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Viernes 22 de mayo de 2026 - 01:00 AM

La señalización

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Dentro del caos que suele acompañar a las ciudades colombianas, se destaca de manera preocupante la escasa y mediocre señalización que tienen las vías y lugares públicos.

Muchas señales que son necesarias casi nunca han existido, y las escasas que se utilizan están deterioradas, no tienen la significación y proporción indicadas o simplemente son erráticas.

Esto hace que abordar la calle signifique enfrentarse a un enigma del que no se sabe adónde lo vaya a conducir, y aquí viene uno de los grandes problemas de movilidad: el de aquellos conductores que dan vueltas y vueltas y no pueden estar en condiciones de encontrar nada, pues la señalización, o no existe, o no ayuda.

Estos instrumentos tienen establecidas normas internacionales que se deben aplicar al pie de la letra, pues obedecen a estándares estudiados y valorados que permiten comprobar su utilidad y efecto. En tal sentido, es necesario que los municipios cuenten con el servicio de expertos que hayan estudiado la literatura al respecto, que entiendan las normas internacionales y que estén en capacidad de evaluar las necesidades de los diferentes escenarios que puede presentar la situación de una ciudad en particular.

Dentro de los parámetros esenciales que se deben utilizar están la visibilidad, no solo en tamaño, sino también en las posibilidades para que sea apreciada en los tonos adecuados, contemplada desde las distancias necesarias y diseñada teniendo en cuenta las condiciones técnicas para que se pueda apreciar tanto de día como de noche, además de contar con una adecuada presencia de fondos y símbolos.

También deben tener una uniformidad tal que no sea posible la presencia de confusión y que, al servir de guía, se pueda contemplar una secuencia lógica a través de las distintas etapas de la misma, lo que permite deducir que también tenga incorporada la legibilidad, de manera que sea posible comprender a primera vista el mensaje.

Otro requisito indispensable es la ubicación, en donde juegan elementos como la altura, la distancia, la separación lateral y el direccionamiento hacia el flujo vehicular.

Y todos estos factores deben estar dirigidos a garantizar la fluidez del tránsito y la seguridad. Cabe anotar que dentro de estos elementos también hay que incluir el tema de la semaforización eficiente y armónica, lo que hoy llaman función inteligente, de tal manera que el sistema corresponda a una organización armónica y totalmente sincronizada para que funcione de manera adecuada y contribuya a la agilidad del tránsito.

Siempre sucede: en medio del caos, encuentra uno que los instrumentos no funcionan, que la autoridad de tránsito no es eficiente y que el usuario de la vía se empodera para hacer lo primero que se le ocurra, sin tener en cuenta ninguna norma ni consideración alguna.

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