Cruzar a pie una cebra en Bucaramanga puede ser fatal. Resulta muy curioso ver la actitud de los peatones cuando aún en el andén, incluso al observarse a uno mismo, antes de dar ese paso, porque es la caricatura del mundo al revés: quienes vamos a pie cedemos el paso a los vehículos cuando la norma universal indica todo lo contrario, la prelación es para los peatones.
Lo tenemos tan mentalizado que, en otros lugares, quienes van al volante se sorprenden de ver cómo nos detenemos, con esa desconfianza tan colombiana alimentada por el temor de que, en un suspiro, aparezca un temerario motociclista que nos ‘levante’ y, cuando menos, nos envíe al hospital, a pesar de estar en zonas, esas sí, seguras. Aquí es todo lo contrario, el conductor que cede el paso reduciendo la velocidad a la distancia prudente o, simplemente, deteniéndose, es visto como ‘bicho’ raro, casi como un ‘entorpecedor’ del flujo vehicular.
Entonces vuelven a la mente las numerosas ocasiones en que, desde esta y otras columnas, editoriales, artículos informativos y campañas cívicas, se ha insistido en la pedagogía ciudadana como la base sobre la cual se edifican, no solo las obras de cemento y la aplicación de la autoridad, sino el comportamiento de cada uno de los actores que intentamos movilizarnos, sanos y salvos, hasta cualquier destino.
Un acucioso lector, excelso caminante por demás, me envió una fotografía de un bus de servicio público deteniéndose en uno de los corredores viales de Bucaramanga, pisando la cebra, para dejar a unos cuantos pasajeros, de los mismos vehículos que circulan tratando de espantar el fantasma de Metrolínea, pero volviendo a las viejas ‘mañas’ del pasado: que el negocio sea, como me lo recordó otro lector que bien conoce del tema, para unos pocos -los mismos que nunca se fueron- porque la integración de todos los medios no les sirve.
Soluciones como la del carril preferente para bicicletas, en reemplazo del adefesio en el que se convirtió la cicloruta, en una ciudad en donde ni siquiera respetamos el paso de los peatones, es otra de esas medidas que, no dudo de su buena intención, terminará destiñéndose sobre el pavimento en donde fueron demarcadas estas señales preventivas. Los conductores de vehículos, teniendo ahora el carril despejado, cederán pero a la tentación de invadirlo para avanzar o parquear tranquilamente sin que nada los conmueva.
Por eso vamos y volvemos. Ni siquiera una oportunidad de hacer pedagogía, como el día sin carro y sin moto de este martes, nos entusiasma. Pudo más la presión de los comerciantes por sobre cualquier otra causa y la fecha, como tantas, terminará siendo una jornada, como las señales de advertencia, desteñida.











