Publicado por: Jairo Martinez
Con el proyecto del santísimo, estatua de Cristo de 35 metros de altura con ascensores panorámicos incluidos -tal vez para tener la sensación de subir al cielo sin esfuerzo-, que se pretende construir en cercanías del Parque Natural de la Judía, el gobernador de Santander estaría violando la ley divina, la Carta Magna y haciendo gala de que sus prioridades sobre las necesidades del departamento las tiene patas arriba.
En el Éxodo 20-4 y siguientes, la Biblia católica reza: “No te harás esculturas ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo sobre la tierra. No te postrarás ante ellas y no las servirás porque yo soy Yahvé, tu Dios, un Dios celoso, que castiga...y hago misericordia hasta mil generaciones de los que me aman y guardan mis mandamientos.” Gobernador, el mismo
Dios pidió que no le hicieran esculturas; no dijo nada de ascensores porque en esa época no existían, pero estoy seguro de que tampoco le hubiera jalado a eso. Tenga en cuenta, además, que prometió castigo a quien lo desobedezca y no sería sensato que usted pague con el fuego eterno la ignorancia de sus asesores.
En cuanto a lo humano usted, con este santísimo proyecto, también va en contra de la ley pues la jurisprudencia constitucional ha sido consistente en afirmar que “…el carácter más extendido de una determinada religión no implica que ésta pueda recibir un tratamiento privilegiado de parte del Estado, por cuanto la Constitución de 1991 ha conferido igual valor jurídico a todas las confesiones religiosas, independientemente de la cantidad de creyentes que éstas tengan”. El Cristo que sumercé piensa encaramar en esa peña es el católico y gastar en eso 43 mil millones de pesos no se compadece con la igualdad que está obligado a mantener con budistas, ateos, islamistas, etc.
Le cuento, Gobernador, que la Corte Constitucional declaró inexequible la Ley 1402 de 2010 “por la cual la Nación se asocia a la celebración de los 50 años de la Diócesis de El Espinal y se declara monumento nacional a la catedral de El Espinal, en el departamento del Tolima”. ¿Se imagina lo que pasará con su altísimo santísimo si usted insiste en ello?
¿Por qué no, mejor, invierte esos sagrados recursos en los cacaoteros, en vías, acueductos o salud? Si hace eso, le aseguro que para usted el cielo es el límite.











