“Yo soy Laura Sofía y podría ser campeona mundial”, decía ella cuando aún era una niña, no como una certeza, pero sí con la fuerza de quien todavía está peleando para convertir un sueño en realidad.

Publicado por: Jorge Rios
Laura Sofía Moyano tenía 9 años cuando alguien decidió que valía la pena mirar lo que hacía con un balón en una cancha de Guadalupe, Santander. Tenía talento, dicen quienes la vieron entonces, y también tenía algo que no siempre alcanza para llegar lejos: alguien dispuesto a respaldarla.
La Fundación Nicolás Aristizábal comenzó a acompañarla, la llevó a torneos y, en una de esas oportunidades, llegó hasta Cancún, México, donde un club profesional se interesó en que se quedara. La historia, sin embargo, no pudo continuar por razones familiares y económicas.
Pasaron los años y Laura dejó de estar en el radar de la fundación durante un tiempo, pero siguió jugando. A finales de 2025, diez años después del primer encuentro, se volvieron a ver. Ya tenía 19 años y el reloj empezaba a correr para una futbolista que todavía perseguía el mismo sueño.

Esta vez apareció otra puerta: Real Santander. La Fundación la llevó a un proceso de prueba, se quedó una semana y continuó vinculada al club. Ahora entrena con el equipo y vive en la casa hogar de la institución. La Fundación Nicolás Aristizábal asumió su manutención.
“Yo soy Laura Sofía y podría ser campeona mundial”, decía ella cuando aún era una niña, no como una certeza, pero sí con la fuerza de quien todavía está peleando para convertir un sueño en una posibilidad.
El balón como oportunidad
La historia de Laura es una de las razones por las que nació GOL LAB, un proyecto deportivo que la Fundación Nicolás Aristizábal comenzó a gestar en octubre de 2025 e inició oficialmente en enero de este año, reuniendo hoy a 82 niños, niñas y jóvenes entre los 5 y los 19 años.
La iniciativa nació de una idea de Luis Gerardo Pachón Suárez, quien durante décadas ha trabajado con procesos deportivos y conoce de cerca el talento que existe en los municipios pequeños. Para la Fundación, el fútbol no es solamente una actividad para ocupar las tardes.
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“Vemos el fútbol como un vehículo que transforma vidas”, explicó Milena Pachón, presidenta de la Fundación Nicolás Aristizábal.
La convocatoria inicial buscaba reunir alrededor de 30 niños. Llegaron más de 80 y siguen sumando inscripciones.

Muchos vienen de las veredas. Algunos caminan una o dos horas para alcanzar los entrenamientos, que se realizan los martes y viernes. “Ese es un tema que estamos intentando resolver”, aseguró la vocera de la Fundación y del proyecto.
La Nico les entregó uniformes, guayos e implementos y, sobre todo, un espacio permanente para entrenar. Para varios de ellos, este espacio gratuito fue la primera oportunidad de ponerse unos guayos.
Mucho más que fútbol
Detrás de los entrenamientos hay historias que explican por qué GOL LAB pretende convertirse en un proceso de largo plazo.
Pachón cuenta que entre los niños hay realidades y casos difíciles, muchos de ellos con problemas que suelen asociarse con las grandes ciudades, pero que también están presentes en municipios pequeños y sectores rurales como Guadalupe.
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Por eso, la Fundación insiste en que el proyecto necesita tiempo. No se trata únicamente de formar jugadores. La apuesta es construir una cantera y acompañar a los niños durante varios años para determinar hasta dónde puede llegar su talento.
Actualmente hay cinco menores, entre los 10 y los 16 años, que desde el proyecto consideran que tienen condiciones para ser proyectados hacia escenarios competitivos.
Pero el primer resultado ya está en marcha. Los fogueos continúan y están programados viajes con los equipos a distintas ciudades del país. Esos son pasos importantes para medir su talento, pero, sobre todo, para abrir sus mentes.

Laura es la prueba de que una oportunidad deportiva puede cambiar el rumbo de una historia. Ella comenzó jugando en una cancha de Guadalupe, llegó a un torneo en México, estuvo cerca de quedarse allí, desapareció durante unos años del radar de quienes la acompañaban y regresó para encontrar otra posibilidad. Ahora entrena pensando en el fútbol profesional.
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Y mientras ella intenta abrirse camino, otros 81 niños siguen llegando dos veces por semana a una cancha de Guadalupe.
No se sabe si alguno llegará al fútbol profesional. Pero GOL LAB parte de una idea más sencilla: primero hay que darles la oportunidad de intentarlo. Por eso continúan trabajando, eso sí, esperando el apoyo de la empresa privada y de cualquier entidad que quiera sumarse a esta causa, que tiene como único fin el desarrollo de las nuevas generaciones de Guadalupe y en la que los beneficiarios no pagan nada.













