Publicado por: Leonidas Gómez-Gómez
El desempleo se extiende como un incendio por todo el país trayendo hambre y desolación. El fuego se prendió con las importaciones que aniquilaron industria, manufactura y agro. Para profundizar el desastre, el Gobierno está patrocinando el vertiginoso crecimiento de supermercados de “baratanga” que arrasarán con los tenderos, los proveedores y transportadores del gremio, que es tanto como rociar gasolina para que crezca la llamarada. Llegaron a Santander disfrazando sus vitrinas de pobreza para que no se sospeche que detrás están los inversionistas más ricos del país como el Grupo Santodomingo y poderosos comerciantes alemanes, portugueses yvenezolanos. - “Justo & Bueno”, a una velocidad espantosa, abrió 240 locales que reportaron ventas anuales por$1 billón y proyecta abrir mínimo una sucursal en cada barrio y en todos los pueblos pequeños, donde la competencia con las Tiendas D1 y ARA lo dejen avanzar.
El gancho son los precios baratos que puede ofrecer importando saldos y apretando a los proveedores locales. Tienen el mínimo de empleados y el peor servicio. Podemos presumir que solo reciben efectivo para evitar gastos bancarios, pero también para facilitar maniobras tributarias. No construyen ni un solo local, ni un solo parqueadero, todo arrendado como bodegas sin el más mínimo sentido de responsabilidad social y pasándose por la faja los POT de cada lugar.
Hace 12 años, Cemex y Argos lograron monopolizar el mercado del cemento; primero rebajaron el bulto a $6.000 hasta quebrar las fábricas pequeñas, cuando quedaron solos, triplicaron y luego cuadruplicaron el precio quedando como uno de los más altos del mundo. El capitalismo salvaje asume los descuentos como una inversión mientras elimina la competencia y luego encarece como le viene en gana.
Un buen Gobierno con criterio social puede y debe regular la ley del libre mercado, en este caso, para que nuestros queridos tenderos tradicionales logren vender tan barato como los ambiciosos monopolistas. Como no existe esa clase de Gobierno, los tenderos deben unirse a los clientes para defender el derecho al trabajo, antes de que del incendio solo queden sus cenizas.











