Santander
Domingo 26 de abril de 2026 - 10:53 AM

Más allá de los hipopótamos: las otras amenazas que devoran la biodiversidad de Santander

Mientras el país debate qué hacer con los hipopótamos, no es posible dejar de lado el hecho de que en Santander avanza una invasión igual de alarmante. Especies exóticas, desde plantas ornamentales hasta depredadores acuáticos, se expanden sin control.

Fotomontaje/Vanguardia
Fotomontaje/Vanguardia

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Las más de tres toneladas que puede llegar a pesar un hipopótamo se quedan cortas para dimensionar la situación que atraviesa Colombia en este momento. Pareciera insuperable, pero la otra noticia es que en Santander bastan los 56 gramos de la langostilla roja, los cuatro centímetros de la flor del ojo de poeta o los 5 kilos del tucunaré para hablar de un panorama realmente desgarrador para la fauna y flora del departamento.

Todas estas especies comparten una misma condición: son invasoras. Grandes, pequeñas o en apariencia inofensivas, ponen en riesgo el hogar de especies nativas.

Felipe Villegas - Instituto Alexander von Humboldt (Tomada de Minambiente)/Vanguardia
Felipe Villegas - Instituto Alexander von Humboldt (Tomada de Minambiente)/Vanguardia

Aprovechemos la discusión que se da en el país sobre qué hacer con los hipopótamos para hablar de lo que ocurre en Santander. Hay especies que no alcanzan la dimensión mediática de este mamífero, pero que llevan años expandiéndose, adaptándose y generando impactos en agua, suelos, biodiversidad e incluso en la salud humana.

“Ha habido un interés reciente en particular por estas especies, por los impactos que han generado en los ecosistemas estratégicos de la jurisdicción”, detalla Frank Carlos Vargas Tangua, biólogo y asesor de la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS).

Para empezar, en términos técnicos, no todas las especies introducidas son invasoras. Para que lo sean, deben cumplir condiciones específicas.

“Una especie introducida es simplemente una especie que el ser humano lleva a un lugar donde no existía. Ese es el caso de los hipopótamos en Colombia: llegaron desde África por decisión humana. La diferencia clave aparece con ‘especie invasora’: es cuando esa especie introducida se adapta, se reproduce y empieza a generar impactos negativos”, explica Elkin Briceño, especialista en conservación.

Según el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia, hay por lo menos 1.506 especies exóticas de fauna y flora identificadas. De esas, 1.327 son exóticas, 26 especies han sido declaradas oficialmente como invasoras y 136 son exóticas con potencial de invasión.

Del listado de 26 especies invasoras que hay en Colombia, al menos 13 están presentes en Santander, de acuerdo con una conversación que sostuvo Vanguardia en una mesa de diálogo en la que estuvieron presentes biólogos de la CDMB.

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“Para que se clasifique como invasora, debe tener alta capacidad de dispersión, adaptarse con facilidad y generar impactos negativos. Además, muchas no tienen depredadores naturales, lo que facilita su crecimiento poblacional”, agrega Frank Carlos Vargas Tangua, biólogo de la CAS.

Caracol gigante africano (Achatina fulica) | Tomada de Imct (La Cultural)/Vanguardia
Caracol gigante africano (Achatina fulica) | Tomada de Imct (La Cultural)/Vanguardia

Caracol gigante africano, ¿cómo frenarlo?

Uno de los casos más conocidos es el del caracol gigante africano. Tiene una gran capacidad para reproducirse y una dieta generalista. Esa combinación le permite multiplicarse con rapidez, alimentarse de distintos tipos de plantas e incluso desplazar especies nativas.

“Es vector de unos parásitos que se transmiten por el contacto directo con la baba del caracol o por el consumo de alimentos que están contaminados; puede causar infecciones graves al sistema digestivo humano. Y eso, por ejemplo, debe causarnos una especial preocupación”, advierte Vargas Tangua, biólogo de la CAS.

Aunque en el departamento la CAS y la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB) han dado cumplimiento a la Resolución 654 de abril de 2011, que el Ministerio de Ambiente estableció para controlar y prevenir la presencia de este caracol, la tarea es titánica.

“La verdad, nosotros (los humanos) perdimos la guerra; o sea, no lo logramos controlar. Lo único que logró controlar al caracol africano fue la misma fauna. De hecho, hay unas aves que naturalmente consumen caracoles y ellas terminaron consumiendo ese caracol. Entonces, la misma naturaleza trata de equilibrarse”, cuenta Luis Eduardo Pinzón Quiñónez, biólogo de la CDMB.

Langostilla o cangrejo rojo (Procambarus clarkii) | CAR Cundinamarca/Vanguardia
Langostilla o cangrejo rojo (Procambarus clarkii) | CAR Cundinamarca/Vanguardia

¿Cuál es la amenaza que enfrenta Santander con la langostilla o cangrejo rojo?

Otro caso que preocupa a las autoridades ambientales es el de la langostilla o cangrejo rojo. Este pequeño crustáceo, que a simple vista puede parecer inofensivo, tiene una capacidad de transformación significativa en los ecosistemas acuáticos. Según reportes de la CAS, ha sido avistado por la comunidad en zonas de Barichara y Villanueva.

“Es una especie muy agresiva, colonizadora. Hace túneles de hasta un metro de profundidad junto a las fuentes hídricas. Eso genera erosión, inestabilidad en los suelos y aumenta la turbidez del agua”, explica el biólogo Frank Vargas Tangua.

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Ese cambio en la calidad del agua altera las condiciones para otras especies. Además, estamos frente a un depredador voraz. A esto se suma su capacidad de desplazamiento: puede moverse hasta 6 kilómetros por día y colonizar nuevas fuentes hídricas, lo que dificulta su control.

“Consume huevos de peces, anfibios y vegetación acuática. Acaba con todo y porta un hongo que es letal para los cangrejos nativos”, agregan desde la CAS.

Retamo espinoso (Ulex europaeus) | CDMB/Vanguardia
Retamo espinoso (Ulex europaeus) | CDMB/Vanguardia

Retamo espinoso: un peligro en el páramo

La invasión también llegó hasta la alta montaña. El retamo espinoso se ha convertido en una de las principales amenazas para los páramos. Esta planta, introducida desde Europa, encontró condiciones ideales en los ecosistemas altoandinos de Santander y su expansión tiene consecuencias directas sobre el equilibrio ecológico.

“Al principio se adaptó muy bien, pero ahora está cubriendo una buena parte. Es difícil de erradicar porque, como es espinoso, se usa machete, se corta, pero vuelve a retoñar fácilmente. Estamos trabajando desde el año pasado en retirarlo desde la raíz y quemarlo, pero ese proceso requiere tiempo, logística e insumos. Se vuelve un problema y después es una carga ambiental”, detalla el biólogo de la CDMB.

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El retamo modifica la composición del suelo, altera los ciclos y hasta puede llegar a dificultar el crecimiento de especies nativas.

“Cuando hay un incendio, por ejemplo, se activan muchas semillas, dentro de las que seguramente hay invasoras también. Cuando están ahí en la guerra por germinar, muchas veces empiezan a ganar las invasoras; por eso se hacen parcelas de seguimiento después de un incendio. El retamo, al principio, lo cortaban y quemaban, y lo que hacía era volver a germinar”, complementa Ludy Archila Durán, profesional especializada de la CDMB y miembro del equipo del Jardín Botánico Eloy Valenzuela.

Ojo de poeta (Thunbergia alata) | CDMB/Vanguardia
Ojo de poeta (Thunbergia alata) | CDMB/Vanguardia

Ojo de poeta: un invasor en los jardínes

Hay un caso particular en el que el problema se ha ‘naturalizado’ porque adorna el paisaje: el ojo de poeta. Es otra invasora, aunque resulte solo decorativa.

“Es un buen ejemplo de cómo lo cotidiano puede tener efectos graves. Estas plantas crecen rápido, se reproducen fácilmente y ocupan espacio con mucha eficiencia. En ese proceso, compiten por luz, agua y nutrientes, formando coberturas densas que dificultan el desarrollo de especies nativas”, explica Elkin Briceño, especialista en conservación.

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Tucunaré | Tomada de Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca/Vanguardia
Tucunaré | Tomada de Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca/Vanguardia

La especie invasora que vive en Topocoro

Uno de los ejemplos más claros del efecto de las especies invasoras en Santander se encuentra en el embalse de Topocoro. Ante la pregunta de si en Santander hay una situación de la magnitud del hipopótamo, los expertos han contestado que sí. Aunque no pesa tres toneladas, puede llegar a alcanzar los 5 kilos. La introducción del tucunaré cambió por completo el ecosistema.

“Si antes había una proporción de más o menos 80 % de peces locales y un 20 % de peces introducidos, ahora está prácticamente invertida. Hay un 80 % de peces introducidos, y la población de peces nativos ha disminuido hasta un 20 %. Desde el Comité Técnico del Embalse Topocoro (CETOP), que es una mesa de trabajo de la Gobernación de Santander, la CAS, la CDMB y la Autoridad Nacional de Pesca y Acuicultura e ISAGEN; estamos evaluando las mejores opciones o alternativas para crear ese plan de manejo”, detalla el biólogo de la CDMB.

Este pez, trasladado desde la Orinoquía, se convirtió en un depredador dominante en el embalse. Pero la naturalización de este y otros invasores, como la mojarra, la trucha o la tilapia, ha desencadenado que especies nativas como el bocachico, el bagre rayado o la doncella registren una caída drástica.

“El basa también es un pez asiático que fue introducido. Lo mismo ocurre con las mojarras que consumimos comúnmente, como la tilapia roja o la negra. Estas especies también son introducidas y se consideran invasoras porque son muy tolerantes. Provienen de África y Asia; en muchos casos, son híbridos, es decir, resultado del cruce entre diferentes especies. Esto les permite soportar niveles muy bajos de oxígeno y altas temperaturas, además de tener un comportamiento voraz”, añade el biólogo Luis Pinzón.

Más allá de los hipopótamos: ¿Qué especies invasoras amenazan los ecosistemas de Santander? | CDMB/Vanguardia
Más allá de los hipopótamos: ¿Qué especies invasoras amenazan los ecosistemas de Santander? | CDMB/Vanguardia

Estas son las especies invasoras que hay en Santander

La Resolución 0067 de 2023 del Ministerio de Ambiente establece que hay 26 nombres científicos que, tras un proceso de validación y depuración taxonómica, corresponden a 25 especies y un género, de especies invasoras en Colombia.

Del listado de 26 especies invasoras que hay en Colombia, al menos 13 están presentes en Santander, de acuerdo con una conversación que sostuvo Vanguardia en una mesa de diálogo en la que estuvieron presentes biólogos de la CDMB.

  1. Caracol gigante africano (Achatina fulica)
  2. Trucha común (Salmo trutta)
  3. Trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss)
  4. Tilapia nilótica (Oreochromis niloticus)
  5. Carpa común (Cyprinus carpio)
  6. Tilapia negra (Oreochromis mossambicus)
  7. Gourami piel de culebra (Trichogaster pectoralis)
  8. Rana coquí (Eleutherodactylus coqui)
  9. Langostilla roja (Procambarus clarkii)
  10. Hipopótamo (Hipopotamus amphibius)
  11. Buchón de agua (Eichornia crassipes)
  12. Retamo espinoso (Ulex europaeus)
  13. Cañutillo (Melinis minutiflora)
Tulipán africano (Spathodea campanulata) | CDMB/Vanguardia
Tulipán africano (Spathodea campanulata) | CDMB/Vanguardia

¿Cómo protegernos de la ‘invasión’?

En Santander no hay una cifra exacta de hipopótamos. Sin embargo, la CAS estima la presencia de al menos dos ejemplares en zonas cercanas a Barrancabermeja, o incluso tres. Lo cierto es que las condiciones del territorio y la riqueza natural de la que se habla en el departamento, favorecen su expansión.

Uno de los mayores riesgos está en los ecosistemas acuáticos, donde varias de estas especies coinciden. “El manatí del Caribe, especie amenazada presente en ciénagas de Santander, no enfrenta una causa única, sino una combinación de factores: pérdida de hábitat por ganadería y palma africana, degradación de humedales, presión humana y, ahora, la presencia de una especie invasora que modifica la calidad del agua, incrementa la carga orgánica y altera la dinámica de los ecosistemas acuáticos. En ese escenario, los hipopótamos no son el único problema, pero sí un factor adicional que puede agravar las condiciones para la supervivencia del manatí y otras especies”, añade Elkin Briceño.

El problema es acumulativo. Cada especie invasora suma presión sobre sistemas que ya están siendo transformados por la actividad humana.

“No existe una única solución para todas las invasoras. Cada una se maneja según su biología, su nivel de expansión y el tipo de impacto que genera”, agrega Briceño.

Pero más allá de las acciones institucionales, los expertos coinciden en que la prevención es clave.

“Lo importante es valorar más lo nuestro, cuidarlo, protegerlo. En especial, hay unas especies que son endémicas y, si las perdemos, se pierden en todo el mundo. Si ya están disminuyendo algunas poblaciones, en algún momento, cuando toque a un endémico, se pierde no solo para Colombia, sino para todo el mundo. Son cosas delicadas”, puntualiza Luis Pinzón, biólogo de la CDMB.

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