Política
Domingo 05 de julio de 2026 - 02:00 AM

Cuando la opinión política se convierte en un ataque personal: ¿Qué hacer?

Las elecciones profundizaron división del país, pero los expertos advierten que el verdadero reto empieza ahora: aprender a convivir con la diferencia.

Psicólogos expertos en comportamiento político explican por qué las diferencias electorales terminan en ataques personales y ofrecen recomendaciones para debatir con respeto, proteger las relaciones y fortalecer la convivencia democrática. Foto generada con IA.
Psicólogos expertos en comportamiento político explican por qué las diferencias electorales terminan en ataques personales y ofrecen recomendaciones para debatir con respeto, proteger las relaciones y fortalecer la convivencia democrática. Foto generada con IA.

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Publicado por: John Arias

Aunque la campaña electoral terminó y Colombia inicia un nuevo capítulo político, la tensión ciudadana no se disipó con el cierre de las urnas. Por el contrario, la hostilidad se trasladó a la cotidianidad: permanece en las conversaciones familiares que acaban en discusiones, en los entornos laborales donde ciertos temas se volvieron tabú y problema, y en unas redes sociales donde cualquier publicación es el detonante de una nueva confrontación.

Las elecciones presidenciales dejaron uno de los resultados más estrechos de la historia reciente del país y reflejaron una sociedad profundamente dividida. Pero, más allá de la diferencia en las urnas, los especialistas advierten que la principal preocupación está en el deterioro de la convivencia y en la dificultad que hoy tienen muchos colombianos para relacionarse con quienes piensan distinto. Lea también: Gobierno Petro advirtió temor por continuidad de programas sociales

“En términos de comportamiento electoral, esta fue una de las elecciones más polarizadas de los últimos 30 años”, explica a Vanguardia Camilo Rincón, psicólogo con énfasis en psicología política y profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana.

En diálogo con Vanguardia, psicólogos explican cómo la política pasó de ser un debate de ideas a un detonante de rupturas familiares, agresiones y desconfianza. Ante este panorama, los especialistas hacen un llamado urgente a reconstruir la empatía, una tarea que, coinciden, debe ser asumida de manera conjunta por ciudadanos, líderes, medios de comunicación e instituciones.

Según el académico, la estrecha diferencia entre los dos candidatos convirtió el proceso en uno de los más competitivos que ha vivido el país, comparable únicamente con otros episodios de alta división política, como el plebiscito por la paz de 2016. Sin embargo, considera que el verdadero reto comienza después de las elecciones, cuando esa competencia se traslada a la vida cotidiana. “La votación muestra un país prácticamente dividido por mitades. Ahora falta ver cómo esas diferencias se expresan en las relaciones entre las personas”, señala.

Cuando una opinión política se convierte en identidad

¿Por qué una conversación sobre política puede terminar rompiendo una amistad de años o generando conflictos dentro de una familia? Para Rincón, la respuesta está en un fenómeno conocido en la psicología política como moralización de las actitudes.

Las personas dejan de defender únicamente una propuesta, un candidato o una política pública y empiezan a sentir que esa posición hace parte de su identidad. En consecuencia, cualquier cuestionamiento deja de interpretarse como un desacuerdo y comienza a percibirse como un ataque personal. “Si una decisión política hace parte de quién soy, entonces quien la contradice también está cuestionándome a mí. Ahí aparecen las respuestas defensivas y las agresiones personales”, explica.

Ese fenómeno también ayuda a entender por qué muchas discusiones políticas finalizan cargadas de emociones, descalificaciones y poca disposición para escuchar argumentos diferentes.

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María Clara Betancourt, directora del programa de Psicología de la Universidad Manuela Beltrán, coincide en que la polarización política no es un fenómeno nuevo en Colombia. No obstante, considera que actualmente existen condiciones que la han intensificado.

“La velocidad con la que circula la información, la exposición permanente a opiniones y el contexto de incertidumbre social y económica han movilizado mucho más esta polarización. Las diferencias políticas se han asumido como diferencias de identidad, y eso hace que cuestionar una idea parezca equivalente a cuestionar a la persona”.

A esto se suman los llamados sesgos de confirmación, que llevan a las personas a buscar únicamente información que reafirme sus propias creencias y a rechazar con mayor facilidad cualquier argumento contrario.

El papel de las redes sociales

Si antes las discusiones políticas ocurrían principalmente durante las campañas electorales o en espacios específicos, hoy las redes sociales mantienen el debate abierto las veinticuatro horas del día.

“La velocidad con la que circula la información, la exposición permanente a opiniones y el contexto de incertidumbre social y económica han movilizado mucho más esta polarización. Las diferencias políticas se han asumido como diferencias de identidad, y eso hace que cuestionar una idea parezca equivalente a cuestionar a la persona”.

Para Betancourt, los algoritmos privilegian precisamente aquellos contenidos capaces de despertar emociones intensas. “Las redes favorecen la inmediatez y refuerzan los contenidos que generan mayor reacción emocional, especialmente el miedo, la ira o la indignación. Además, suelen mostrarnos publicaciones afines a nuestras creencias, creando verdaderas cámaras de eco”.

Rincón añade que las plataformas digitales también han transformado la manera de hacer política. Las campañas ya no solo buscan convencer mediante propuestas, sino conectar emocionalmente con los ciudadanos a través de símbolos, imágenes, música, videos y narrativas que fortalecen el sentido de pertenencia a un grupo político.

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Esa dinámica, advierte, puede terminar reemplazando el debate por mensajes cada vez más emocionales y menos deliberativos.

Cuando el desacuerdo rompe vínculos

Los efectos de la polarización no se limitan al escenario político. También comienzan a sentirse en la vida privada. Betancourt asegura que cada vez son más frecuentes las tensiones familiares, las rupturas de amistades y los conflictos laborales relacionados con diferencias ideológicas. “La polarización sostenida aumenta el estrés, la ansiedad, el agotamiento emocional y favorece la desconfianza entre las personas. La salud mental colectiva depende, en buena medida, de nuestra capacidad para gestionar las diferencias sin romper los vínculos”.

Rincón coincide y señala que, incluso sin darse cuenta, muchas personas han empezado a reorganizar sus relaciones sociales. Hay quienes dejan de compartir ciertos contenidos con algunos familiares, abandonan grupos de conversación o simplemente evitan expresar sus opiniones para prevenir discusiones. Es decir, las personas terminan rodeándose principalmente de quienes piensan parecido. Poco a poco, disminuye el contacto con quienes tienen posiciones diferentes y eso debilita el tejido social.

La política se ha convertido en motivo de rupturas familiares, agresiones y desconfianza.  Expertos hacen un llamado a reconstruir el diálogo como base de la democracia. Foto generada con IA.
La política se ha convertido en motivo de rupturas familiares, agresiones y desconfianza. Expertos hacen un llamado a reconstruir el diálogo como base de la democracia. Foto generada con IA.

¿Cómo bajar el tono de la conversación?

Aunque ambos especialistas reconocen que las emociones después de unas elecciones tan reñidas son normales, consideran que existen herramientas para evitar que las diferencias escalen hacia la agresión.

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Betancourt sostiene que el primer paso consiste en cambiar el propósito de la conversación. “La intención no debe ser ganar una discusión, sino preservar el diálogo”.

Cuando las emociones empiezan a subir de tono, recomienda disminuir el ritmo de la conversación, reconocer que existen posiciones diferentes y, si es necesario, dejar el tema para otro momento.

También propone escuchar antes de responder, hacer preguntas genuinas para comprender la postura del otro, diferenciar los hechos de las opiniones y evitar las etiquetas que solo profundizan la confrontación. “No toda conversación debe terminar con un consenso. Respetar el punto de vista del otro también hace parte de la convivencia democrática”.

Rincón complementa esa idea desde la teoría del contacto intergrupal positivo, ampliamente utilizada en psicología para reducir conflictos entre grupos. Según explica, las conversaciones más constructivas son aquellas donde ninguna persona pretende imponerse sobre la otra, existe igualdad entre los interlocutores, se busca un objetivo común y nadie siente que debe ganar o perder la discusión.

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Una responsabilidad que va más allá de la política

Para ambos expertos, reducir la polarización no es una tarea exclusiva de los ciudadanos. Los líderes políticos tienen la responsabilidad de promover discursos que fortalezcan la convivencia democrática y eviten la estigmatización del adversario. Las instituciones, por su parte, deben generar confianza mediante el respeto por las reglas del juego democrático y la transparencia.

Pero también hay otros actores llamados a desempeñar un papel determinante. Betancourt destaca la responsabilidad de los medios de comunicación, las universidades, las familias y la ciudadanía en la construcción de una cultura basada en el respeto. “Todos tienen un rol fundamental para fortalecer el diálogo y la convivencia. Más que olvidar las diferencias, necesitamos aprender a convivir con ellas”.

Rincón comparte esa visión y considera que los medios, la academia, las organizaciones sociales e, incluso, el sector empresarial hacen parte de las élites con capacidad de influir en el debate público y ayudar a reducir la confrontación.

Construir país después de la elección

Los dos especialistas resaltan que la democracia no exige que todos piensen igual. El verdadero desafío consiste en aceptar que el desacuerdo hace parte de una sociedad plural y que las diferencias pueden convertirse en una oportunidad para construir consensos en lugar de profundizar las divisiones.

Betancourt resume ese desafío en una frase: “La construcción del país implica comprender que el interés colectivo debe estar por encima de las diferencias partidistas. Promover conversaciones basadas en evidencia, respetar las instituciones y actuar con empatía fortalece la capacidad de una sociedad para resolver sus conflictos sin fracturarse”.

Rincón plantea un reto similar desde la psicología política. Para él, pasar la página significa reconstruir las relaciones entre quienes votaron distinto, reconocer la legitimidad del otro y volver a confiar en las reglas de la democracia. Para el experto, no se trata de dejar de participar ni de dejar de opinar. Todo lo contrario. Se trata de hacerlo entendiendo que el otro también tiene derecho a pensar diferente.

En un país que acaba de vivir una de las elecciones más competidas de las últimas décadas, el desafío ya no será únicamente gobernar. También será recuperar la conversación. Porque, al final, la fortaleza de una democracia no se mide por la ausencia de diferencias, sino por la capacidad de sus ciudadanos para convivir con ellas sin convertirlas en motivo de ruptura.

La polarización política pasa factura en los hogares colombianos

Un estudio de la Universidad Manuela Beltrán (UMB) reveló que cerca de tres de cada diez personas prefieren evitar conversaciones sobre política para no generar conflictos familiares. El estudio advierte que el ambiente electoral afecta la convivencia, las relaciones personales y el bienestar emocional.

Y es que hablar de política en Colombia se ha convertido, para muchos, en un tema que es mejor evitar. Las diferencias ideológicas ya no solo se expresan en las urnas o en el debate público, sino que han llegado a las salas de las casas, los grupos de amigos, las parejas e, incluso, los lugares de trabajo.

Así lo evidencia una encuesta realizada por el Programa de Psicología de la UMB, según la cual el actual ambiente político y electoral está generando tensión emocional, desgaste en las relaciones personales y un aumento de los conflictos derivados de las diferencias ideológicas.

El estudio encontró que, aunque el 45,3 % de los participantes asegura que en su familia se habla de política sin inconvenientes, el resto reconoce algún nivel de restricción. Un 25,7 % afirma que el tema se evita algunas veces para prevenir discusiones; el 21,6 % dice que la mayoría de las veces se prefiere no tocar el asunto, y un 7,4 % asegura que prácticamente existe una regla implícita de no hablar de política.

Más allá de las diferencias de opinión, la investigación concluye que la política está generando respuestas emocionales cada vez más intensas. El 10,8 % de los participantes aseguró que las conversaciones políticas le incomodan o alteran, mientras que un 8,8 % manifestó sentir estrés, rabia o ansiedad cuando aborda estos temas. Además, el 23,6 % afirmó que al menos una conversación sobre política terminó en una pelea fuerte dentro de su entorno cercano, y otro 14,2 % señaló que esa situación se ha repetido varias veces.

Las discusiones ocurren principalmente entre familiares, amigos, parejas, compañeros de universidad y colegas de trabajo, lo que demuestra que la polarización está trascendiendo el escenario político para instalarse en la vida cotidiana.

Según Betancourt, existe, además, una diferencia entre cómo las personas creen manejar estas conversaciones y lo que realmente ocurre. Aunque ocho de cada diez consideran que las discusiones políticas no les afectan emocionalmente o que pueden manejarlas adecuadamente, cerca de cuatro de cada diez reconocen haber vivido al menos una pelea relacionada con la política en su entorno cercano, una brecha que evidencia las dificultades para gestionar el desacuerdo.

La encuesta también refleja que la polarización empieza a tener consecuencias en las relaciones personales. El 27,7 % de los consultados aseguró haberse sentido juzgado por sus opiniones políticas en alguna ocasión y un 14,2 % dijo experimentar esa situación con frecuencia. Además, aunque el 64,2 % afirmó no haberse distanciado de nadie por diferencias ideológicas, un 13,5 % reconoció haberlo pensado; el 12,2 % aseguró haber tomado distancia emocional y el 10,1 % manifestó haberse alejado definitivamente de alguna persona por motivos políticos.

Incluso, el 12,2 % evita asistir a reuniones donde sabe que se hablará de política; el 8,1 % reportó conflictos familiares relacionados con estos temas y el 4,7 % afirmó haber perdido o debilitado amistades debido a las diferencias ideológicas.

La investigación plantea que el desafío para el país después de unas elecciones no consiste en eliminar las diferencias políticas, sino en aprender a convivir con ellas.

Escuchar antes de responder, concentrarse en los argumentos y no en los ataques personales, aceptar que no todas las conversaciones terminarán en acuerdos y detener el diálogo cuando las emociones empiecen a dominar son algunas de las recomendaciones de los especialistas.

Para Betancourt, también es necesario fortalecer el pensamiento crítico, la educación socioemocional y las habilidades de comunicación para reducir el impacto de la polarización en la vida cotidiana.

Los resultados muestran que, pese al cansancio y la tensión, aún existe margen para la convivencia. Mientras el 28,4 % considera que las diferencias políticas no afectan realmente las relaciones personales y el 27 % cree que pueden manejarse, un 29,7 % percibe una tensión constante y el 14,9 % advierte que estas diferencias pueden romper vínculos afectivos.

Además de los líderes políticos y las instituciones, la academia sostiene que los medios de comunicación son actores clave para disminuir la confrontación.
Además de los líderes políticos y las instituciones, la academia sostiene que los medios de comunicación son actores clave para disminuir la confrontación.

Papel de los medios de comunicación

Una investigación publicada en Science, que analizó a más de 32.000 personas, encontró que la hostilidad entre quienes piensan distinto puede disminuir con mensajes que humanicen al adversario, corrijan falsas percepciones y refuercen la defensa de la democracia. Expertos advierten que los medios de comunicación también tienen un papel clave.

La polarización política se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de las democracias, especialmente en épocas electorales. Aunque las diferencias ideológicas son naturales, el problema aparece cuando el debate deriva en desconfianza, rechazo y deshumanización del adversario político.

Ese fue uno de los principales hallazgos analizados durante un taller dirigido a periodistas por la Universidad de La Sabana, basado en el estudio Megastudy testing 25 treatments to reduce antidemocratic attitudes and partisan animosity, que concluyó que sí es posible disminuir la polarización, aunque no mediante una única fórmula, sino con intervenciones sostenidas que promuevan una conversación pública menos confrontacional.

Durante el encuentro, el profesor Camilo Rincón explicó que la polarización va más allá de tener opiniones distintas. “Se expresa cuando las personas dejan de confiar en quienes piensan diferente, evitan relacionarse con ellos, interpretan los hechos de manera sesgada o, incluso, llegan a justificar comportamientos antidemocráticos”, explicó el académico.

Entre las estrategias que mostraron mejores resultados está la de presentar a personas con posturas políticas opuestas desde su dimensión humana y no desde su militancia.

El estudio encontró que las intervenciones más eficaces fueron aquellas que mostraban historias de personas comunes, con las que era fácil identificarse, o que resaltaban identidades compartidas por encima de las diferencias partidistas.

Otra estrategia consiste en desmontar la idea de que el “otro bando” es mucho más radical de lo que realmente es. Según la investigación, muchas personas sobreestiman el extremismo de quienes apoyan otra corriente política, por lo que exponer datos verificables ayuda a reducir esa percepción y disminuye el respaldo a prácticas antidemocráticas.

Los investigadores también identificaron efectos positivos cuando los mensajes advertían sobre las consecuencias del deterioro de las instituciones democráticas o cuando líderes de sectores políticos enfrentados coincidían públicamente en defender las reglas de la democracia y rechazar la violencia.

Uno de los mensajes más importantes es la función de los medios de comunicación en la construcción del debate público. La propia investigación advierte que los entornos digitales y algunos modelos de difusión de contenidos pueden aumentar la polarización al privilegiar los mensajes más extremos y reducir la exposición a historias que permitan reconocer al contradictor como una persona y no únicamente como un adversario político.

Esto no significa que el periodismo deba suavizar el debate o evitar el conflicto. El desafío consiste en mantener el rigor informativo, ofrecer contexto y evitar narrativas que profundicen la descalificación entre sectores políticos.

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Publicado por: John Arias

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