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Viernes 02 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Si la bici no fue, ¿qué tal el EV?

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Esta semana le dimos un funeral de quinta a la cicloinfraestructura de la ciudad. La Alcaldía continuó decididamente el desmonte de esta en uno de los tramos que en el sistema se consideraban como una autopista para los ciclistas: la carrera 21. Sin embargo, no podemos cargarle toda la responsabilidad a la administración. No hubo mayor protesta; incluso tengo la impresión de que la medida alivió a los conductores de la congestionada ciudad que esperaban recuperar el carril.

Fue una decisión difícil, quizá un retroceso, pero tampoco hubo una ciudad dispuesta a impedirlo. La bicicleta no terminó de convertirse en nuestro camino. A mí me duele. Intenté usarla durante algún tiempo y habría querido verla funcionar como en otras ciudades del mundo: “la Barcelona de Sudamérica”. No ocurrió.

Entre el poco uso, la invasión de motos y el parqueo indebido, fuimos perdiendo la apuesta. Quizá influya que Bucaramanga envejece, que su pirámide poblacional se estrecha por abajo y se ensancha por arriba. Eso también explicaría lo reacios que somos a los cambios, a pesar de que la evidencia los muestre como positivos.

Ahora tenemos otra oportunidad. En 2025 se vendieron más de veinte millones de carros eléctricos e híbridos enchufables en el mundo, una cuarta parte de las ventas totales. En Colombia, solo los eléctricos puros sumaron 33.889 matrículas entre enero y agosto de 2026, un crecimiento del 222,5 por ciento. En Bucaramanga ya se ven. Ya no señalamos por la ventana cada vez que vemos uno. Hay un montón.

Sustituir motores de combustión puede ayudarnos a respirar mejor. Movilidad sostenible, dirían los expertos. Pero estamos comprando carros más rápido de lo que preparamos lugares para cargarlos. Bogotá ya conoce las filas de horas para ganar un enchufe. Aquí todavía podemos anticiparnos, porque a nadie le entusiasma cambiar de tecnología para terminar organizando su vida alrededor de una batería.

Y aquí hay negocio. Un parqueadero, un gimnasio con capacidad eléctrica o un espacio de trabajo compartido pueden ofrecer recarga mientras el cliente hace lo suyo. Algunos centros comerciales ya tienen puntos instalados. Usted entrena, trabaja o compra mientras carga el carro. El establecimiento gana una razón para que usted vuelva.

Desde lo público corresponde facilitar conexiones y trámites, coordinar con la electrificadora y las constructoras para promover instalaciones en edificios y parqueaderos. Un trancón en un chino de lujo o un Tesla seguirá siendo un trancón. Esto no reemplaza la bicicleta ni resucita el transporte público. Pero puede reducir el humo que hemos aceptado como parte del paisaje. Ya levantamos los separadores. Ojalá ahora seamos capaces de construir algo. Quizá no esté todo perdido; quizá esta vez sí encontremos por dónde arrancar.

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