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Domingo 04 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Liderazgo gremial

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Es relativamente sencillo ejercer la representación gremial cuando empresarios y Gobierno coinciden. El verdadero liderazgo aparece cuando las decisiones públicas afectan los intereses del sector representado y defenderlos implica incomodar al poder.

La reciente renuncia de Bruce Mac Master a la presidencia de la ANDI vuelve pertinente esa discusión. En su carta habló de “múltiples presiones” que habrían afectado la capacidad del gremio para actuar libremente y con autonomía. La existencia y el alcance de eventuales presiones gubernamentales han sido objeto de versiones distintas. Más allá de esa controversia, vale la pena preguntarnos qué esperamos de nuestros líderes gremiales.

Un gremio no es un club de relaciones públicas. Existe para representar legítimamente los intereses de un sector, identificar sus problemas, construir posiciones, producir información técnica, proponer soluciones y participar en la construcción de políticas públicas. También para advertir cuando una decisión puede perjudicar a sus afiliados o al desarrollo económico.

Para hacerlo necesita líderes con condiciones especiales. Ética para entender que administran una representación que no les pertenece, conocimiento profundo de las empresas, las cifras, la regulación y los desafíos del sector, capacidad de ejecución para coordinar equipos técnicos, jurídicos, económicos y de comunicaciones, y el valor para convertirse en la cara visible de sus afiliados cuando aparecen las diferencias.

El liderazgo gremial no se demuestra cuando todos están de acuerdo, sino cuando defender al sector exige incomodar al poder. Esto no significa convertir los gremios en organizaciones de oposición, pues su capacidad de interlocución con cualquier Gobierno es indispensable. Deben construir acuerdos cuando existan coincidencias y controvertir con argumentos cuando no las haya. Dialogar no significa subordinarse, pero escuchar solamente a quienes están de acuerdo tampoco es interlocución.

Es importante recordar que la autonomía gremial no depende exclusivamente de quien preside la organización. Necesita afiliados dispuestos a respaldar la institucionalidad que ellos mismos construyeron. Ningún dirigente puede representar con independencia a empresarios que reclaman firmeza mientras todo marcha bien, pero privilegian individualmente su acceso al Gobierno cuando aparecen las primeras presiones.

Los gobiernos pueden ejercer presión sobre una empresa en particular, pero resulta mucho más difícil hacerlo sobre un sector empresarial unido alrededor de sus instituciones. De ahí la importancia de defender la institucionalidad por encima de los intereses particulares del gobierno de turno, del líder gremial o de sus afiliados.

Al final, la discusión trasciende cualquier nombre. Los líderes gremiales pasan y los gobiernos también. Lo importante es preservar la capacidad de los sectores económicos para organizarse, participar en las políticas públicas y defender sus posiciones con independencia. Para eso necesitamos líderes preparados y valientes, y afiliados dispuestos a respaldarlos cuando ejercer esa independencia deja de ser cómodo.

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