Santander
Domingo 09 de noviembre de 2025 - 05:29 PM

Herencia Ocamontana: una generación que cuida la tierra y sus raíces

En la vereda Aguafría, en Ocamonte, las aulas de clase se han convertido en semilleros de respeto por la biodiversidad. Esta es la historia de la institución que aprendió a cuidar su verdadero tesoro.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
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Ocamonte es prueba de la riqueza y bondades del departamento. Su panela lo convierte en el corazón dulce de Santander. Pero la Cueva de la Iglesia, el Cerro La Jabonera y las lagunas de los Anteojos y de El Guayabal lo hacen uno de los rincones más biodiversos de la región.

La Institución Educativa Aguafría encontró en la educación ambiental una forma de preservar esa riqueza que los rodea, y una manera ‘amigable’ de habitarla.

Somos Herencia Ocamontana, SOHEOC, es el proyecto escolar ambiental que une a docentes, estudiantes y familias para trabajar por el cuidado del entorno, la recuperación de las tradiciones y la construcción de una cultura ambiental.

La docente de Ciencias Naturales, Jenny Paola Ramírez Becerra, lidera este proceso con el apoyo de sus estudiantes y aliados locales.

Ella revela que aunque el PRAE (Proyecto Ambiental Escolar) es un requisito en todas las instituciones del país, han logrado que trascienda las aulas, que toda la comunidad educativa se sume y haga de él un equipo de trabajo de ocamontanos comprometidos con el medio ambiente.

Ese trabajo ambiental y comunitario ya ha dado frutos. La institución ha recibido reconocimientos regionales y nacionales. En 2024 obtuvo el primer puesto en los Premios Naturalistas UIS y fue finalista en Eco Colegios 2025 y en el Premio ambiental BIBO 2025.

Pero, en definitiva, para la docente la mayor recompensa es la transformación que ha visto en sus estudiantes. “Sentimos que se ha creado una cultura ambiental, que ha abierto grandes oportunidades para nuestros estudiantes”.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
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Su historia con la naturaleza

Todo comenzó con una alianza con Kilómetro Vertical La Jabonera, una carrera de montaña que se realiza cada diciembre en Ocamonte y que reúne a deportistas de distintas regiones del país.

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“Ellos nos ofrecían dos cupos para nuestros estudiantes y empezamos a hablar con quien dirige la carrera, Leidy Arenas, para trabajar con los chicos en actividades ambientales. Iniciamos con la elaboración de pacas biodigestoras en 2023”, recuerda la docente.

A partir de esa experiencia, la institución decidió consolidar un proyecto más amplio. En 2024, docentes y estudiantes del grado décimo se reunieron para elaborar un diagnóstico ambiental y definir acciones.

“Ellos mismos empezaron a mirar cuál era el panorama ambiental en ese momento. Encontramos falencias en la separación de residuos, en el aprovechamiento de los materiales y en el conocimiento de la biodiversidad del municipio”, señala.

De ese proceso nació Eres Aguafría, una propuesta que promueve la gestión de residuos y la conciencia ecológica dentro y fuera del colegio.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
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El valor de las pequeñas acciones

Eres Aguafría se convirtió en el eje que organiza las prácticas ambientales del colegio. Los estudiantes definieron los puntos ecológicos, ubicaron las canecas y clasificaron los residuos. Además, establecieron un plan de gestión que se cumple todos los días.

“Los mismos estudiantes ubicaron cuáles eran los puntos donde más se generaban residuos. Se hizo una clasificación y empezamos a elaborar los puntos ecológicos con canecas, con lo que tuviéramos”, relata la docente de ciencias naturales.

Los estudiantes aprendieron a aprovechar el material reciclable y a darle un destino responsable a los desechos. “Empezamos a mirar que lo que se consideraba basura, nosotros lo podíamos aprovechar. Se empezó a tener un cuarto de acopio y esos residuos se venden en San Gil. No es mucho lo que queda, pero sí se crea como ese chip en la comunidad”, dice.

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El proyecto también se extendió a otras iniciativas: recolectar tapas plásticas para la Fundación Sanar, aprender a transformar el papel en hojas recicladas con el apoyo de artesanas de Barichara y vincularse a la actividad “Viernes de bolso ecológico”, en la que se reemplazan las bolsas plásticas por bolsos elaborados por ellos mismos.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
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Otra actividad de la que se sienten orgullosos es la feria de intercambio o mercado de las segundas oportunidades. Consiste en que los niños donen ropa, juguetes o artículos del hogar en buen estado para intercambiarlos con otros compañeros.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
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“El año pasado fue una feria muy bonita, de gran satisfacción porque los niños se llevaron buena ropa y se iban felices. Algunas familias son de escasos recursos, entonces llegaban también los papás con el ánimo de tener la ropa de los hijos para diciembre”, comparte la líder del proyecto.

Todas esas actividades se complementan con jornadas de sensibilización, talleres sobre reutilización y eventos simbólicos como el ‘ecoamigo’ secreto, donde todos los obsequios se elaboran con materiales reciclados.

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Herencia Ocamontana: resguardar sus raíces

El segundo eje del proyecto se llama Herencia Ocamontana. Este componente busca que los estudiantes comprendan el valor del lugar en el que viven y aprendan a reconocer su riqueza ambiental y cultural.

“Hemos querido que los estudiantes reconozcan lo que es el lugar en el que nos encontramos”, afirma la docente.

Las actividades incluyen visitas a los acueductos, caminatas ecológicas, jornadas de avistamiento de aves y ejercicios de ‘plogging’, en los que los estudiantes recolectan los residuos que encuentran en los senderos.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
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Uno de los momentos más significativos que han vivido ha sido la sembratón del árbol insignia de Ocamonte, el guayacán amarillo. “Nosotros veíamos que en el himno del municipio y en la bandera se habla del árbol insignia, pero nadie sabía cuál era. Entonces decidimos hacer una sembratón. Cada familia debía sembrar su árbol y la tarea de los niños es cuidarlo”, relata.

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El compromiso se mantiene durante el año. Los estudiantes envían evidencias del crecimiento de los árboles y la institución gestiona abono para el mantenimiento.

Además, con los estudiantes de octavo se creó un vivero escolar con árboles de aro o nacedero, especies que protegen las fuentes de agua.

“Acá en Ocamonte teníamos una problemática en cuanto al agua. Entonces dijimos: ‘¿Qué solución podemos dar? Hay que sembrar árboles que nos ayuden a cuidar el agua’”, comenta.

Tomada de redes sociales/Vanguardia
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Herencia Ocamontana también promueve el encuentro entre generaciones. Los estudiantes visitan el ancianato del municipio para escuchar a los adultos mayores y registrar sus relatos.

“Hemos hecho un trabajo bien bonito de ir al ancianato, de que los abuelitos les cuenten cómo era la vida antes, qué alimentos se preparaban, qué plantas usaban para la medicina. Si nosotros no rescatamos esa herencia, si los perdemos, perdemos nuestras memorias”, dice Jenny.

El proyecto incluye además una feria de emprendimiento en la que los estudiantes de décimo presentan productos inspirados en los saberes locales. Yogures a base de vegetales, productos derivados del café y del cacao, y propuestas de valor agregado para las cosechas familiares. La oferta es amplia.

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