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Miércoles 30 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

¿Por qué estamos tan cansados de las redes sociales?

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Hay días en los que cerrar Instagram no produce descanso. Produce silencio. Y ese silencio puede resultar extraño.

Después de unos minutos viendo cuerpos perfectos, viajes extraordinarios, casas impecables, parejas aparentemente felices, compras millonarias, mujeres cada vez más expuestas y personas que parecen tener respuesta para todo, aparece una pregunta incómoda: ¿qué estoy haciendo mal?

Las cifras ayudan a dimensionar el fenómeno. En Colombia hay cerca de 37,7 millones de identidades activas en redes sociales, equivalentes al 70,4 % de la población. A nivel mundial, las personas conectadas pasan en promedio 18 horas y 36 minutos a la semana consumiendo redes y plataformas de video. Entre las mujeres de 16 a 24 años, el promedio supera las 25 horas semanales.

No todo ese tiempo es negativo. Las redes nos permiten aprender, trabajar, informarnos y mantener vínculos. El problema aparece cuando dejamos de usarlas como herramientas y comenzamos a vivir dentro de ellas.

Porque las redes no muestran la vida, muestran una selección de la vida.

No vemos las discusiones antes de la fotografía perfecta de la pareja. Ni las deudas detrás del viaje soñado. Ni las inseguridades detrás de una cirugía estética. Ni el cansancio detrás de una sonrisa. Vemos el resultado, pero no vemos el costo.

Y la comparación permanente deja huella. El Journal of Affective Disorders realizó una revisión de 182 estudios, con más de 1,1 millones de participantes; encontró asociaciones entre el uso problemático de redes sociales y mayores niveles de depresión, ansiedad y dificultades de sueño.

Hay algo más: hemos convertido el cuerpo en contenido. Un metaanálisis de 20 estudios experimentales encontró que la exposición a ideales corporales en redes reduce la satisfacción con el propio cuerpo, especialmente cuando ese contenido aparece en video.

Entonces quizá el cansancio no viene solamente de mirar demasiado una pantalla. Viene de sentir que siempre deberíamos ser más: más jóvenes, más delgados, más exitosos, más productivos, más viajeros, mejores padres, mejores parejas, más felices.

Hasta descansar parece haberse convertido en una competencia.

Tal vez necesitamos recuperar una vida que no tenga que ser exhibida para tener valor: una conversación sin fotografía, un viaje sin historias, una comida sin grabarla, una relación que no necesite parecer perfecta.

No se trata de abandonar las redes. Se trata de recordar que nuestra vida completa no puede competir con el mejor minuto de la vida de alguien más.

Quizás el verdadero descanso no sea solamente apagar el teléfono; quizás también sea dejar de compararnos con lo que aparece cuando lo encendemos.

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