Tenía cinco meses cuando su mamá desapareció. Hoy recogió el título que una familia nunca dejó de exigir.

Publicado por: Danilo Cárdenas
La mamá de Carmenza siempre soñó con tener el diploma de su hija colgado en la mitad de la casa. Sin embargo, por la tortura y desaparición de su hija nunca pudo ver su sueño cumplido. Murió hace algunos años y será su nieta, que en el momento de la desaparición de su madre tenía apenas 5 meses, quien cumpla el sueño de su abuela.
Carmenza Landazábal era una estudiante de Trabajo Social de la Universidad Industrial de Santander (UIS). Era natural de Tona y, a pesar de las dificultades económicas por las que pasaba su familia, se negaba a abandonar su educación.
Militaba abiertamente en el Frente Estudiantil Revolucionario - Sin Permiso. Iba a los barrios del norte de Bucaramanga, a Piedecuesta y a Floridablanca llevando educación popular.
Estuvo en las mesas de negociación del Paro del Nororiente y ayudó a fundar el Cetras, un centro de estudios creado cuando la universidad ni siquiera contaba con una biblioteca adecuada para los estudiantes.
También participaba en procesos comunitarios fuera de la universidad. En los barrios organizaban jornadas de alfabetización y buscaban alimentos para familias de sectores populares. Su trabajo social no se limitaba al aula.
“Era una estudiante que dedicaba parte de su tiempo a la maternidad, pero mucho más al trabajo con las comunidades”, recuerda Aura María Díaz, de la Asociación Guardianes de la Memoria. “Buscaban mercados para ir los fines de semana a los barrios del norte, a acompañar a las familias más necesitadas”.
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La universidad y la sociedad eran conscientes de su liderazgo social. Sin embargo, su militancia política resultaba incómoda para algunos sectores y ella era mencionada constantemente en algunos informes que sugerían que su activismo era incompatible con la carrera de Trabajo Social.
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Carmenza había ingresado a la UIS en 1982. A pesar de ser estudiante foránea y de las dificultades económicas familiares, logró aprobar la mayoría de sus materias.
Pero en 1986 fue excluida del programa luego de perder tres veces la materia de estadística, una asignatura particularmente difícil para estudiantes de ciencias sociales porque se evaluaba con criterios similares a los de carreras como ingeniería o matemáticas.

Quienes la conocieron recuerdan que, aun así, su intención siempre fue terminar la carrera.
Décadas después, la universidad también reconocería su memoria. Dos auditorios fueron nombrados con su nombre: uno en el edificio antiguo de Ciencias Humanas en 2022 y otro en el edificio nuevo en 2025.
En los 80, los movimientos estudiantiles estaban en auge. Protestaban por reformas en la educación, mejores condiciones de vida y mayor equidad social. Carmenza hacía parte de ese movimiento a través del Frente Estudiantil Revolucionario - SinPermiso, organización vinculada al proyecto político A Luchar.
Pero en esos mismos años también se intensificó la persecución contra líderes sociales, sindicales y estudiantiles. En Santander, entre 1984 y 1990, decenas de estudiantes, profesores y trabajadores universitarios fueron asesinados o desaparecidos.
El 17 de octubre de 1988 Carmenza desapareció
Días antes había viajado con su pareja, Oswaldo Enrique Gómez, estudiante de la Universidad del Atlántico, y su hija de cinco meses a visitar a su madre en Tona. Permanecieron allí hasta el 11 de octubre y luego regresaron a Bucaramanga.
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La parada iba a ser corta. Planeaban viajar a Barranquilla para visitar a la familia de Oswaldo, un viaje que nunca pudieron realizar.
Ese 17 de octubre salieron a buscar los pasajes. La bebé se quedó en la casa esperando a su mamá, que había prometido regresar con leche para su tetero. Nunca volvió.
Según testimonios recogidos años después, la pareja fue golpeada y obligada a subir a una camioneta similar a las que usaban operarios de una empresa de teléfonos. Desde ese momento nadie volvió a verlos.
“Mi mamá ese término de desaparecido casi nunca lo entendió porque no se sabe dónde están y es toda una confusión para la familia”, cuenta su hermano Hernando Landazábal.
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Como ellos, muchos otros estudiantes desaparecieron en esa década.
Hoy muchas familias siguen viviendo con un duelo incompleto. En el caso de Carmenza, se ha hablado de una posible fosa común en el aeropuerto Palonegro, donde algunas organizaciones de derechos humanos han buscado restos humanos sin resultados concluyentes.
“Con la Unidad de Búsqueda (UBPD) hemos estado pendientes de los restos hallados allí, esperando saber si alguno corresponde a Carmenza”, explica Aura María Díaz, líder del colectivo Guardianes de la Memoria. “A día de hoy, seguimos buscándola”.
El proceso judicial por su desaparición continúa abierto. La investigación por desaparición forzada fue iniciada en 2012, pero hasta hoy no registra avances significativos ni respuestas claras sobre lo ocurrido.
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A pesar del silencio, su historia no desapareció
Durante años familiares, organizaciones sociales, colectivos estudiantiles y defensores de derechos humanos impulsaron una campaña para que la universidad reconociera su historia. El Colectivo Sin Permiso, creado en 2016 en memoria del movimiento estudiantil de esa época, mantuvo viva la exigencia dentro de la UIS mediante actos de memoria, movilizaciones y plantones.
Finalmente, en 2025 la universidad aprobó el Acuerdo 281, mediante el cual se concede el título de Trabajadora Social a Carmenza Landazábal Rosas como una medida simbólica de reparación y reconocimiento a su liderazgo social y estudiantil.

El diploma será recibido por su familia
Treinta y siete años después de su desaparición, el título que su madre soñó ver colgado en la casa finalmente existirá.
Aunque ella ya no esté para verlo, será su nieta, la misma bebé que quedó esperando leche aquella tarde de octubre, quien lo reciba en su nombre.













