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Domingo 27 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

De espadachín a ‘cowboy’

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El primero de mayo de 2025, el entonces presidente Gustavo Petro desenfundó, en medio de la conmemoración del Día del Trabajo en la bogotana Plaza de Bolívar, la emblemática espada del Libertador caraqueño, símbolo evocador para los colombianos de la emancipación de la patria, así como del continente americano. El gobernante, incluso, fue más allá: ondeó enseguida la bandera blanca y roja de la guerra a muerte contra el invasor español.

Esa tarde fue, de algún modo, la reafirmación sobre su talante revolucionario y una voz de aliento para sus seguidores, pero el mensaje, en el ambiente, dejó un inquietante significado: ¿hasta dónde el primer presidente de izquierda elegido en Colombia estaría dispuesto a llegar para defender su gobierno? ¿Era ese un acto soterrado de llamamiento a la lucha armada si ello fuese necesario? Petro convirtió el sable de Bolívar, desde el minuto uno de su administración, en un gesto beligerante en un país que no se ha curado, o no ha querido, del espanto de la violencia.

Las muertes por actos que involucran la fuerza física o armada, según el DANE, son una de las cinco principales causas que acaban con la vida de las personas en el país. El 76 % de las pistolas, revólveres y fusiles que han ocasionado homicidios, dice la Policía Nacional, son ilegales, es decir, no cuentan con salvoconducto; mientras tanto, cerca de setecientas mil armas están legalizadas y hasta hace un par de semanas no podían ser portadas por sus dueños fuera del lugar de residencia.

Esta restricción cambió el pasado 8 de septiembre, cuando el Gobierno nacional expidió el Decreto 1368 de 2026, el cual levantó la suspensión general de los permisos para el porte de armas de fuego, giro sustancial en un país en donde el monopolio de esta clase de elementos le pertenece al Estado. “Durante años se restringió al ciudadano que cumple la ley mientras los criminales siguieron armándose hasta los dientes. Eso tiene que cambiar”, dijo el presidente Abelardo de la Espriella, justificando su decisión.

Pues bien, el propio mandatario de los colombianos apareció, este 22 de septiembre, con pistola al cinto y traje de explorador, en medio de un operativo de madrugada para recuperar la autoridad en la ciudad de Santa Marta, repitiendo dos días después en Cali, hecho inédito que suscitó toda clase de suspicacias. “Que sigan criticando, eso me impulsa”, respondió De la Espriella.

Pasamos de un nostálgico de la espada a un remedo de ‘cowboy’ que pone el acento, tal cual como su antecesor, en los símbolos de la guerra. Dos ilustres vecinos de transporte, sobre estos hechos, sottovoce dijeron: “nos salvamos de caer al despeñadero, ojalá este ensayo no salga peor”. Vamos viendo.

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