Ya está en las librerías de Bucaramanga el libro de J. Mauricio Gaona, “La Constitución soy yo”, hijo del inmolado magistrado Manuel Gaona, a quien conocimos como profesor en nuestro querido Externado de Colombia.
“Un libro necesario para comprender la fragilidad de nuestra historia, la urgencia de nuestro presente y nuestra inhabilidad para conocer un futuro diferente”.
La obra analiza la forma como las nuevas dictaduras no llegan con golpes de cuartel, sino democráticamente, utilizando como argumento el populismo e interpretando la Constitución que juraron defender para imponer su forma de gobierno totalitario ante la mirada indiferente de una ciudadanía fácil de ilusionar y que, con el paso del tiempo, pierde la capacidad de interpretar el engaño, permitiendo a ese dictador-demócrata imponer un modelo totalmente antidemocrático con el simple mecanismo de usar la Constitución para someterla a los deseos del gobierno y no este al imperio de aquella.
Por lo general, el líder populista propone “… una solución simple para resolver un problema complejo” y, cuando no lo logra, siempre encuentra a quién echarle la culpa, atribuyendo el fracaso a otros y alegando que no pudo hacerlo porque los políticos, el Congreso y las altas cortes se lo impidieron. “… este es el culpable, yo soy la solución”; yo me atengo a la voluntad del pueblo y el pueblo soy yo, así como también soy la Constitución.
Frente a esta situación, es decir, frente a la posibilidad de disentir, ataca a todo aquel que se le oponga, como cuando amenaza con denuncias penales contra los jueces que anulan sus decisiones por ser estas contrarias a la Constitución y la ley.
Ahora bien, como la principal barrera que en este momento se le puede oponer son los mecanismos desarrollados por la Constitución, la mejor manera de resolver su ineptitud es promover su cambio, convocando asambleas populares para tratar de eliminar todo aquello que se le opone.

Un ejemplo típico de esto: el candidato del continuismo que ha afirmado que, de llegar a la Presidencia, eliminará el Consejo de Estado y la Corte Electoral, que son los verdaderos estorbos para perpetuarse en el poder.
Volvemos a decirlo: en esta ocasión no elegimos un presidente, sino un modelo de gobierno, y si nos vamos con el candidato de la izquierda sacrificaremos de nuevo el desarrollo armónico del país, pues la izquierda ha demostrado tener la capacidad de desordenarlo, poniéndolo en la vía del totalitarismo, por lo cual pone en riesgo, incluso, a aquellos ingenuos que facilitaron el acceso al poder.
Solución: salir a votar masivamente para tratar de llenar el hueco que deja una oposición dividida por la falta de grandeza de muchos candidatos.











