En abril de 2019, el expresidente Jimmy Carter planteó algunas advertencias inquietantes durante una conversación con el presidente Donald Trump.
Según Carter, para 2030 China superaría a Estados Unidos como la economía más fuerte del mundo. La explicación detrás de ello era sencilla: mientras Washington habría gastado entonces unos 3 billones de dólares en guerras, los chinos construyeron miles de kilómetros de trenes de alta velocidad. Es decir, el trepidante ascenso chino que Carter ya observaba obedecería a que, desde 1979, China no había desperdiciado un solo centavo en la guerra.
El episodio viene al caso porque esta semana el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, estimó en una audiencia ante el Senado que el costo de la última guerra en Irán ascendió a 29 millones de dólares. Y mientras muchos desconfían de la veracidad de esa cifra, Hegseth insiste en solicitar al Senado un aumento del 50 % del presupuesto de defensa para 2027, lo que significaría alcanzar 1,5 billones de dólares, sin incluir lo gastado en Irán.
Así, el actual rumbo del gobierno Trump parece insistir tercamente en desoír las advertencias de Carter, mientras la deuda pública de Estados Unidos acaba de sobrepasar un límite histórico: por primera vez desde 1946, la deuda total del gobierno federal es mayor que el tamaño de la economía. Los datos muestran una deuda de 31,27 billones de dólares a finales de marzo, mientras que el PIB de los últimos 12 meses fue de 31,22 billones.
Y lo peor es que, según proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, de mantenerse las condiciones actuales, la relación entre deuda y PIB podría alcanzar el 120 % en 2036 y el 175 % en 2056, superando ampliamente el récord histórico del 106 % registrado tras la Segunda Guerra Mundial.
Esto, por supuesto, golpea la confianza de los inversionistas en los bonos emitidos por el gobierno federal, aumentando los intereses y agravando el escenario actual, en el que el pago de la deuda consume uno de cada siete dólares recaudados por el gobierno, una cifra incluso superior al gasto en defensa de 2024, que fue de 997.000 millones de dólares.
A ello deben sumarse el envejecimiento poblacional y el consecuente aumento del gasto en pensiones y salud, así como la reducción del recaudo derivada de los recortes tributarios de 2013, 2017 y 2025.
Mientras Trump sigue defendiendo la reducción de impuestos para los más ricos, el paisaje de la crisis estadounidense muestra una combinación de intereses altos, inflación persistente y pérdida de competitividad, en medio de su costosa y, hasta ahora, fracasada aventura militar en Irán.











