno parece convertirse en requisito para dirigirlos.

Ya hemos vivido episodios que deberían servirnos de lección. Durante el gobierno de Santos, Fedegán perdió la administración del Fondo Nacional del Ganado; José Félix Lafaurie sostuvo que se trataba de una retaliación por sus posiciones frente al proceso de paz. Con Petro, el presidente pidió la salida del gerente de la Federación de Cafeteros y amenazó con quitarle el Fondo Nacional del Café.

Muchos defendimos entonces la independencia de los gremios y sus posturas, tan importantes para sumar los contrapesos que requiere la democracia. Hicimos bien.

Por eso vale la pena mirar con cuidado lo ocurrido recientemente. Carolina Soto fue escogida para presidir la Cámara Colombiana de la Infraestructura; después de cuestionamientos desde sectores cercanos al Gobierno, declinó y pidió respeto por la independencia de las decisiones del sector privado.

Ahora la discusión rodea a la ANDI. Bruce Mac Master continúa al frente del gremio y recientemente se conocieron versiones sobre una supuesta instrucción para que miembros del Gobierno no se reúnan con él.

Ningún ministro está obligado a compartir las posiciones de un dirigente gremial, ni los gremios están por encima de la crítica. El desacuerdo es legítimo; otra cosa sería pretender que desde el poder político se determine quién puede representar una organización privada.

Hay que ser claros; en ninguno de estos casos aparece una orden del presidente. Aparecen el trino de una funcionaria, llamadas a empresarios y comentarios de pasillo. Personas que, por congraciarse o por cuentas propias, incitan a la división entre el Gobierno y los gremios; flaco favor le hacen a las instituciones.

Si esa lógica hubiera funcionado antes, hoy los gremios estarían en manos de amigos de Petro. No lo están porque resistieron; Fenalco siguió criticando, los cafeteros defendieron su fondo y la ANDI mantuvo su criterio. Muchos celebramos esa firmeza; no puede ser que ahora esa misma independencia resulte incómoda.

La Constitución protege dicha independencia. No es un asunto de izquierdas o derechas, sino de respeto por las instituciones y la democracia.

Los gobiernos necesitan gremios capaces de acompañar, pero también de advertir, controvertir y decir que no. Allí está su valor.

Es claro el talante democrático del presidente Abelardo De La Espriella y por eso confiamos en que estas situaciones se aclaren y pasemos la página; las difíciles circunstancias del país reclaman unidad, no confrontaciones innecesarias.

No podemos terminar haciendo lo que tanto criticamos antes. A quienes estén en ese plan, un ruego sencillo: por favor, no carboneen al Presidente.

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