Una madre y su hija, desaparecida en el marco del conflicto armado, se reencontraron en Barrancabermeja gracias al trabajo de búsqueda humanitaria de la UBPD. Esta es su conmovedora historia.
Publicado por: Lesly Adriana Cifuentes
El abrazo fue fuerte, largo, silencioso… A las dos mujeres, madre e hija, no les hizo falta decir mucho porque en ese pequeño gesto se juntaron 25 años de dolorosas ausencias, de múltiples preguntas sin respuestas y de una espera que, hasta hace poco, parecía no tener fin.
La historia de María* y Laura*, a quienes llamaremos así por motivos de seguridad, comenzó en el año 2001 en la zona alta del sur del departamento de Bolívar, cuando Laura, quien en ese entonces era una niña de apenas dos años, un actor armado la arrebató de los brazos de su madre biológica y, posteriormente, fue dejada bajo el cuidado de terceros.
Desde ese entonces, María no volvió a saber más nada de su hija... le quedó el vacío de su ausencia y el miedo de que una palabra suya, una denuncia de su parte, le pudiera ocasionar daño a ella o a su pequeña. Desde ese entonces, su vida quedó suspendida en el tiempo.
Durante años, no volvió a tener siquiera una sola pista. Ni una llamada, ni una noticia. La incertidumbre, el miedo y el dolor se convirtieron en parte de su rutina diaria. Aprendió a sobrevivir con la ausencia, a tratar de seguir con su vida, mientras una parte de ella albergaba una profunda tristeza, pero también la esperanza de algún día abrazarla en el reencuentro.
“Hubo momentos en los que sentí miedo. Sentí miedo porque de pronto pensaba que me le hicieron algo. Sentía miedo de que no estuviera con vida. Pero también hubo momentos que yo la sentía. Y en mi corazón, yo sabía que ella estaba viva”, relató la madre.
En medio de la cruel ausencia, se inventó formas de mantener viva la presencia de su hija. En cada fecha especial, María compraba un regalo y lo guardaba junto a una fotografía con la esperanza de algún día entregárselos. “Yo compraba un detalle para este cuadro que tiene una foto de ella... yo sabía que algún día se lo iba a poder mostrar”, relató.
Así pasaron más de dos décadas..
Del miedo a la búsqueda
Durante años María no buscó, estaba petrificada por el miedo. “No lo hacía porque me daba mucho miedo. Solo esperaba el momento, esperaba noticias”, recuerda.
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Sin embargo, en 2021, tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su historia. Luego de escuchar en múltiples oportunidades sobre la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), decidió hablar, iniciar un proceso largo de búsqueda, en el que cada dato reconstruido abría la posibilidad de verla nuevamente.
La búsqueda humanitaria y extrajudicial se desarrolló en el marco del Plan Regional de Búsqueda Sur de Bolívar, en articulación con el Programa de Desarrollo y Paz de Magdalena Medio. El primer paso fue reconstruir la información mediante una revisión detallada en bases de datos y registros oficiales de la Registraduría Nacional del Estado Civil, lo que permitió trazar las primeras pistas.
Luego, a través de la articulación con enlaces municipales del Sisbén, se logró avanzar en la localización de la joven. El proceso siguió con la intervención del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, el cual realizó un cotejo de ADN que confirmó la relación biológica entre madre e hija.
“A partir de la implementación de las estrategias de búsqueda del Plan Regional Sur de Bolívar, logramos encontrar una persona con vida y logramos realizar el reencuentro de una madre con su hija, una persona que había sido desaparecida en el contexto del conflicto armado que se conecta de su núcleo familiar y luego de 25 años logramos encontrarla”, dijo.
Desde que fue arrancada de los brazos de su madre, la niña había sido llevada a otro lugar del nororiente del país. Creció lejos de su origen, sin conocer del todo su historia.
El anhelado reencuentro
El reencuentro se dio esta semana en Barrancabermeja. Madre e hija se volvieron a ver después de 25 años. No hizo falta decir mucho, pues en ese instante se juntaron más de dos décadas de ausencia, de infinitas preguntas sin respuestas y de una espera que por momentos parecía que no iba a tener final.
La entrega de aquel cuadro con la foto de Laura cuando era pequeña y la historia alrededor de él hizo el momento más fuerte y emotivo.
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“Esta es la primera foto que yo veo de mi chiquita y pensé en voz alta, sigo siendo ‘cachetoncita’. Y pues no sé, me llena de alegría de ver cómo mi mamá conservó tan bonita foto, durante todos estos años. (...) Por mi parte fue muy triste porque crecí sin ella y era importante saber de que ella me estaba buscando... es un momento de alegría, emoción”, comentó Laura en medio del reencuentro.
En el sur de Bolívar, el Plan Regional de Búsqueda registra más de 1.100 personas desaparecidas. En todo el Magdalena Medio, la cifra supera las 5.900.
En medio del encuentro, no solo se reconocieron. Ellas también empezaron a reconstruir una historia que había quedado incompleta. Las preguntas llegaron poco a poco, sin prisa, como si ambas entendieran que no se trataba de recuperar el tiempo perdido en un solo día, sino de empezar un nuevo camino juntas.
“Por fin se cumplió esa esperanza. Finalizó ese sufrimiento y nace una nueva vida, un nuevo momento”, dijo la madre.
Aunque quedaron muchas cosas por decir, el primer paso, el reencuentro, finalmente se dio. El resto —como ellas lo dicen— vendrá con el tiempo porque con ese abrazo nació una nueva familia.















