En la Universidad de Cornell, de la renombrada Ivy League de Estados Unidos, ocurrió el mediático caso de abuso sexual en el que siete estudiantes son acusados de violar a una compañera. Según la demanda, solo fueron dos los expulsados, mientras a otros se les permitió escribir ¡un ensayo! para aminorar su sanción. En su momento, el fiscal del caso no presentó cargos alegando un supuesto consentimiento de la víctima en sus primeras declaraciones.
Los hechos, de octubre de 2024, volvieron a la luz pública luego de que la víctima presentara, el pasado 16 de septiembre, una demanda civil contra la Universidad, la fraternidad y los siete acusados, alegando que la institución no la protegió ni castigó de manera adecuada a los involucrados. La víctima sostiene que estaba intoxicada y que, por lo tanto, no se encontraba en condiciones de dar su consentimiento. Tras la demanda, se reabrió la investigación penal y se le asignó el caso a la fiscal general del estado de Nueva York.
De acuerdo con la demanda, tras pasar la noche en unos bares, la joven se separó del grupo y llegó sola y tambaleándose a la casa de la fraternidad Chi Phi para ver a un amigo. Allí, según relató, la presionaron para inhalar ketamina y fumar marihuana. En la madrugada, uno de los miembros escribió en el chat grupal de la fraternidad un mensaje que decía, literalmente, “free pussy”: la forma más vulgar del inglés para decir que había una mujer allí para tener sexo gratis, el eufemismo para decir violarla.
La sevicia del episodio ha generado que miles de personas expresen su solidaridad con la víctima, así como la exigencia de que se haga justicia. En medio de la indignación circula la consigna “no son todos los hombres, pero siempre es un hombre”, y las cifras parecen darle la razón: según el CDC, en EE. UU. una de cada cinco mujeres ha sufrido una violación o un intento de violación, y en el 99 % de esos casos el agresor fue un hombre.
Sin embargo, que casi todos los violadores sean hombres no significa que todos los hombres sean violadores. El machismo no se hereda con el sexo: se aprende, se reproduce y se encubre, a veces también con la complicidad de algunas mujeres. Al mismo tiempo, existen hombres y mujeres conscientes y dispuestos a contribuir a un verdadero cambio en los cimientos de una sociedad machista que de diversas maneras promueve o tolera aberraciones como las de Cornell.
Los abusos sexuales son la punta de un iceberg que incluye prácticas cotidianas, a veces consideradas insignificantes, que contribuyen a crear un ambiente tóxico de machismo y opresión que debe hacerse consciente para poder cambiarlo. Hagámoslo consciente.











