Publicado por: Editorial
El ataque atribuido al Eln contra la población civil en García Rovira, ocurrido hace dos días, no merece otro calificativo que el de acto cobarde, pues actuar con alevosía, golpear a ciudadanos inermes, y a campesinos que trabajan la tierra es la vía predilecta de los violentos que carecen de valor para enfrentar a un enemigo en igualdad de condiciones, como lo es la Fuerza Pública.
No hay estrategia militar que justifique poner en la mira a los indefensos y, sin embargo, esta organización insiste en esta fórmula inicua que la historia ya ha condenado.
Por otra parte, este acto responde a una lógica perversa que combina el terror puro con una clara intención propagandística. El Eln no solo quiere matar o herir; quiere que el miedo recorra los caminos, que los sobrevivientes cuenten la atrocidad, que el horror doblegue a la población, para simular que están presentes y que pueden golpear cuando y donde quieran. Sin embargo, lo que este ataque revela es un fenómeno que desde hace varios años venimos denunciando en este diario: la penetración sistemática del Eln en Santander, inicialmente desplazados del Catatumbo por el recrudecimiento de los enfrentamientos allí.
El Estado afronta el desafío de recuperar la confianza de las comunidades en García Rovira y varias zonas de Santander. Cada acción terrorista del Eln contra la población civil pone de manifiesto la falta de presencia institucional en los territorios. Vanguardia alza la voz para exigir una respuesta que trascienda lo militar; se requiere una ofensiva política y social que frene este intento de empujarnos hacia un pasado violento que Santander no está dispuesto a revivir.
Por eso, cuando vemos lo ocurrido en El Cerrito, Santander, debemos entenderlo como un intento más de expansión territorial que hace este grupo por medio de una violencia que hoy estremece a esa provincia, pero que es la misma que ya había sido advertida en otras zonas del departamento por organizaciones sociales y por este periódico.
La función propagandística de estos ataques es tan evidente como execrable. Al atacar a civiles indefensos, el Eln busca crear la idea de que tiene capacidad desestabilizadora en cualquier región, pero lo que ese mensaje realmente tiene de fondo es el grado de descomposición moral de una agrupación que, en lugar de enfrentar al enemigo en el campo de batalla, prefiere ensañarse con los más débiles.
Así mismo, este grupo irregular, como lo hizo décadas atrás, busca vaciar de autoridad al Estado, delimitar zonas donde su palabra sea la única ley y donde la extorsión y la amenaza reemplacen cualquier forma de convivencia pacífica. García Rovira es hoy un ejemplo de cómo la cobardía armada se convierte en herramienta de control y, mientras no se les enfrente con decisión, seguirán avanzando.
Santander ya no es ese departamento relativamente aislado de la dinámica nacional del conflicto, pues la expansión del Eln desde el Catatumbo, pasando por Arauca y Boyacá, ha dejado su rastro terrorista en Charalá, Coromoro y ahora en García Rovira.
Hemos dicho desde hace mucho tiempo que la presencia de reductos guerrilleros en nuestra geografía es un hecho documentado por las propias comunidades, y el ataque de esta semana es la prueba sangrienta de que esas denuncias no eran infundadas.
#Colombia 🔥🚌 Terror en el Páramo del Almorzadero: hombres armados interceptaron e incendiaron un bus que cubría la ruta Bogotá-Cúcuta, luego de obligar a los pasajeros a descender del vehículo. El fuego no solo consumió el automotor, sino que también afectó frailejones y parte… pic.twitter.com/dolKtMmOiK
— Vanguardia (@vanguardiacom) May 13, 2026
Ante esta realidad, queda claro que este tipo de acciones desafían una obligación fundamental del Estado, que es la protección de los civiles. Cada vez que el Eln asesina o aterroriza a una persona o a una comunidad inerme, desnuda la falta de presencia institucional en ciertos territorios, por lo que la respuesta, además de militar, debe ser también política y social, para recuperar la confianza y la seguridad donde hoy reina el miedo.
Las comunidades de García Rovira no están solas, aunque así lo quiera hacer creer el Eln con su cobarde despliegue de violencia. Así como Vanguardia ha denunciado estos avances de los grupos armados ilegales, hoy alza la voz para exigir acciones contundentes y urgentes, pues no se puede permitir que la estrategia del terror se consolide como método de dominio y expansión territorial y sigan, poco a poco, empujándonos hacia un pasado sangriento que no queremos recordar y mucho menos revivir.










