Publicado por: Jorge Eliecer Díaz Wilches
Tengo un hijo de 6 años al cuál no sabemos cómo educar ya que se ha vuelto manipulador, malgeniado, grosero y hasta mentiroso.
Nosotros trabajamos todo el día y lo dejamos al cuidado de mi suegra quien lo consiente y tolera en todo lo que hace. Pensamos que de ahí se desprende su mal comportamiento.
Reconocemos que hemos sido permisivos al tolerar muchas cosas que debimos en su momento ponerle atención. Antes creíamos que no tenían gran importancia pero comprobamos que cada día se va incrementando y no queremos que nuestro hijo se nos salga de las manos.
Quisiéramos saber qué debemos hacer para remediar nuestro mal proceder como padres. Haremos lo que sea para criarlo como una persona correcta.
RESPUESTA
Estimado señor: Primero que todo debe agradecer a su suegra el apoyo que les ha brindado al hacerse cargo del niño mientras ustedes laboran. Es hora de dialogar con ella sobre la forma de imponer autoridad a través de una disciplina firme pero flexible, donde inculque valores como la responsabilidad, el orden, la sinceridad, colaboración, solidaridad, respeto tanto por sus padres como por su abuelita, los profesores y compañeros de colegio.
Su papel como progenitores ha de ser agradable, cercano, amigable y amoroso, mostrándole las consecuencias de su equívoco proceder y los límites que debe reconocer para convivir con los demás.
Mantenga la fe viva y obre con disciplina, fe viva y mucho amor.
REFLEXIÓN
Padres de familia: Les corresponde formar a los hijos desde temprana edad con disciplina y amor en un ambiente luminoso y alegre donde reine la fe viva, la paz, la comprensión, el respeto y el servicio generoso a los demás. A través de su autoridad participativa procederán con inteligencia y sabiduría fomentando el cumplimiento de reglas y exigencias promulgadas para su desarrollo integral.
Aprenderán a ser pacientes, tolerantes, firmes pero flexibles, evitando desautorizaciones e incentivándoles a encontrar soluciones a los obstáculos que aparezcan en el transcurso de sus vidas.
Cuando ellos interioricen dichas normas sabrán obrar, pensarán antes de actuar y se convertirán en personas seguras de sí mismas, dispuestas a creer, luchar, perseverar, aceptar, corregir o emprender nuevas opciones para enfrentar el porvenir.
El ejemplo arrastra. Serán desde su concepción maestros o facilitadores del camino existencial de aquel regalo maravilloso que Dios ha colocado sobre sus hombros. ¡Manos a la obra!.












