Al presbítero Juan Eloy Valenzuela Mantilla le dio, hacia el año 1800, la chochera de cambiarle el nombre a nuestra parroquia. Como le pareció muy largo, propuso desde el púlpito que en adelante nos llamáramos Bucarama. Así lo escribió en los libros sacramentales de san Laureano y también se lo impuso a los dos escribanos de Girón. Aunque no duró mucho tiempo esa ventolera, afortunadamente frustrada por la prudencia de los bumangueses, y no de los bucaramangueros que quería ese cura, queda sin embargo la pregunta por el nombre de nuestro municipio.
En la década de 1940, uno de los asistentes a la tertulia de literatos del Café Inglés propuso un significado: “la manga de los búcaros”. Como hombre de letras, no podía saber que los búcaros fueron traídos para sombra de los cafetales más de dos siglos después de la congregación de las cuadrillas de indios lavadores de arenas auríferas en el sitio de Bucaramanga, junto a la quebrada de su mismo nombre.
El oidor Juan de Villabona preguntó en 1622 a los capitanes de las cuadrillas dónde querían levantar su pueblo de congregación, bajo la advocación de la Virgen de Chiquinquirá. Estos dijeron: en las rancherías de Bucaramanga, entre las dos quebradas auríferas. No tenían ni un pelo de tontos. La cuadrilla de indios de Bucaramanga se llamó así porque originalmente obedecían la autoridad del cacique encomendado que los había enviado a lavar arenas auríferas por el sistema de tanda y rueda. Como los indios de Bucarica, debían obedecer al cacique Guaca, inaugurando la larga tradición bumanguesa de sonsacar trabajadores de su provincia.
En los siglos indianos era normal que los nombres de los caciques y capitanes aborígenes, como Bucaramanga, Bucarica y Bucarasica, que los lingüistas llaman onomásticos, terminaran convirtiéndose en toponímicos, es decir, nombres de sitios. Y por este camino no es posible encontrar un indio chitarero que nos responda la pregunta por el sentido del nombre de su cacique Bucaramanga. Así que, simplemente, disfrutemos nuestro nombre sin sentido, aunque prehispánico, y sigamos nuestro camino airoso. A la larga, nuestros padres tampoco nos consultaron por el nombre que llevamos, otra arbitrariedad.











