Barrancabermeja
Sábado 14 de febrero de 2026 - 05:04 PM

Aferrados a la vida: así sobrevivieron Nancy y David a la avalancha en Vanegas, Lebrija

El río Lebrija arrasó la vereda Vanegas, pero decenas de familias resistieron. David se dejó llevar por la corriente, mientras que Nancy se sostuvo de las manos de su esposo que nunca la soltaron.

La creciente del río Lebrija destruyó casas y arrasó con cultivos y enseres de decenas de familias en la vereda Vanegas (Fotos suministradas / VANGUARDIA).
La creciente del río Lebrija destruyó casas y arrasó con cultivos y enseres de decenas de familias en la vereda Vanegas (Fotos suministradas / VANGUARDIA).

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Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes

Han pasado nueve días desde que el río arrasó la vereda Vanegas, en zona rural de Lebrija. Nueve días desde que el agua entró a las casas sin pedir permiso, desde que la madrugada se volvió miedo y desde que una mujer, Nancy Suárez Mantilla, entendió que seguía viva por una cadena de casualidades a las que ella les llama milagro.

Vanegas es una vereda asentada a unos 70 metros del río Lebrija. El afluente es casi un vecino con el que sus habitantes habían aprendido a convivir. Aunque en otras ocasiones había crecido, nunca había ocurrido algo de estas dimensiones y nadie, dice Nancy, les había advertido que vivir tan cerca fuera un riesgo.

Por eso, ese día no comenzó con miedo. Había llovido toda la noche, eran casi las 5:00 a.m. cuando ella estaba acostada en su cama y escuchó a su esposo que gritaba y le decía que el río había crecido y que no había tiempo.

Nancy se levantó despacio. No porque no dimensionara la emergencia, sino porque tiene discapacidad en ambos pies, lo que le dificulta caminar y moverse con rapidez. Buscó sus zapatos. No puede caminar descalza.

Algunos damnificados de la vereda Vanegas, en Lebrija, tuvieron que ser auxiliados con la ayuda de helicópteros (Fotos suministradas / VANGUARDIA).
Algunos damnificados de la vereda Vanegas, en Lebrija, tuvieron que ser auxiliados con la ayuda de helicópteros (Fotos suministradas / VANGUARDIA).

De repente el agua entró con fuerza, como si la tierra misma se hubiera abierto para tragarse todo lo que había a su paso. Primero cubrió el piso. Luego subió con rapidez. Y cuando la mujer logró ponerse de pie, ya el agua le llegaba a las rodillas. En cuestión de minutos, ella quedó atrapada dentro de su propia casa: “Yo quedé entre el lodo, no era capaz de moverme y de repente vi que mi esposo llegó con otro muchacho a rescatarme, pero el lodo lo impidió. Nos quedamos los tres atrapados”.

Mientras tanto, afuera, se escuchaba un fuerte ruido continuo contra casas, paredes y puertas. El agua y el lodo seguían subiendo con prisa y llevándose lo que encontrara a su paso. Fueron minutos que se convirtieron en una eternidad. “La mente se me congeló, se quedó en cero”, dice.

Para salvar sus vidas, los tres se subieron a un muro, pero en medio del intento, Nancy cayó. El barro la jaló hacia abajo como si el suelo quisiera tragársela. Desde el piso, pidió casi en medio de una súplica desesperada que la soltaran, que se salvaran ellos.

Sin embargo, su vecino y su esposo no la soltaron. Su compañero se aferró a ella con el cuerpo, con los brazos, con una decisión que no nació ese día, sino años atrás, cuando decidieron unir sus vidas. Mientras la corriente empujaba para separarlos, él se quedó y, como pudo, sostuvo su peso, resistió…

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La creciente del río Lebrija destruyó casas y arrasó con cultivos y enseres de decenas de familias en la vereda Vanegas (Fotos suministradas / VANGUARDIA).
La creciente del río Lebrija destruyó casas y arrasó con cultivos y enseres de decenas de familias en la vereda Vanegas (Fotos suministradas / VANGUARDIA).

“Y ya cuando el agua iba subiendo, entonces mi esposo, yo no sé cómo, abrió una lámina, levantó el techo y nos subimos. Éramos mi esposo, yo y la perrita. El otro muchacho quedó hacia abajo, colgado…”.

Nancy dice que ahí ocurrió el primer milagro. Desde el techo, vio la avalancha correr, casas que se inclinaban antes de caer, paredes que cedían, gente desesperada… una vereda que era borrada por el agua y el lodo.

“Yo veía que las casas se caían y yo dije ‘Dios mío, viene por la mía’… la casa temblaba”.

Entonces, los gritos se escuchaban desde todos lados. Pedidos de auxilio, voces desesperadas que se perdían entre el ruido del agua. Nancy gritaba también. Pensó en su hijo. Pensó en que no volvería a verlo. Pensó en sus nietos: “Le pedí a la Santísima Virgen del Carmen que me protegiera… Parecía el mar... en ese momento le pedía a Dios que me diera alas para volar”.

El desbordamiento del río Lebrija arrasó con viviendas y dejó a decenas de familias damnificadas en el corregimiento de Vanegas.
El desbordamiento del río Lebrija arrasó con viviendas y dejó a decenas de familias damnificadas en el corregimiento de Vanegas.

La incertidumbre duró horas hasta que llegaron a rescatarlos y supo que sus demás familiares estaban con vida. Había frío, cansancio y el dolor porque nadie sabía quién más estaba vivo.

Luego supieron que había una persona muerta, Antonio Libreros, un adulto mayor que vivía en la casa más cercana al río.

“Dejarse llevar (por el río Lebrija) para sobrevivir”

Mientras Nancy permanecía en el techo, aferrada al cuerpo de su esposo y decenas de familia rogaban ser rescatados, el río también empujaba a otros a tomar decisiones inimaginables.

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A David Herrera, el río Lebrija lo sorprendió cuando intentaba regresar a la vereda. Es conductor y desde la carretera vio que Vanegas ya no era el lugar del que había salido la noche anterior. Vio desde una loma cómo el agua corría con fuerza y las casas empezaban a caer. Alguien le gritó que no avanzara, que venía otra avalancha más fuerte.

La creciente del río Lebrija dejó a más de 60 familias damnificadas en la vereda Vanegas, en Lebrija, Santander (Fotos suministradas / VANGUARDIA).
La creciente del río Lebrija dejó a más de 60 familias damnificadas en la vereda Vanegas, en Lebrija, Santander (Fotos suministradas / VANGUARDIA).

David no pensó y por instinto se tiró al río y se dejó llevar por la corriente, con un bolso en la mano esperando que el agua lo sacara más abajo.

Su familia no lo supo sino horas después. En Vanegas no había señal. Nadie respondía el teléfono. Durante ese tiempo, su nombre fue uno más entre los que se creían desaparecidos.

“La familia, la mujer y mis hijos pensaban que yo estaba muerto y me había ahogado. ¡Dios santo!”, relata David. Horas después, cuando apareció, fue su hija quien lo abrazó primero. No preguntó nada. Solo lo apretó. “Yo le dije, ‘Mami, yo estoy bien’. La mujer me abrazó y me dijo, que el agua nos acabó todo… pero no pasa nada, eso es material, lo importante es que los tres estamos vivos, es un milagro”.

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Personal de socorro atiende la emergencia tras el desbordamiento del río Lebrija en Vanegas.
Personal de socorro atiende la emergencia tras el desbordamiento del río Lebrija en Vanegas.

El milagro de sobrevivir a la tragedia de la vereda Vanegas en Lebrija

Como Nancy, al pasar de las horas, cuando el agua se fue, David pudo regresar a una casa que ya no existía. Como ella, y más de 60 familias, se quedó solo con la ropa que llevaba puesta.

En Vanegas, las casas quedaron destruidas o cubiertas de barro, las calles desaparecieron. Algunas familias se fueron y otras permanecen refugiadas en hogares de vecinos o familiares que viven en la parte alta.

La de David y Nancy son apenas dos historias entre las decenas que se escribieron en medio de la emergencia. Ambos coinciden en que sobrevivir lo que pasó en Vanegas fue un milagro: en el caso de él, porque el río, a pesar de su furia, lo devolvió con vida; y ella, por la esperanza que se aferra y, sobre todo, por unas manos que nunca la soltaron.

Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes

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