Bucaramanga
Domingo 11 de octubre de 2026 - 01:00 AM

El cementerio flotante de pescados del río Lebrija: ¿quién se hace responsable?

Cada vez que llueve, las aguas residuales del área metropolitana de Bucaramanga agravan la agonía del río Lebrija. Pescadores denuncian que la contaminación asfixia el afluente, mientras la planta de tratamiento que podría reducir el impacto de los vertimientos sigue sin financiación definida.

Mortandad de peces en el río Lebrija (fotos suministradas / VANGUARDIA).
Mortandad de peces en el río Lebrija (fotos suministradas / VANGUARDIA).

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Publicado por: Katterine Dimas

“Se mueren todos los seres vivos del Río Lebrija, se mueren todos”. Con esa frase, James Murillo, director de Cabildo Verde, una organización comunitaria que defiende las dinámicas ambientales del Magdalena Medio, resume la denuncia que lleva repitiendo durante los últimos 25 años.

Tres, cuatro o cinco veces al año, la corriente deja de ser río y se convierte en un cementerio que avanza. El cementerio del río Lebrija.

El más reciente aguacero que cayó sobre Bucaramanga, el área metropolitana y otros municipios de la región dejó, una vez más, al descubierto la contaminación del río Lebrija. Cientos de cuerpos escamosos y plateados quedaron en la superficie, como si el río, harto de cargar con todo, menos oxígeno, hubiera decidido devolver lo único que le quedaba vivo.

Este afluente, dice el ambientalista, “durante toda la vida ha sido la cloaca del área metropolitana de Bucaramanga”.

92 % de las aguas residuales de Bucaramanga y el 99 % de las de Girón no reciben tratamiento.

Según James Murillo, Piedecuesta tiene una planta obsoleta que apenas trata cerca del 15 % de sus aguas residuales, mientras que Girón y Lebrija carecen de ellas. Las aguas sin depurar bajan por Río Frío y Río de Oro, confluyen en el sector de Bocas, en Girón, y siguen hacia Sabana de Torres, mezcladas, según la denuncia, con residuos orgánicos de marraneras, mataderos y avícolas.

Mortandad de peces en el río Lebrija (fotos suministradas / VANGUARDIA).
Mortandad de peces en el río Lebrija (fotos suministradas / VANGUARDIA).

Los documentos oficiales no lo contradicen en lo esencial. El Conpes que respalda la futura Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Río de Oro reconoce que solo con ella, y con la operación de la PTAR de Río Frío, Bucaramanga, Floridablanca y Girón alcanzarían el 100 % de tratamiento. Eso ocurriría en unos diez años.

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El mayor punto de contaminación, de acuerdo con James Murillo, ocurre cuando, después de días sin lluvia, cae un aguacero. “El agua no limpia: arrastra. Lava el alcantarillado y lanza al cauce una creciente cargada de sedimentos y desechos”, explica el director de Cabildo Verde.

En verano, asegura James, el río no resiste: “no tiene capacidad suficiente para diluir la cantidad de podredumbre que viene del área metropolitana de Bucaramanga”. Antes, la mortandad llegaba en enero y febrero. Hoy, asegura, golpea cuatro o cinco veces al año.

Al respecto, Luis Porras, pescador de la zona, ve el mismo patrón desde la orilla. Sin embargo, cuenta que a la contaminación se suma el fenómeno de El Niño y que eso ayuda a que se dé la mortandad. Pero no reduce todo al clima; también cree que la contaminación es lo más grave “porque esa agua se deposita y, cuando llueve, acelera ese proceso enseguida”.

El Río Lebrija deja de fluir para convertirse en un cementerio flotante. Sin oxígeno y sofocado por las aguas residuales de más de un millón de habitantes, el afluente arrastra miles de peces, nutrias y reptiles muertos hasta las orillas de las comunidades ribereñas.

También explica por qué el golpe es más fuerte en un tramo específico, el que va de la represa de Bocas hasta un punto conocido como la Boca de la Tigra. Allí el cauce es pedregoso, en el fondo y en las orillas. “No hay arena que atrape ese lodo, entonces le quita el oxígeno muy rápido”, describe.

Porras asegura que “el río hace la matazón”. Al otro día, todo el pescado muerto flota y empieza a bajar con la corriente. Los peces se descomponen en la playa y los chulos, dice, “hacen su trabajo”.

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Lo que queda no vale nada. Los pescadores le llaman “agua de represa” al pescado que sobrevive contaminado, y casi nadie quiere comprarlo, porque “es muy malo ya para el consumo humano”.

PTAR Río de Oro es el último y crucial paso para descontaminar el río de Oro y el río Lebrija
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Más que peces muertos en el río Lebrija

Los peces son lo que se ve. Son el impacto visual, la fotografía o el video que llega a las redes sociales. Pero James Murillo insiste en que el daño es más hondo: “ahí se mueren las nutrias, se mueren las aves, se mueren todas las especies de peces, los comerciales, las rayas, las culebras, las anguilas”.

Después de cada tragedia, el río queda “vacío” entre 15 días y un mes. Aguas abajo están las comunidades como Conchal, Vanegas, San Rafael y Papayal, que viven a la orilla. Y el pescado que sobrevive, aunque contaminado, afirma, termina vendiéndose en Bucaramanga: “la factura que le pasa la naturaleza” a la ciudad.

PTAR Río de Oro: el último y crucial paso que falta para que arranque la megaobra | Suministrada
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¿Quién responde por el daño ambiental?

El río Lebrija cada tanto se transforma en una escena del crimen ambiental que, aparentemente, nadie parece estar dispuesto a investigar. El ambientalista cuenta que reporta cada mortandad a la Corporación Autónoma Regional de Santander, CAS, y a la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, CDMB,, y que cada una lo remite a la otra.

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Vanguardia buscó información de funcionarios de la CAS y la CDMB durante la última semana sobre este daño ambiental. No obstante, no obtuvo respuesta.

“Se tiran la pelota de lado a lado”, resume James Murrillo. En esos traslados, dice, se pierden semanas y, a veces, años. No ocurre nada.

Sin embargo, en este problema también aparecen otros personajes. A menudo se culpa al desembalse de la represa de Bocas, operada por la ESSA por orden de una acción popular. James no exculpa a la empresa, pero sostiene que no es la causa de fondo: la represa, afirma, funciona “sin querer como una piscina de oxidación” que acumula y luego libera lo que recibe.

La ausencia de infraestructura de tratamiento de aguas no solo está destruyendo la fauna acuática, sino que está devolviendo a los comedores de Bucaramanga la misma contaminación que se arroja por las alcantarillas.

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Una planta de tratamiento de aguas residuales que existe en el papel

La solución que James Murillo reclama tiene nombre propio. Según publicó Vanguardia en julio, la PTAR de Río de Oro tratará 2.000 litros por segundo de las aguas residuales de Bucaramanga y Girón. El Conpes 4173 le asigna $1,27 billones entre 2027 y 2035, con vigencias futuras aseguradas. La Empresa Pública de Alcantarillado de Santander S. A., Empas, será la encargada de contratarla y ejecutarla.

El proyecto ya tiene licencia ambiental y Empas compró los predios Hacienda Río de Oro y Mosquitos, donde se levantará la planta. Falta la gestión predial en otras zonas, un trámite que se adelanta ante la Agencia Nacional de Tierras y la Alcaldía de Bucaramanga. Después, el Ministerio de Vivienda debe dar su concepto técnico favorable.

Pero en septiembre el panorama se complicó. El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, admitió ante Vanguardia que aún falta “un punto de viabilización completa en materia financiera”. Asimismo, aseguró que “dejaron un Conpes generando la destinación de los recursos, pero la realidad fiscal no solamente de la Nación, sino del Ministerio, es crítica”.

PTAR Río de Oro | Infografía Nelson Caviedes
PTAR Río de Oro | Infografía Nelson Caviedes

El Conpes prevé que la mayor inversión se haga en 2027, con cerca de $280.000 millones. Hoy se estudia financiarla por etapas o mediante una alianza público-privada. La expectativa es definir el mecanismo antes de que termine el año.

Hasta entonces, la planta es una cifra en un documento, mientras el río sigue recibiendo el agua que la planta debería tratar.

El costo de esperar más para la construcción de la Ptar Río de Oro

El Conpes calcula lo que dejaría de pasar si la planta existiera. Al tratar todas las aguas residuales de Bucaramanga y Girón, la incidencia de enfermedades diarreicas agudas en menores de cinco años caería un 70 %, evitando cerca de 32.000 casos al año. El ahorro en atención médica sería de unos $8.375 millones anuales, y disminuirían las infecciones por Escherichia coli, la hepatitis A y la parasitosis.

Pobladores de Sabana de Torres y Rionegro (Santander) reportaron este fin de semana una nueva mortandad de peces en el río Lebrija. Denunciaron la contaminación que las aguas residuales de Bucaramanga, que no son tratadas adecuadamente, está generando al ecosistema. (Foto: Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL)
Pobladores de Sabana de Torres y Rionegro (Santander) reportaron este fin de semana una nueva mortandad de peces en el río Lebrija. Denunciaron la contaminación que las aguas residuales de Bucaramanga, que no son tratadas adecuadamente, está generando al ecosistema. (Foto: Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL)

Es la otra cara de la cloaca. Lo que James Murillo ve morir en el agua, el Conpes lo mide en niños enfermos.

El Director de Cabildo Verde no pide castigos. “No estábamos buscando que sancionen a nadie, estábamos buscando que solucionen el problema”, afirma. Y reclama lo que parece elemental: “No estamos inventándonos ni una máquina ni nada, estamos diciendo que cumplan con la ley”.

Sin embargo, no le perdona a nadie el silencio: “Aquí el problema son todos, para los que hacen, para los que no hacen, para los que permiten que se haga y sobre todo para los que se callan”.

Publicado por: Katterine Dimas

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